Ella ‘despertó’ de una pesadilla después de siete años

Ella ‘despertó’ de una pesadilla después de siete años

20 de octubre del 2017

A Marien Colorado, de 35 años y madre soltera, le preguntaron si quería cambiar de vida. No dudó en responder: “Sí”.  Aunque tuvo desconfianza cuando la Caja de la Vivienda Popular de Bogotá le propuso en diciembre de 2016 abandonar su ‘casa’, una invasión consumida por el reciclaje, enterrada entre escombros, la miseria y el crimen en Palmitas, Kennedy; hoy agradece haber tomado esa decisión.

De inmediato, desbarató -en medio de sentimientos encontrados- el cambuche construido en tablas y plástico que la refugió durante siete años. No creía en nadie, menos en el Gobierno, “pero confíe en la Caja de Vivienda Popular y he tenido suerte. Me ha cumplido”.

‘La Paisa’, como la llaman sus amigos, quería escapar del peligro, las balaceras sorpresivas en las noches, del olor penetrante a bazuco que aprendió a inhalar, como reconoce de las ruinas. María Camila, su hija de 13 años, era codiciada por recicladores, pero ella no estaba dispuesta a aceptarlo.

“Dios y la Caja de la Vivienda de Bogotá nos salvaron con mi hija. Lo que hizo la Alcaldía cuando nos sacó de la invasión fue una obra magnífica… Les decía que su labor no era tanto por nosotros los adultos, sino por los niños que se iban a perder en el vicio… Yo hubiera matado si me le hubieran hecho algo malo a mi hija y hoy no estaría contando mi historia”, relata esta mujer de Viterbo, Caldas mientras recuerda con su voz entrecortada por las lágrimas, su amargo arribo a Palmitas, su antiguo hogar.

Poner su primer pie en la invasión le generó golpizas. Se enfrentó a puños con quienes se oponían a que ocupara un trozo de terreno, a más de una hora del centro de Bogotá. A María Camila, su hija, la envenenaron y su parapeto terminó entre las llamas. Algunos vecinos la detestaban. Otros la apoyaban. Finalmente se acostumbraron. Convivieron siete años compartiendo las mismas limitaciones económicas.

Llegó ocho años atrás a la capital, desplazada por la violencia desde Nariño. Le castigaron por oponerse al pago de ‘vacunas’. Fueron momentos de angustia e incluso, tuvo que soportar que su esposo fuera asesinado.

Con ayuda de la Caja de la Vivienda Popular, Marien vive -de momento- en arriendo a 15 cuadras de su anterior cambuche. Es un piso amplio, con ventanas grandes, higiene, tres cuartos amplios donde conserva sus muñecos de peluche, cartas de cariño de su hija y una lavadora que consiguió en el rebusque. La Alcaldía de Bogotá le subsidia el apartamento, mientras le entregarán el propio.

“Esto es un paraíso”, describe entre las lágrimas, mientras observa las paredes color verde de su nuevo hogar temporal. “Mi hija está feliz, segura, no tiene frío de noche, si llueve no tengo que preocuparme por buscar un plástico y treparlo al techo para que no se moje”, añade esta mujer.

Sentada en la punta de su cama -el único enser de su casa que no es reciclado-. Dice que no conoce personalmente al alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, pero si lo ve, no dudaría en agradecerle, en pasarle la mano, abrazarlo y decirle: “Lo único que tengo es agradecimiento, que Dios lo bendiga, lo guarde, le pague por mí y por mi hija… en el cielo hay alguien que lo protegerá de las cosas malas…”. Y entonces, al terminar de decir las últimas palabras, la invade un sentimiento tan profundo que sus lágrimas empiezan a caer.

Esta recicladora cristalizó su sueño. Ya tiene un hogar. Duerme bajo techo, alejada de los cartones y subió 6 kilos de pesos: “Aquí puedo levantarme tranquila y estar feliz al lado de mi hija”.

“Sueño hacerle unos clóset en la pared a mi casa propia, yo en mi pieza, mi niña en la suya, los baños serán impecables. Esa vivienda será mía, nadie me va a sacar, concluye esta mujer optimista, quien cree jocosamente que quien no tiene casa es pobre y ella, ya se siente rica… finalizó con una sonrisa radiante”.

Cabe destacar que la Caja de la Vivienda Popular de Bogotá tiene el objetivo de reasentar familias con el fin de protegerles el derecho al mejoramiento de calidad de vida. Lo anterior es para que éstas personas tengan una alternativa habitacional legal y económicamente viable, técnicamente segura y también ambientalmente salubre.

Marien ha tenido el acompañamiento técnico, social y jurídico por parte de la Caja de la Vivienda Popular, lo que ha hecho más fácil para ella y su familia el proceso de cambio.

Ahora solo espera que se ejecute el traspaso a su propio apartamento, tener su título de vivienda en las manos para así ver hecho realidad lo que siempre quiso para el futuro de su hija y lo que, en algún momento jamás se imaginó.