Tu bandera es mi bandera, el rostro de la no discriminación

21 de diciembre del 2018

Esta iniciativa ciudadana se vivió en Cúcuta, ciudad fronteriza.

Tu bandera es mi bandera, el rostro de la no discriminación

Nazaret Serrano, venezolana, estudiante de Turismo que migró de su país y ahora trabaja en el Hogar de paso “La Divina Providencia”, en Villa del Rosario; Neri Luque, venezolana, vendía ropa y zapatos en su negocio independiente en Venezuela, migró junto a sus dos hijos y su esposo Juan Carlos Rosales, mecánico industrial de formación; Teresa del Carmen Castro, mujer colombiana que retornó de Venezuela tras ir a este país huyendo del conflicto armado. Ellos son algunos de los rostro de la migración en Colombia, una situación social que impacta a todo el territorio nacional en la actualidad y que, según cifras del gobierno colombiano, durante los últimos tres años ha obligado a que más de 900.000 ciudadanos entre venezolanos migrantes y refugiados, y colombianos retornados, hayan ingresado de manera regular e irregular al territorio nacional.

A pesar de que la situación migratoria que vive el país puede ser incómoda y molesta para los habitantes de las grandes ciudades, han surgido iniciativas sociales que buscan apoyar a los migrantes, refugiados y retornados, promoviendo mensajes y actividades de inclusión, solidaridad, respeto y convivencia con las personas que ingresan al territorio colombiano.

De manera coordinada entre ciudades como Bogotá, Medellín, Cali y Cúcuta, han nacido iniciativas nacionales como el movimiento El Derecho a no Obedecer, que tienen el objetivo de abrir caminos para construir sociedad y, en el contexto migratorio, promover un mensaje de convivencia no solo por cuestión de nacionalidad, sino de humanidad.

Uno de los proyectos creados por este movimiento social fue ‘Tu bandera es mi bandera’, una campaña que le dio vida y protagonismo a los rostros de la migración en Colombia, con el objetivo de visibilizar las narrativas positivas que demuestran el potencial de resiliencia social de las personas que no buscan solo un refugio jurídico, sino también un refugio humano que les brinde una nueva oportunidad.

“Este proyecto es una campaña de sensibilización y por eso lo quisimos llamarla ‘Tu bandera es mi bandera’. A nivel local, en Cúcuta, quisimos ir más allá de una acción simbólica y generar una experiencia sensorial y de convivencia ciudadana”, le contó a KienyKe.com, Lilibeth Villamizar, coordinadora local, en la capital de Norte de Santander, de la estrategia de El Derecho a no Obedecer.

Venezolano es sinónimo de hermano

Cúcuta es una de las ciudades de Colombia que más recibe ciudadanos de origen venezolano debido a que es la ciudad fronteriza más transitada del país. Según los datos de su alcaldía, hay cerca de 10.000 venezolanos asentados en su territorio y de los más de 25.000 que pasan a diario la frontera, unos 2.000 se quedan en su proceso de tránsito.

Uno los lugares de esta ciudad que es símbolo del éxodo de colombianos y venezolanos es el barrio Scalabrini, que fue creado tras el asentamiento de ciudadanos de ambos países que se encontraban en situación de vulnerabilidad. Este lugar se convirtió en el escenario de una muestra fotográfica viva donde la comunidad fue protagonista de una exposición de los rostros de las personas refugiadas y migrantes.

El grupo de artistas que hizo parte de esta intervención social estuvo integrado por seis jóvenes cucuteños pertenecientes a ‘El Derecho a no Obedecer’, quienes tuvieron la iniciativa de unir y conciliar a esta comunidad como un mensaje que resalta la convivencia a pesar de las diferencias construidas por de discriminación y xenofobia hacia los ciudadanos de otras nacionalidades.

Foto: El Derecho a no Obedecer.

“Se trata de retratarnos. Es como hacer el ejercicio de verse al espejo. Cuando uno lo hace se mira los defectos, las cosas bonitas, y se aprende a querer y a detallarse. Este ejercicio permite a la comunidad verse a los ojos y es lo que deberían hacer países hermanos como Colombia y Venezuela”, le contó a este medio Isaac García, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Scalabrini.

Ciudadanos integrados, pero no incluidos

Después de poner en marcha la instalación de la ‘muestra artística’ para los habitantes del barrio Scalabrini, los primeros curiosos se acercaron y demostraron la alegría por ver los rostros de sus vecinos instalados en las paredes. Este ejercicio de auto reconocimiento que le dio vida a las fotografías, logró citar a más de cincuenta integrantes de esta comunidad que disfrutaron su protagonismo y dieron a conocer sus historias.

“No importa que sean venezolanos, no importa que sean de cualquier parte del mundo, lo que importa es que son seres humanos que también quieren tener una mejor calidad de vida y quieren salir adelante”, contó Lilibeth Villamizar durante la instalación de la muestra fotográfica.

Según los organizadores de la actividad comunitaria, este tipo de iniciativas cumplen la función de dejar a un lado la indiferencia social frente a la situación migratoria que se vive en todo el territorio nacional e invitan a trascender más allá de la idea de ver esta situación como una amenaza, para poder verla como una oportunidad de tenderle la mano a quienes lo necesitan.

El rostro de la convivencia social

El rostro de la migración es un rostro que sonríe a pesar de vivencias sociales; que tiene arrugas causadas por los problemas y sacrificios; que refleja marcas por los cambios y los recuerdos de la realidad a la que, en muchas ocasiones, se ven obligados a atravesar por las circunstancias; y que cuenta con una mirada de ilusión de poder tener condiciones dignas de vida en su territorio de origen.

El mensaje de esta muestra fotográfica se extendió a la frontera entre Colombia y Venezuela y a otras grandes ciudades como Bogotá y Medellín, que lograron hacer esta muestra humanitaria de sensibilización con el apoyo de la Secretaría de Fronteras y Cooperación Internacional Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Acnur, y la Fundación Inside Out Project.

“Creemos que estas experiencias deberían trascender más para que Colombia y Venezuela sean dos países que se vuelvan a ver a los ojos y miren sus rostros más allá de las diferencias para que de nuevo vuelvan a sentirse hermanos”, planteó Isaac García, en conversación con KienyKe.com.

Más que una obra de arte abstracto, esta exposición de vida es el reflejo de las muestras de humanidad que hay detrás de una situación migratoria no solo quiere reflejar miseria o los problemas políticos, sino también el valor de la vida, la capacidad de resiliciencia y el poder de la convivencia y el respeto con quienes han tenido que abandonar su territorio por circunstancias sociales no deseadas.

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