Ella se metió al Bronx y al Cartucho para rescatar niños abusados sexualmente

12 de julio del 2016

Creía que ya nada la sorprendería; pero la maldad del ser humano lo logró constantemente.

Ella se metió al Bronx y al Cartucho para rescatar niños abusados sexualmente

¡Estás loca!. Fue una de las exclamaciones que María Paola más ha escuchado desde hace 16 años y que aún hoy, en menor cuantía, sigue escuchando. No era una pregunta. Era una afirmación que sus familiares, amigos, conocidos y hasta su esposo, le lanzaban en especie de dardos punzantes que buscaban tumbarle el propósito que se le había clavado entre ceja y ceja: ayudar a niños y niñas víctimas de abuso sexual.

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Pero la exclamación que más ha sonado cerca a sus oídos y que es la que realmente le ha importado escuchar es ¡gracias! Palabra expresada casi siempre por voces inocentes e infantiles que muy rara vez no está acompañada de lágrimas.

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María Paola Franceschi es la directora y fundadora de la Asociación Hogar Niños por un Nuevo Planeta, un proyecto que inició en sus manos, como pasan casi todas las cosas buenas, por destino, por casualidad, por accidente.

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En el año 2000 ella, que es psicóloga, trabajaba en el área de mercadeo y publicidad para una empresa importante de telecomunicaciones que organizaba ferias y eventos para el sector. Ese año su jefe no quiso ser el rostro de la feria por miedo al secuestro del que eran víctimas muchos empresarios del país, así que ella fue la representante del evento.

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Algunos días después una llamada entró a la empresa y pidieron hablar con Paola Franceschi, el atender ese día el teléfono fue un vuelco total a su vida. La persona al otro lado de la línea ya había llamado a otras empresas para pedir ayuda pero la única que le ‘paró bolas’ fue Paola.

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En resumidas palabras su interlocutor le dijo que necesitaba ayuda con una fundación de niños y niñas de la Calle del Cartucho, se trataba de una entidad creada por los más peligrosos delincuentes de esa temida zona que se habían unido para sacar a la niñez de la delincuencia, la extrema pobreza y el consumo de drogas.

Fundacion ninos por un Nuevo planeta-Maria Paola Franceschi

Esa fundación tenía distintos problemas y la iban a cerrar. Los niños y niñas que allí estaban serían lanzados nuevamente a la calle. Paola sin pensarlo dos veces le dijo a la persona que ella les ayudaría. Y así fue.

“Comencé a pedir ayuda con nuestros proveedores y clientes. Mucha gente se unió con distintos objetos y dinero para el hogar y nos fuimos a ayudar”. Paola se se encontró con un panorama desolador para los niños: “El director de la fundación estaba en la cárcel, los niños estaban al cuidado de una señora muy humilde que no tenía los conocimientos para hacerlo”, le contó a KienyKe.com.

Paola, que era mamá de un chiquitín de 3 años, vio que los niños estaban mal y se dio cuenta que si no hacía algo por ellos en ese momento, terminarían mucho peor. No sabía en qué se estaba metiendo pero abrió la boca y dijo “yo me hago cargo de estos niños”.

Los niños, aproximadamente 12, eran hijos de bandidos, prostitutas y recicladores. Paola llamó a sus amigos, a sus familiares, a sus contactos, a todo el que pudo y algunos se unieron a su ‘locura’. Arrendó una casa en el barrio Pasadena, en el norte de Bogotá, que pagó con parte de su salario y el de otros ‘locos’ más, entre ellos su marido, quien siempre la ha apoyado.

Al año, debido a los constantes retiros y permisos que Paola pedía en el trabajo para atender la fundación, su jefe la llamó a su oficina y le dijo que le daba seis meses de sueldo y que se dedicara ciento por ciento a su proyecto. “Él fue uno de mis primeros más grandes patrocinadores”.

Hoy día, después de muchas idas y vueltas, después de miles de lágrimas de felicidad, de rabia, de dolor, y de millones de sonrisas, lleva 16 años al frente de la fundación con la que ha ayudado, en promedio, a más de 1.200 niños y niñas.

Fundacion ninos por un Nuevo planeta-26

También hay que decir que los padres o las personas que explotaban sexualmente a algunos de los niños y niñas que hay o que han pasado por el hogar, han amenazado a Paola. Cuando se dan cuenta que el dinero que ese niño o niña producía con su cuerpo hace falta en los bolsillos de sus abusadores, buscan recuperar ‘su mercancía’ , pero Paola ha usado todos sus contactos de abogados y todas las tácticas para evitar que los niños regresen a sus casas y queden a la merced de sus agresores.

Cuando inició con los 12 niños del ‘Cartucho’, tardó unos meses en darse cuenta que el problema social del que se había hecho cargo era más preocupante aún. Todos los niños habían sido violados. Después de maldecir la maldad del hombre entendió cuál era su población objetivo: los niños y niñas víctimas de violencia sexual de muy escasos recursos y se juró trabajar por ellos y para ellos. Juramento que ha cumplido con exageración.

De Pasadena pasó a otra casa en Bogotá y de allí a otra y de esa llegó a Sopó, un vecino municipio de Bogotá. Ahora está en un terreno que le fue donado, también en Sopó, y del que sabe que de allí no los sacarán, como pasó en dos oportunidades que los desalojaron por falta de pago de arriendo.

