Un viaje por los caudales del Caquetá

23 de junio del 2019

Un relato por el río que vio el conflicto armado en toda su cúspide.

Caguán, Caquetá, Colombia, Farc, posconflicto, ONU

Misión ONU Colombia

Navegar por el río Caguán en plena época de invierno es un descanso para la vista y los sentidos de quienes no estamos acostumbrados a desplazarnos por caudales de agua dulce. “El río está en su justo nivel”, asegura Pastor, el conductor de la lancha, después de preguntarle si el largo trayecto que tenemos por delante se podrá realizar sin complicaciones. Y la verdad, el zigzagueo del bote entre las numerosas curvas de este inmenso caudal parece más un baile que un desplazamiento.

Es la primera vez que la Misión de Verificación de la ONU en Colombia se adentra en el río Caguán, en Caquetá, para cumplir su mandato. Elegimos el mes de mayo para recorrer su parte baja, que atraviesa el municipio de Cartagena del Chairá, y conocer de primera mano algunas de las veredas que hay a su paso.

Junto con integrantes de la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad (CEV), el equipo local de la Misión que reside en San Vicente del Caguán se prepara para un recorrido de unos cinco días para socializar su mandato y entrar en contacto con las comunidades que viven en este territorio. Allí nos encontraremos con Juntas de Acción Comunal, comités de mujeres, asociaciones de ganaderos, colectivos juveniles, docentes, fuerza pública, e incluso, con el sacerdote de la zona, que se mueve enérgico entre veintitrés veredas.

El objetivo es observar y absorber todo lo que nos cuentan para ver de qué forma, desde el mandato de la Misión de Verificación, podemos aportarle al territorio chairense.

A su paso por los cientos de kilómetros recorridos, el paisaje de frondosas orillas donde se tuestan al sol numerosas familias de tortugas nos ensimisma. Una belleza natural que contrasta con el recuerdo de largos años de conflicto armado. Y es que la gente se mantiene entre los recuerdos de un pasado que golpeó fuerte las conciencias y los cuerpos, y un futuro que apenas están aprendiendo a construir.

Aun con la incertidumbre, las personas a las que visitamos nos dicen que la presencia de la comunidad internacional en estos espacios genera confianza y elimina los miedos, lo que nos reconforta para hacer más sólido nuestro objetivo en este viaje.

Escenas del ayer

En la vereda Peñas Coloradas, nuestra primera parada, nos detenemos para ver los rezagos del desplazamiento masivo que se dio en este lugar en abril de 2004 -el segundo más grande en toda Colombia-, y que tras quince años sus habitantes siguen reclamando el regreso.

Las ruinas nos avisan de que éste fue un punto importante en la ruta del bajo Caguán: casas grandes de ladrillos y materiales, letreros de comercios que ocupaban dos pisos y restos de calles que agonizan comidas por la selva. Una vez en el bote, después de estamparnos con esta escena del ayer, alguien dice que Peñas Coloradas fue centro comercial y económico.

Lo cierto es que ahora es el tiempo de reconstruir toda la verdad, de éste y de otros hechos, con el fin de llegar a la esperada paz. Al menos ése es el trabajo de la CEV que, a través de talleres colectivos y entrevistas individuales, indaga en cómo, por qué y para qué sucedieron acontecimientos que llevaron al sufrimiento de tanta gente. “Es narrar la historia colectiva del conflicto”, decía el Comisionado Alfredo Molano en su presentación en Puerto Camelias.

Después de Peñas Coloradas nos dirigimos a Puerto Camelias, luego de unas tres horas de bote rápido. Allí, y dada la evidente falta de conexión con cualquier casco urbano, la mayoría de Juntas de Acción Comunal de las veredas que rodean la parte baja del río Caguán, solicitan la construcción de carreteras y vías de penetración.

“¡Por ahí pasa la paz!”, gritaba uno de los asistentes, preocupado por el futuro del territorio, pero optimista por el proceso de paz y agradecido por la presencia de la Misión en este alejado lugar.

Regresar al río cada mañana para desplazarnos a la siguiente vereda es un momento un tanto agridulce: una mezcla de agradecimiento por la manera en la que las personas nos compartieron sus recuerdos, y reflexión por los tantos retos que presenta la Colombia actual. En sus palabras, la Misión y la comunidad internacional son quienes “mantienen a flote” el proceso de paz.

De vuelta en San Vicente del Caguán, queda la reflexión de la importancia de nuestra labor, en particular en nuestro contacto permanente con las comunidades. El objetivo sigue siendo contribuir a abrir nuevas oportunidades porque, al igual que nos demostraron las comunidades del bajo Caguán caqueteño, la idea es seguir caminando (o navegando) siempre hacia adelante.

Silvia Arjona Martín, Oficial de Terreno, Equipo Local de Miravalle, Caquetá. Misión de Verificación de la ONU en Colombia.

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