Vladdo, al derecho y al revés

Vladdo, al derecho y al revés

29 de mayo del 2011

“Ese es mi puesto”, me dice Vladdo al verme sentada en un sillón negro de la sala de su casa. Me paso al frente, a un sofá blanco. A mi lado está Lina. “¡Abajo, Lina!”, dice Vladdo de manera insistente. Pero Lina está emocionada y se sube a la mesa de centro y a los muebles de la sala. Es una Cocker Spaniel de color caramelo. Fue adoptada por el caricaturista hace más de un año. Vladdo interrumpe, se levanta y le quita a Lina de la boca un pedazo de peluche que parece una oveja. Lo esconde en un cajón de su biblioteca, que puede medir más de cuatro metros y está repleta de fotografías de él y su hija, Sofía, de doce años, y de libros de diseño, historia, gramática y literatura. Lina sigue encima de mí y no para de oler mi bolso. Vladdo se levanta, la toma del lomo y la lanza por encima del sofá. Se oye un chillido y sus uñas chocar contra el piso. Cae cerca de un mueble, donde están algunos premios del caricaturista ‒cinco premios de periodismo, dos de diseño de la Society for News Design y un reconocimiento de la Sociedad Interamericana de Prensa‒. Vladdo le dice: “¡vaya para allá!, ¡vaya para allá!”. Suelta una carcajada corta, se sonroja, vuelve a tomar asiento y le dice “loca”.

Vladdo es entre tierno y distante, de una seriedad de muerte y un humor sin igual. Es un hombre de extremos. Critica al poder, pero almuerza en los restaurantes a los que van los ex presidentes. Ahora pone un escudo de Mercedes Benz en la solapa de sus chaquetas, por cuenta de una campaña publicitaria de la que es imagen. Pero todo esto que puede ser contradictorio en el caricaturista más contestatario del país, está dentro de una lógica.


Vladdo premia a Lina por cerrar la nevera.

A pesar de que es capaz de hacer volar a Lina por los aires, Vladdo la ama. El caricaturista “Bacteria”, un amigo cercano, asegura que ella es su adoración. Gustavo del Castillo, otro amigo, dice que Vladdo lo sorprendió por el cariño que le tiene al animal. En su página de Facebook tiene dos imágenes con Lina sobre su pecho. La primera es cuando todavía era una cachorra: “En enero de 2010 adopté a una perrita de dos meses llamada Lina. Cuando la recogí era un manojo de pulgas, parásitos y nervios. Ahora está totalmente recuperada y es un animalito feliz”. En la segunda, Lina ya tiene ocho meses y la describe como “una mezcla de Cocker y Duracell con Terminator y Bugs Bunny, pero es encantadora”. En Twitter tiene otras imágenes, una de ellas en brazos de Alejandra Azcárate. Pero llama la atención una en la que Lina está sobre su cuello y titula “Así, ¿quién trabaja?”. Incluso, la lleva a pasear dos veces al día al parque, cafés y librerías, como Arteletra, en la calle 70 con avenida Séptima.


Lina fue adoptada por Vladdo hace más de un año.

Como su relación con Lina, la de Vladdo con sus amigos también es contradictoria. Puede durar largas temporadas sin hablarles, pero sus apariciones son valiosas e inesperadas. Marta Orrantia y Gustavo del Castillo cuentan la misma historia. El día en que cada uno enterraba a su mamá, Vladdo apareció sin que ellos le avisaran.

Sin embargo, la relación del caricaturista con su propia mamá, Berta Flórez, es distante pero cordial. De sus 48 años de vida, sólo vivió durante un año con ella, cuando tenía doce años. En ocasiones, Berta aparecía con ropa nueva y juguetes. Fueron sus padrinos de bautizo, Eduardo y Lucrecia, quienes se hicieron cargo de él desde bebé. Él nació en Bogotá, pero pasó la mayor parte de su infancia en Armenia, Quindío. Allí también cambió su identidad. Pese a que fue registrado como Diego Ignacio Flórez Flórez, fue bautizado como Vladimir. En cambio, jamás vivió con su papá, Ricardo Flórez. Esto lo cuenta María Teresa Ronderos en su libro 5 en humor (ED Aguilar). Gustavo del Castillo asegura que el tema más sensible para Vladdo y que lo hace llorar, es cuando recuerda la muerte de su padrino Eduardo, a quien le hizo una dedicatoria en su libro Vladdografías, como el hombre que le tajó su primer lápiz.

Un camión atropelló a Vladdo mientras montaba en bicicleta en una carretera de Armenia. Ese accidente lo hizo regresar a Bogotá con un brazo partido. Su mamá lo llevó a vivir a la casa de sus tías abuelas en Chapinero. Fue matriculado en el colegio INEM (Instituto Nacional de Educación Media) de Kennedy para que continuara con el bachillerato. Allí conoció, hace más de treinta años a su mejor amigo, Gustavo del Castillo, quien además fue su compañero de ruta y vecino. Del Castillo recuerda que conversaban mucho durante el recorrido desde Kennedy hasta Chapinero, donde vivían. Hablaban de religión, porque Gustavo creía poco en la iglesia, mientras que Vladdo era muy creyente. Para la misma época, caricaturizaba a sus compañeros y profesores, cosa que le trajo algunos problemas disciplinarios, pero nunca le afectó su rendimiento académico.


La primera caricatura de Vladdo se publicó en La República en 1986.

La carrera de Vladdo como caricaturista en los medios de comunicación comenzó en 1986, en el periódico La República. Para esa época le pagaban trescientos pesos por dibujo. Ha estado en las páginas de El Tiempo, El Espectador, El Siglo y Un pasquín, periódico que creó en 2005, que contiene algunas investigaciones, columnas de opinión y dibujos. El caricaturista Osuna fue su maestro y al que más admira. Lo conoció gracias a que su hermano, Alfonso Flórez, tenía una relación cercana con el hermano de Osuna, Javier.


