Alias ‘Vitoso’, el terror de Cazucá

Foto: Federico Rios/KienyKe.com

Alias ‘Vitoso’, el terror de Cazucá

23 de marzo del 2017

A Rafael** le pegaron cuatro tiros. Querían sacarlo de su casa. Y no es que fuera una casa grande, llena de cosas valiosas. Al contrario: la casa de Rafael era pequeña y humilde. Se la había construido ‘Un techo para mi país’ (proyecto de una ONG) en un despejado del barrio Villas de Casaloma, en altos de Cazucá. Él muestra sus cicatrices como si fueran condecoraciones de guerra. Dice que el culpable fue un hombre: Víctor Barbosa, alias ‘Vitoso’.

Altos de Cazucá es una comuna que queda en la frontera entre Bogotá y Soacha. Comprende los barrios El Arroyo, Los Cerezos, Luis Carlos Galán, Nueva Unión, Ciudadela Sucre, Villa Sandra, Jaime Garzón, Los Pinos, Las Margaritas Suroriental, San Rafael, El Arroyo, Buenos Aires, entre otros.  Cazucá es, de acuerdo a las autoridades, una de las zonas más peligrosas de la capital…

y en donde la pobreza es la reina. Rafael, por ejemplo, no se alcanza a ganar 10 mil pesos diarios. La mayoría de habitantes, entre 15 mil o más, son desplazados por la violencia.

“Hace doce años o más llegaron los paramilitares. Eran comandados por un “Tomás”; habían como 15 chinos que él comandaba. Entonces cobraban vacuna: eran 10 mil pesos por casa y a los supermercados 100-150 al día. Una noche que no les pagué me esperaron y metieron cuatro tiros. Estuve dos meses en el hospital de Kennedy.  Cuando volví siguieron amenazándome y me tocó dejar el lote porque me dijeron que me iban a picar”.

Las principales ollas del microtráfico de sur de la ciudad están allá. Puede haber 12 o más. La extorsión es otra de las fechorías que viven en Cazucá como un habitante más. Y el homicidio también es constante. ‘Vitoso’, de acuerdo a Rafael es, sin duda, uno de los responsables de que todo eso siga.

Hace un año ‘Vitoso’ salió de la cárcel. Entonces estuvo un año por porte de armas. En otra ocasión, cuatro años atrás, estuvo por homicidio, en el patio cuatro de la Picota. Según la policía, es muy posible que haya seguido con sus actividades delictivas. Sin embargo no ha podido ser capturado porque en las requisas o allanamientos siempre “siempre está limpio”. Se presume que a su alrededor todo el tiempo hay personas, sobre todo mujeres, que son quienes le esconden las armas y la droga.

“Estuvo en la cárcel pero no le comprobaron (homicidio). Pero yo fui testigo. Antes éramos amigos. Él nos mostraba los vídeos de lo que hacía para infundir miedo. En villas de Casaloma, donde hicieron los tanques del acueducto, que están recién inaugurados, hay enterrados gente y armas.

“Yo sabía eso porque es mejor aliarse con el enemigo que echárselo encima”.

Puede que por el miedo la gente no diga nada.  Ante un panorama así, la intervención de las autoridades tiene que ser urgente “¿hay enterrados gente y armas”?… ¡Hay enterrados gente y armas!.

Hasta ahora se sabe de algunos operativos focalizados que se han centrado sobre redes de microtráfico,  asesinatos selectivos y extorsión, y que han dejado algunas capturas, pero nada que trascienda y que ayude a disminuir la terrible violencia que acosa a Cazucá.

Algunas veces los criminales son encerrados, otras, sin embargo, quedan libres por vencimiento de términos. En un operativo de julio de 2016, según la Fiscalía, se capturaron 13 personas, de las que sólo fueron enviados a prisión tres; los demás tuvieron detención domiciliaria.

“Cuando cogieron a Tomas, hace unos diez años, por 100 asesinatos,  se fueron matando entre ellos. Cayó “menudencias”; cayó el gato, cayó chispiao, cayó el Boyaco. Decían que a ese le gustaba hacerse los collares con las orejas de los muertos. Después que detuvieron a Tomás, aún siguen delinquiendo los “soldados” que quedaron, y son los que están montando el terror en Villas de Casaloma. El jefe es “Vitoso”, dijo Rafael.

Dice la Fiscalía que “el municipio de Soacha se encuentra entre los territorios con mayor ocurrencia de delitos en Cundinamarca, de acuerdo con los informes de la Sección de Análisis Criminal de la Fiscalía General de la Nación. Por esta razón y como parte de la misión del ente investigador, el Programa de Prevención del Delito – Futuro Colombia se acercó a la Secretaría de Educación para promover de manera conjunta, una focalización de las instituciones educativas donde los estudiantes se encuentran en condiciones de vulnerabilidad y donde se vienen presentando situaciones que alteran el desarrollo de los adolescentes y jóvenes”.

Pero sigue sin ser suficiente.

“Yo vi más de un asesinato. Mi casa quedaba ahí en la esquina de Villas de Casaloma. Muchacho que veían con el pelo pintado lo mataban; que tenían piercings, muchacho que veían en las maquinitas lo mataban sin misericordia.

“Yo quisiera que cogieran a todos esos delincuentes y los metieran a la cárcel; pero los sacan a los dos, tres años, y ellos vuelven a lo suyo”.

Los que más hay en Cazucá es gente humilde y desplazados. Es paradójico: huyen para encontrarse de nuevo con eso, con la violencia; una violencia dura y salvaje que pareciera regir todas las relaciones del barrio. Que pareciera ser la única ley que hay. Que pareciera ser la única norma que se obedece. Es como si fuera una pequeña jungla que se rige por una especie de primitivo código selvático en el que sólo existe el más fuerte. Y el más fuerte es el criminal.

Nombre cambiado por seguridad.