Uribe se obsesionó con el poder y con una disciplina demente para quedarse en él: Ricardo Silva

Uribe se obsesionó con el poder y con una disciplina demente para quedarse en él: Ricardo Silva

5 de noviembre del 2016

El pasado 2 de octubre, los colombianos salieron a las urnas para refrendar los acuerdos de paz firmados en La Habana, por parte del equipo negociador del gobierno y la guerrilla de las Farc, a través del plebiscito. El presidente colombiano Juan Manuel Santos, encabezó la campaña por el Sí, mientras el expresidente Álvaro Uribe Vélez, líder del partido opositor Centro Democrático, apoyó el No, que al final se impuso con el 50.23% de votos, sobre el Sí. Sin embargo, esta cifra solamente corresponde al 37.43% de los votantes habilitados.

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En medio de la polarización, la incertidumbre y las dudas, por saber si las Farc volverán a la guerra, si el gobierno reabrirá la negociación y cuáles serán los ajustes a los acuerdos, debido a este nuevo panorama quisimos entrevistar al escritor y columnista de El Tiempo Ricardo Silva Romero, quien indudablemente es una voz inteligente, objetiva y analítica, que puede aportar luces para orientar a nuestros lectores y a la opinión pública en general, en este histórico momento coyuntural de Colombia.

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Ricardo, para entender los acontecimientos recientes respecto al Proceso de Paz en Colombia y los resultados del plebiscito, debemos recapitular y clarificar nuestro pasado político, para proyectar una transformación hacia el futuro y entender el por qué y el para qué de la crisis de nuestro presente, ¿cuál considera usted que ha sido el mejor presidente de Colombia, basado en su libro más reciente Historia oficial del amor?

Probablemente sea Alfonso López Pumarejo en su primer período (1934-1938), pues representaba a sus electores e intentó reformas bienintencionadas, verdaderamente liberales y sociales. Ese aspecto de la representación ha sido uno de los problemas recurrentes en los últimos años de la democracia colombiana, la disociación política entre el electorado y sus líderes.

Es decir, ¿los políticos no sienten lo que dicen, sino que son programadores de lo que dicen para alcanzar un fin?

Estoy absolutamente de acuerdo con eso: incluso pueden ser ambas cosas, los políticos son unos maestros en la programación de masas, en convertir individuos en masas, pero de tanto en tanto dejan escapar lo que piensan.

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Desde esa orilla de investigación que usted ha realizado, ¿cuál ha sido el mandatario más incongruente en medio de la locura del poder?

De los 80 años que pasan en la novela, quizás Álvaro Uribe Vélez, porque es el único que intentó quedarse más tiempo en el poder, y que lo logró, y que quiso lograrlo de nuevo. A diferencia, por ejemplo, de Laureano Gómez Castro, que renunció, o de personajes como Alfonso López Michelsen, quien trató de volver y no pudo. Uribe se obsesionó con el poder y con una disciplina de demente congregó y manipuló las fuerzas para permanecer al mando del país.

¿Y el presidente que pasó someramente por su mandato?

Todos los presidentes han afectado de alguna manera el país, todos han dejado una huella para bien y para mal, especialmente en estas últimas décadas. Para mí, Andrés Pastrana Arango, aunque fuera necesario en ese punto de la historia, ha sido el más soso, y creo que fue él quien entregó el país al uribismo, y dio paso a que se articularan estas fuerzas de derecha. Lo único que podemos agradecer de estos acontecimientos, claro, es que la derecha haya tomado cara porque en las épocas de Virgilio Barco y de Belisario Betancur se hablaba de fuerzas oscuras y de manos negras, pero hoy en día sabemos todos quiénes son las cabezas de la derecha, y la pelea cada vez se da más por encima de la mesa.

Centrándonos en la política actual Ricardo ¿qué cree usted que sucedió con el plebiscito?

El plebiscito es muy sintomático de todo lo que nos pasa. Por un lado hay un político enorme, que es Uribe, que logra reunir voces semejantes para cumplir objetivos a toda costa, y por otro hay un sector más demócrata y más bienintencionado –en donde acaban escapando muchos lagartos neoliberales y muchos yuppies vagos que se dan la buena vida- sin líderes tan fuertes como Uribe. Yo veo que ese es el mayor problema: por un lado está Uribe, un farsante al que muy pocos le ven las contradicciones constantes; y en la otra orilla, la que privilegia la democracia con sus riesgos sobre el populismo que hunde sociedades, hay pocas figuras tan valiosas como Antanas Mockus, que dejó atrás sus aspiraciones presidenciales con las elecciones del 2010.

Juan Manuel Santos terminó en el lado incluyente, el de buscar el diálogo creando espacios de libertad e igualdad, más acorde a la Constitución que tenemos, pero es una figura demasiado compleja para hacerle frente a una caricatura como la que ha hecho Uribe de sí mismo. De igual forma, hay figuras maravillosas e importantes, como Claudia López o Antonio Navarro, que también son personas complejas, difíciles de reducir, incapaces de convertirse en personajes de cómic, y así es menos fácil sacar millones de votos.

¿Cuáles han sido los logros del presidente Juan Manuel Santos en el proceso de paz?

El presidente Juan Manuel Santos ha sido el último de esta República Neoliberal que comenzó con César Gaviria, pero ha aprovechado una oportunidad inesperada para que el país deje atrás los fanatismos: su pragmatismo que desmonta ideologías es sin duda un legado. Es Nobel de Paz porque consiguió desfanatizar a las Farc, traerlos desde su ideología, hasta que aceptaran una Constitución, una economía y unas reglas del juego claras. No es cualquier cosa desarmar y desmovilizar a casi diez mil personas después de ser una fuente enorme de violencia en Colombia. Ojalá este país sea otro y acabe de darse el proceso.

¿Cuál es la salida que usted ve para desenredar el plebiscito?

El mayor problema de la política es el distanciamiento entre los electores y sus elegidos: usualmente lo que les conviene a los políticos no les conviene a los países. Ahora bien, con respecto al plebiscito, y a la victoria estrecha del No, creo que esta es una oportunidad clara de lograr que los políticos, por lo menos, se interesen en la suerte de su pueblo. Es decir, si a los políticos les interesan las víctimas de Bojayá, el Cauca Bajo o el Chocó, van a conseguir un acuerdo de paz, y no habrá más que discutir.

La mayoría de la población desea que haya un acuerdo, con algunas modificaciones, pero que haya un acuerdo, y no vuelva a quedar el país a la deriva, y está por verse –y esta es la gran oportunidad de esta democracia- si a los políticos que tenemos les interesa representar a estas víctimas, a estos ciudadanos que quieren la paz porque la paz no es un anhelo abstracto sino el derecho a dormir bien en la noche, a no ser intimidado, a no perder lo trabajado en violencias.

Por: Armando Martí y Catherine Rodríguez.

(Espere la segunda parte de esta entrevista, en donde el escritor Ricardo Silva Romero, nos abrirá su vida interior, revelándonos desde su corazón parte de su ser esencial.)