Tumaco, semillero de futbolistas

Tumaco, semillero de futbolistas

17 de septiembre del 2011

Tumaco le ha dado no menos de mil cuatrocientos jugadores al fútbol colombiano y mundial. De sus calles, sus playas, sus terrenos baldíos salieron hombres como Willington Ortiz, Leider Preciado, Jairo Castillo, y más recientemente, Pablo Armero y Carlos Darwin Quintero. Porque en Tumaco todos juegan futbol. No importa el lugar: el antejardín de una casa,  una vía transitada o sin tráfico. En asfalto, arena, o grama, los jóvenes tumaqueños improvisan arcos de fútbol construidos con arrumes de ropa, canastas de gaseosa o simplemente piedras. Mejor dicho, con lo que encuentran, en este pueblo de menos de doscientas mil personas, en el que lo único que hay es pobreza y pasión por el balón. .

El principal lugar de encuentro y la más famosa es la cancha de El Bajito –que en realidad son cuatro-, ubicada en la playa del mismo nombre y conocida por su suelo de arena y porterías de palos cuadrados de madera. El Bajito es una invitación a jugar fútbol. Hay partidos todo el día, todos los días: rodillones que corren a dos kilómetros por hora, aficionados que se reúnen informalmente cualquier domingo por la mañana, o escuelas de fútbol como la dirigida por Nery Estupiñán, un hombre que viste una camiseta de Millonarios y que fue quien descubrió  a Jairo “El Tigre“ Castillo, cuando era apenas un niño que vivía en la Avenida de los Estudiantes, a solo un par de cuadras de allí.

Por los ojos de Nery han pasado miles de niños, de hecho, pasan cientos solo en cualquier tarde. Menos del 10% de estos pequeños jugadores llegará a ser profesional porque la vida en Tumaco nos es fácil, pero salir de allí tampoco. Adaptarse al frío, a los avatares de la gran ciudad, a la excesiva competitividad, a tener que transportarse en bus y no en canoa o a una comida diferente son obstáculos que todos reconocen cuando se propone elevar vuelo tras una vida mejor.

Colega suyo, es Máximo Eladio Tello, director de una escuela de fútbol llamada Atlético Junior. Su mayor orgullo es haber descubierto a Leider Preciado, que supo hacerse grande en Santa Fe y después pasó por clubes como Once Caldas, Cali, América, Racing de Santander en España y Deportivo Quito en Ecuador, no sin antes haber marcado gol en el Mundial de Francia 98. Ese tanto contra Túnez es el último anotado por Colombia en una Copa Mundial, y lo hizo un hijo de Tumaco.

Tello recibió por formarlo y venderlo veinte millones de pesos, cifra que se convirtió en ochenta millones cuando el atacante pasó a la Liga española. La cifra es toda una fortuna si se tiene en cuenta que muchos de los traspasos de juveniles se sellan por unos cientos de miles de pesos, o por una bolsa de balones, una docena de uniformes nuevos o algunos pares de guayos, no necesariamente nuevos. Una vez más, y no sobra recordarlo, por cada Leider que salta a la fama, hay miles de jóvenes que se quedan como pescadores, o vendedores ambulantes, en el mejor de los casos. Las cifras oficiales dicen que solo el 5% de los jóvenes que terminan el colegio llegan a la universidad, y que muchos de ellos se dedican a la delincuencia, o a la vagancia.

Quienes han triunfado en el fútbol no olvidan a sus familiares en Tumaco y lo primero que hacen es regalarles casas que en cualquier urbe no pasarían de ser viviendas de clase media, pero que en un lugar de la precariedad de Tumaco se ven con castillos.  Colombia, la madre de Leider, tiene una casa color amarillo de dos plantas, vidrios polarizados, rejas y aire acondicionado, mientras que Gustavo Armero, hermano de Pablo, vive en una casa decididamente mejor que la de sus vecinos, donde el cemento reemplazó a las tablas de madera, y el cemento al barro seco. Entre los favores recibidos por su hermano están también varios electrodomésticos y una camiseta del Palmeiras, club brasileño en el que jugó antes de irse para Italia.

La vida en Tumaco transcurre entre partidos aficionados, clases en la escuela y de fútbol en El Bajito. Si se cuenta con suerte, se llegará a profesional, se volverá a la tierra natal solo de visita y será recibido como un héroe. De lo contrario, habrá que arrancarle a la vida, o mejor dicho, al mar, los recursos para llegar al final del día. Una cancha de fútbol o la inmensidad del Pacífico, esas son los dos únicos caminos que tienen los jóvenes en este tranquilo y pobre pueblo del inmenso Pacífico colombiano.