El austríaco que se enamoró de Mompox

Foto: Andrés Romero / Kienyke.com

El austríaco que se enamoró de Mompox

28 de septiembre del 2017

Santa Cruz de Mompox, en el departamento de Bolívar, es un municipio lleno de magia, historias envolventes y personas con una calidad humana sorprendente.

Popularmente llamada “la tierra de Dios”, se ha encargado de dejar una huella imborrable en todo aquel que la visita, como es el caso de Walter María Gurth, un austríaco que después de navegar 10 años en su velero recorriendo diferentes países, encontró su lugar en el mundo.

Walter Gurth o el “Viejo Walter” como es saludado por quienes visitan su restaurante ubicado a pocas cuadras de la plaza Santa Bárbara (uno de los lugares más representativos de Mompox), es conocido localmente por su buena sazón, su sentido del humor y su perro Bobby, un enorme Rottweiler al que él ve como su hijo y los momposinos como un amigo más.

Este austriaco de 65 años de edad, de tez blanca, cara rojiza y más de 1.80 metros de altura, considera que ha llevado una vida de vagabundo, porque desde a los 16 años sintió la necesidad de desprenderse de su familia, viajar por el mundo y aprender la mayor cantidad de idiomas posibles. “Después de todo, uno se muere y eso es lo único que se lleva”, afirma con una enorme sonrisa dibujada en su rostro.

Foto: Andrés Romero / Kienyke.com

Comenzó su aventura viajera en Suiza, a pocos kilómetros de su natal Austria, país con el que además de compartir el mismo idioma, algunas tradiciones y creencias, tienen en común el Lago de Constanza, una maravilla natural con la que Walter creció rodeado durante su infancia.

“Este era un sitio muy bonito, pero demasiado frío para mi gusto. Tuve la oportunidad de vivir en París, Berlín, Múnich, Londres, Praga, Italia, Portugal, Israel”, aseguró Walter, quien se siente como un colombiano más.

Después de haber trabajado lo suficiente como director creativo y publicista de varias firmas importantes en Europa y Estados Unidos, decidió que era el momento de retirarse, sacar sus ahorros y viajar con total libertad por el mundo a cumplir sus sueños.

Para esto compró y restauró un velero con sus propias manos, de allí nació su gusto por la madera y las artesanías. Después de tres años de arduo trabajo en su propio proyecto, decidió que ya era hora de ser el capitán de su propio barco y navegar por los siete mares.

Inició su recorrido en 1997 por el mediterráneo, pasando por Francia, España, Cabo Verde, entre otros. Continuó su travesía hacia el Caribe, llegó a Trinidad, luego a Venezuela y por último a Colombia.

Foto: Andrés Romero / Kienyke.com

Llegó al Cabo de la Vela, después a Santa Marta y fue en Cartagena donde decidió hacer un alto en el camino y rentar un apartamento en el centro histórico de la ciudad, fue allí donde le hablaron de Santa Cruz de Mompox, de su arquitectura colonial, la tranquilidad con la que se vive y la calidad de su gente; así que emprendió su viaje desde “la heroica” hacia aquel lugar.

Después de muchos años de kilómetros recorridos, visitando las ciudades más importantes, Walter sintió que cuando vio Mompox este sería su lugar en el mundo. Tenía todo lo que llevaba buscando desde hace mucho tiempo, naturaleza, el Río Magdalena, tranquilidad y sobre todo una arquitectura que llamó poderosamente su atención.

“Sentí que el tiempo no corría, sabía que debía quedarme y por esto decidí comprar el fuerte San Anselmo, un lugar que en la colonia fue una cárcel y almacén de pólvora, pero que estaba muy abandonado, yo mismo lo restauré, le puse un techo de bambú y lo adecué como mi casa-restaurante”, señaló el chef orgulloso por lo que había realizado en ese lugar.

Sabía que su restaurante no podía ofrecer los productos típicos de la región, ya que en eso los momposinos le llevaban una amplia ventaja y decidió crear una fusión italo-austriaca con el fin de que los turistas tuviesen variedad gastronómica.

“Mompox es un lugar único en el mundo, nada es perfecto, pero Mompox roza la perfección”.

Su vida en Mompox

Una de las preguntas que más le hacen los turistas es ¿cómo es su vida en Mompox?. Él, entre risas responde que es bastante agitada y lo ve paradójico ya que llegó al municipio a descansar, pero terminó trabajando más de lo que había trabajado antes.

Considera que tiene la ventaja de trabajar y vivir en el mismo lugar, a pesar de que esto le ha quitado algo de privacidad. Su familia está compuesta por un perro y tres gatos, que cuando habla de ellos sus ojos miran hacia la nada y brillan.

“Bobby es un perro muy sorprende, inteligente y fascinante, parece un humano (…) ha sido un factor importante en el desarrollo de la especie canina aquí en Mompox (risas) yo creo que tiene como mínimo entre 70 y 100 hijos por todo el municipio”, señala Walter quien ve a los cachorros como sus nietos, los saluda cuando los ve en las calles y sonríe como un padre alcahuete cuando habla de las travesuras de sus hijos.

Actualmente, Walter está a punto de presentar otro de sus grandes proyectos allí mismo en Mompox: años atrás adquirió el antiguo Palacio de la Inquisición, lo remodeló y lo convirtió en un gran centro cultural que tendrá varios elementos alusivos de la región.

Sin embargo, no sabe si los dos lugares puedan coexistir (su restaurante y el centro cultural que inaugurará dentro de poco) por lo que en caso de que no, cerraría su restaurante “Fuerte San Anselmo”, aquel que en su entrada tiene un trincho gigante que llama la atención de propios y extraños.