Un día en la vida de Donald Trump

15 de diciembre del 2017

El presidente de EE. UU despierta a las 5:30 de la mañana y se acuesta a las 10.

Un día en la vida de Donald Trump

En la Casa Blanca, el reloj suena a las 5:30 de la mañana. Lo primero que hace Donald Trump después de abrir los ojos es prender el televisor para ver noticias. Sin salir de la cama, tuitea desde su iPhone el primer mensaje del día. De acuerdo a lo que vea en CNN –canal que es el primero que pone–, puede empezar el día alegre, eufórico, o muy de mal humor. Y Donald Trump no debe ser agradable de mal humor.

La vida le ha cambiado mucho durante el año que lleva como presidente de los Estados Unidos. El New York Times reunió más de 70 testimonios de personas cercanas a Trump para hablar de esos cambios. Su yerno y asesor Jared Kushner ha dicho que, a sus 71 años, Trump ya está muy adecuado a su forma de ser y no cambiará. Es más fácil que cambie el cargo de presidente a su antojo.

Con seguridad, estar en el que puede ser uno de los cargos políticos del mundo, debe ser una batalla de cada día, cada hora. Todo el tiempo tiene que lidiar con los problemas como las relaciones con Rusia, Corea del Norte, China; y por supuesto también debe encarar los líos de su país.

Los testimonios hablan de que pasa más de cuatro horas al día frente al televisor, sin volumen, con varios canales de noticias al tiempo. De acuerdo al New York Times cree que la izquierda liberal y los medios están empeñados en destruirlo.

Durante sus meses en la presidencia han intentado llevar a cabo muchas medidas polémicas que han sido frenadas en el legislativo. La derogación del Obamacare es una de ellas.

Cuando Trump está en la Casa Blanca, la mayoría de tiempo lo pasa reunido con altos funcionarios de su gobierno o con visitantes importantes en la Oficina oval que en algunos momentos, como en una enorme ciudad en hora pico, bulle de gente.

Hay que tratar de ponerle cabeza a ese orden y acallar el bullicio. John F. Kelly, un general retirado es el encargado de hacerlo. Con la misma diciplina marcial que aplicó en el campo de batalla, dedica 14 horas diarias a lidiar con el minuto a minuto en la Casa Blanca. Y por supuesto: a lidiar con el carácter de uno de los hombres más poderosos del planeta. Es uno de los hombres más cercanos al presidente, hasta el punto de que Trump lo llama hasta 17 veces durante la “jornada laboral” para preguntarle cosas que van desde cosas simples hasta temas de política internacional.

A Kelly y a otros muy cercanos, Trump los llama incluso para preguntar sobre sus trinos. Como maneja temas tan delicados, y a veces, reconocen sus propios asesores “se excede” en sus publicaciones, Trump necesita toda una cuadrilla de consultores que están pendientes de lo que dice y cómo lo dice. Pero si publicó un trino sin consultar nadie dice nada. Es como si no lo hubiera dicho. Cuando llega la tormenta caen en cuenta del precio de su silencio.

El hecho que necesite un par de asesores para casi cada cosa que hace o dice, refuerza la tesis de los detractores de que es un gobernante errático, de personalidad irrisible, incluso irracional, al que se debería controlar. Los que permanecen cerca de él, por supuesto, no están de acuerdo. “El puesto lo ha cambiado un poco y él ha cambiado el cargo. Su tiempo como presidente ha revelado otras partes de él, más afables y accesibles, que posiblemente quedaron ocultas durante las rudas y agresivas primarias”, explicó Kellyanne Conway, asesora de la Casa Blanca.

En resumen, el día de Donald Trump empieza a las 5:30 de la mañana. Ve televisión para tener algunas ideas sobre qué escribir en Twitter. Cada trino debe pasar por el filtro de una camarilla de asesores que le dicen sí o mejor no. A las 9: 30 de la mañana el presidente empieza el ejercicio regular de su cargo desde la Oficina Oval, llena siempre de mucha gente con muchos temas en la cabeza. Trump lidia la presión con las más de 9 latas de Coca cola de dieta que bebe durante las horas que dedica a gobernar el que sigue siendo el país más rico de la tierra.

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