Un pasquín es su propio medio de comunicación. Lo fundó en 2005 y es mensual.

Pero el verdadero éxito le llegó en la revista Semana, donde trabaja hace 17 años. En la época en que Isaac Lee era director, todos los viernes en la noche hacían una comida durante el cierre de la publicación. Entre los platos que solían pedir era sushi a domicilio del restaurante Hatsuhana. A la cena sólo iban los editores y Vladdo, como único representante de la redacción. Incluso, se tejió un rumor que decía que Vladdo firmó en la época de Lee un contrato en el que no lo podían despedir. El caricaturista, sin embargo, desmiente la afirmación, pero dice que su contrato es de exclusividad y la revista tiene el compromiso de no interferir en sus caricaturas. Puede hacer dibujos de quien le dé la gana sin preocuparse. Era tan fuerte la relación que Lee se lo llevó para Miami a que hiciera parte de la revista Poder, allí fue director de la publicación entre 2000 y 2004.

http://www.youtube.com/watch?v=79LtEY6S9BY&feature=related
Vladdo pide perdón por dibujar a Uribe como un burro.

Vladdo siempre ha opinado sobre el poder con sus caricaturas. Su enfoque principal ha sido contra los presidentes. Con los últimos mandatarios le ha cambiado el nombre a la Casa de Nariño, según el jefe de estado de turno. Con Andrés Pastrana la llamó “palazo presidencial”, con Juan Manuel Santos es “santuario presidencial” y con Álvaro Uribe fue “palacito presidencial”. En esa época, en la sección Vladdomanía de Semana, sus caricaturas sobre el gobierno Uribe trascendieron a una pelea en Twitter ‒donde tiene casi 70 mil seguidores‒ con los hijos del ex presidente, Tomás y Jerónimo. Se podría decir que este fue el gobierno que hizo popular a Vladdo, porque logró captar la atención de los uribistas y no uribistas. Sin embargo, Vladdo no ha dejado atrás otros temas, como los escándalos políticos, los ataques de las Farc, las chuzadas del DAS y el invierno.


Algunas caricaturas de Vladdo.

“Mi interés en la política es el mismo que el de un oncólogo por el cáncer. Lo estudia, pero no quiere tenerlo”, dice Vladdo. De todas formas, ha sido tentado para convertirse en un miembro del Congreso de la República o en un Concejal de la ciudad. No lo ha hecho porque no serviría para ir y volver entre la política y el periodismo. Siempre ejerce su derecho al voto y asegura que vota por personas y no por partidos políticos. Vladdo fue muy activo en la campaña presidencial de Antanas Mockus. Hizo parte de algunos eventos que organizó el Partido Verde denominados la “firmatón verde”, donde se dedicó a dibujar a Mockus con su sello personal, en las camisetas de los militantes del partido. Además frecuentaba la sede política de la calle 66 con Séptima, y la mayor parte del tiempo se reunía con los publicistas de la agencia Aguayo, los mismos que lo llamarían meses después para convertirse en la imagen de Mercedes Benz, cuyos bocetos en el imaginario de Vladdo aparecieron en las vallas de la ciudad, como abrebocas del lanzamiento del Mercedes Clase C.


Esta es una de la imágenes de la campaña de Mercedes Benz que se puede descargar de internet.

Y a pesar de ser un caricaturista y periodista “antipoder”, su restaurante favorito es uno de los más visitados por los poderosos: Harry’s Bar. Allí pintó un grafiti de Aleida, en la puerta del baño de mujeres con una inscripción que dice: “nosotras acá; los desgraciados al frente”. La caricatura de esta mujer llena de pensamientos y protestas nació en 1997. Pero Vladdo no siempre fue exitoso con las mujeres. De niño era enamoradizo. Solía conquistar a las niñas con regalos como perfumes, chocolates, dibujos y cartas. Sin embargo, no eran muy efectivo y sus noviazgos no superaron las cuatro semanas “por lo payaso”, dice Gustavo del Castillo. Nadie lo tomaba enserio. Cuatro años y medio después de haber terminado el bachillerato, tuvo una novia durante tres años, a quien visitaba casi todos los fines de semana en Armenia y luego en Fusagasugá. Años después se casó con Analuz Castillo y tuvo a Sofía. Él habla de ella con entusiasmo, dice que lo que más le gusta de su hija es su agilidad mental y la chispa que tiene para cualquier conversación.


La manera como Vladdo dibuja a Aleida y le da color.

Vladdo se levanta todos los días antes de las 6:30 a.m. A lo largo de la semana hace seguimiento a los temas que son noticia, pero los que terminan como caricaturas son aquellos que lo impactan y  que están frescos hasta el jueves y viernes, días en los que dibuja. Define sus dibujos como opiniones y no como chistes. Le gusta tanto su trabajo que es aficionado a los diferentes tipos de papel y colecciona cualquier herramienta que le sirva para trazar sobre el papel. También colecciona DVD’s y relojes de pulso. Tiene cincuenta y cada uno no supera un valor de cien dólares. Son más un gusto que un lujo. Vladdo puede estar sumergido en su trabajo hasta después de la media noche. Sólo duerme cinco horas al día porque dice que más sería una pérdida de tiempo. Así ha forjado sus 25 años de carrera como caricaturista. Pasó de ser un joven que soñaba con ver sus dibujos en el periódico El Tiempo a convertirse en un irreverente y crítico frente al poder establecido, independiente; un referente de la opinión pública colombiana. Vladdo, sin darse cuenta, se ha convertido en un hombre que se ha hecho poderoso a través del papel.

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