Los casos que han llegado a su mano van desde una bebé de 20 días de nacida que fue abusada por su padre y a quien tocó reconstruirle sus partes íntimas, hasta niñas y niños de 8 o 10 años que tienen la convicción de que su cuerpo es el medio para que en su casa haya dinero: utilizados sexualmente por sus padres o familiares. “Creo que ya nada me va a sorprender, pero la maldad del ser humano lo logra constantemente”, dice Paola mientras explica algunos de las historias de los niños que están bajo su tutela.

Tiene construido un alojamiento donde hay 85 niños entre los cero y doce años y los demás duermen en contenedores adecuados como habitaciones, en los que por disposición de ICBF solo pueden meter 9 niños. Pero si las reglas del instituto, que considera exageradas, no fueran tan poco flexibles, ella metería allí muchos niños más.

Fundacion ninos por un Nuevo planeta-37

En este momento alberga 130 niños, pero a diario recibe llamadas o a la puerta de la fundación llegan madres y familiares con casos terribles a los que quisiera darle la mano, pero legalmente no cuenta con el espacio para brindarles hogar a esos niños.

“Me duele mucho que es solo falta de plata”, dice con más rabia que dolor. Si tuviéramos más dinero y más ayudas, construiría espacios grandes para meter allí el mayor número de niños y niñas posibles”. Su sueño es poder tener una casa para 500 hijos más, porque a todos los considera unos hijos.

Con las donaciones que recibe de grandes y pequeñas empresas y con la ayuda de particulares, casi siempre alcanza a cubrir los gastos de la fundación, que son los que tiene una casa normal con más de 100 hijos y más de 40 empleados: servicios, comida, salarios, implementos de aseo, mantenimiento de la sede, ropa y uniformes. Ha habido épocas duras en las que los trabajadores se han tenido que quedar sin salario, pero a los niños nunca les faltó algo.

El arriendo de cada contenedor vale alrededor de un millón y medio de pesos, pero la empresa dueña de ellos también se unió a la causa y se los deja casi a la mitad del valor, por cada uno paga $900 mil. Si tuviera más dinero, arrendaría más para darles cupo a más niños que necesitan ayuda.

“A raíz de las intervenciones en las ollas, como el Bronx, hemos tenido muchas solicitudes de cupos y con el dolor más grande nos toca decir que no podemos recibirlos. Lo más doloroso es que si yo no los recibo, las probabilidades de que ese niño o niña víctima de violencia sexual se muera en la calle es alta”, cuenta Paola en diálogo con KienyKe.com.

“Lo peor de todo es que eso lo saben las entidades del estado y no hacen nada para ayudar”, dice la directora de la fundación, quien recalca con decepción que las entidades del gobierno lo que hacen es ponerle trabas y perseguirlos como si los niños no estuviesen mejor ahí que en las ‘ollas’ y los ambientes de prostitución y drogas de donde viene la mayoría de pequeños.

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El amor de Paola por estos niños es tan grande que para evitar que le quitaran tres de las víctimas que tenía en el hogar, porque eran adoptables, ella, ante las críticas de algunos miembros de su familia, pero con el apoyo de sus cuatro hijos biológicos y su esposo, adoptó estas tres personitas. Ahora tiene siete hijos legales, con quienes vive en su casa, y más de 100 de corazón, que de cariño la llaman mona.

La Asociación Niños por un Nuevo Planeta se convierte en la casa de todos los niños que llegan allí. Todos tienen su propia cama, juguetes, comida, ropa, personas que los cuidan, que los respetan y que les brindan algo que poco encontraban en la calle: amor.

En los 16 años de trabajar con niños, Paola recuerda que solo dos de ellos se volaron del hogar, ocurrió cuando estaba radicada en Bogotá. “Casi me muero”, dice. A los dos días los dos evadidos volvieron a la casa por su cuenta porque se dieron cuenta que la calle ya no era lo que querían para ellos.

Varios de los jóvenes que han pasado por el hogar hoy en día son profesionales y algunos viven en el extranjero. Todos, desde donde están, ponen su granito de arena en pro de la que un día fue su casita.

“Aquí primero que todo necesitamos oraciones, porque la pelea entre el bien y el mal es muy fuerte. También necesitamos comida, ropa, juguetes, el buen corazón de todos y dinero para construir más dormitorios para más niños que están en la calle y necesitan un hogar”.

Si esta fundación y entidades similares tuvieran la ayuda de más fuerzas, más niños que están en las ollas como Cinco Huecos, El Sanber y el Bronx, a donde Paola se metió varias veces a rescatar a niñas y niños que estaban siendo utilizados como mercancía sexual, tendrían un mejor futuro. O más bien, tendrían algún futuro.

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PD: Si usted quiere sumarse a la causa de Niños por un Planeta lo puede hacer directamente con ellos, sus teléfonos es 6018821 – 8051033 o al celular 3212274255 o si quiere puede consignarl a la cuenta de ahorros en Bancolombia  No. 20455699013. También puede arrendarles un contenedor para que otros nueve niños puedan ingresar al hogar.

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