Una historia de mala suerte: el martes 13

Una historia de mala suerte: el martes 13

13 de junio del 2017

“El martes ni te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes”. Eso dice el dicho. No aplica ni para el lunes, el miércoles o el jueves. Debe haber, entonces, una razón para que la gente crea que el martes es un día de mala suerte. Y no un martes cualquiera, específicamente el martes 13.

La idea de que este día es ‘malo’ se remite a 1453. Ese año es importante en la historia porque cayó el Imperio Romano. Desde el 395, el Imperio estaba dividido en dos: el de oriente, con capital en Constantinopla, y el de occidente, con capital en Roma. Todo el territorio estaba dominado por la Iglesia Católica.

Desde 1299, el Imperio Otomano había empezado a tomar mucha fuerza. Pensando en la expansión de sus dominios y del Islam, el Sultán Mehmed II invadió la ciudad de Constantinopla, logrado someterla completamente. Fue el martes 29 de mayo de 1453. El Papa y los nobles intentaron ayudar enviando una flotilla, pero no tuvieron el tiempo suficiente: la ciudad ya estaba sitiada. Camino a la batalla las tropas romanas encontraron otros barcos con refugiados que huían del conflicto. Cuando los soldados le preguntaron cuándo había caído la ciudad, les respondieron que el martes.

Como ese fue un golpe tan contundente para la cultura de occidente, desde entonces se empezó a creer que el martes era un día de mala suerte.

En cuanto al porqué del número 13, hay varias razones. Desde tiempos muy remotos se ha pensado que este número es de mal augurio, primero, porque en la Última cena hubo 13 personas: Jesús, sus apóstoles y un traidor, a quien le corresponde ese número en la lista: Judas. El 13 como traición.

Por otro lado, en la mitología nórdica, Loki, señor del timo y el engaño, era el dios número 13 en la lista de divinidades. En el transcurso de la historia, la mezcla de las distintas religiones ha hecho que a Satán se le reconozca como el ángel número 13.

Un viernes 13, se dio la captura y muerte de los caballeros templarios. Por otro lado, los egipcios creían que el 13 era el número que representaba la muerte.  Al 13 se le considera de mala suerte por el simple hecho de estar después del 12. Este último es un número altamente compuesto, es decir, que tiene más divisores además del 1 y de sí mismo.

Debe haber, entonces, una razón para que la gente crea que el martes es un día de mala suerte. Y no un martes cualquiera, específicamente el martes 13.

A tal punto llega la superstición, que incluso hay una enfermedad relacionada con la aversión al número 13. Se llama triscaidecafobia. Eso ha hecho que en algunos edificios se omita el número 13; que algunos aviones no tengan la 13º fila de asientos; que, incluso, hay ciudades en el mundo donde no exista la calle o carrera 13.

Aunque parezca increíble, el miedo irracional al número 13 ha hecho que, en muchas ocasiones, este no se tenga en cuenta cuando se lleva alguna secuencia. Por ejemplo, en la Alemania nazi se diseñaron aviones caza denominados He 112; el que seguía en la lista, para no usar el 13 porque Hitler era triscaidecafóbico, se llamó He 100. Es así como, en el campo de la aviación, muy pocos pilotos usan el número 13.

La compañía de automóviles Renault ha lanzado al mercado modelos con casi todos los números: Renault 3, Renault 4, hasta el 25. El único que no existe es el Renault 13. Son muy contados los deportes en los que el número 13 se le asigne a algún competidor. El programa de diseño CorelDRAW cambió la forma de nombrar sus versiones al llegar a la 13: lo llamaron CorelDraw-X3. Igualmente pasó con Microsoft que pasó de la versión 12 a la 14.

No hay una prueba fehaciente que demuestre el halo de miedo y terror que rodea el martes 13. Todo es mito; un mito que ha pasado de generación en generación y que, actualmente, también se ha alimentado de la literatura, el cine y la superchería popular. En realidad, el martes 13 es un día como cualquier otro.