El goleador ex pandillero que pierde contra la droga

23 de septiembre del 2012

En sus inicios, Wilder Medina solía llevar un revólver en su maleta de entrenamiento. Muchos de sus amigos murieron asesinados. Él se salvó y tocó gloria, pero hoy su carrera parece llegar a su fin por su adicción.

Wilder Medina

Wilder Medina

Hasta hace unos años, Wilder Medina tenía dos profesiones: futbolista y pandillero. A finales de los años noventa, revuelta con los guayos y la camiseta del Deportivo Rionegro, cargaba un arma de fuego. Después del entrenamiento, salía a robar y atracar con sus compañeros del “Combo”, que era formado por treinta jóvenes. Sólo cuatro quedaron vivos. Medina habría podido de ser uno de ellos, y entonces no habría anotado el gol 3000 de la historia del Tolima, ni habría tenido sus hijas mellizas, ni le hubiera hecho un gol de taco a Independiente de Avellaneda, el ‘rey de copas’.

Cuando era niño, en el pequeño pueblo de Puerto Nare, Antioquia, Wilder jugaba al fútbol con naranjas. No había dinero para comprar un balón, y si no aparecía alguien que tuviera una pelota o algo que se le pareciera, recurrían a las frutas redondas, como las toronjas. Su papá, Manuel Medina, trabajaba como obrero en la fábrica Cementos del Nare y en sus ratos libres era árbitro de fútbol. Wilder y sus hermanos solían ir con él a los partidos. Cuando su hijo empezó a jugar en el torneo infantil Pony Fútbol, Manuel hacía hasta lo imposible por acompañarlo a todos los partidos: se endeudaba, pedía permisos en la empresa. Después de 36 años de trabajo duro en la cementera, Manuel Medina murió de un infarto el 1 de septiembre de 1997. Tenía 51 años.

Blanca Libia ayudaba en la casa vendiendo cocadas, mazamorra y helados. Levantó a seis hijos con la ayuda de la pensión de su marido. Después de la muerte de Manuel, la familia se trasladó a Rionegro. Wilder, entonces, dejó la escuela San Luis Beltrán –estudió hasta noveno grado– y partió buscando otra vida y un equipo donde jugar. Esos años en Rionegro fueron duros, Wilder jugaba en el Deportivo Rionegro, pero no le pagaban. En el barrio Horizontes conoció a un grupo de jóvenes del barrio que lo sedujeron con sus motos, la ropa que usaban y las mujeres con las que salían. Decidió hacerse pandillero, delincuente.

Nunca mató a nadie, pero sí encañonó y amenazó. Era de los que se le medía a lo que fuera. Siempre estaba al frente de la pandilla. Para rematar, empezó a consumir droga. Y, en medio de todo, seguía jugando. Era un delantero hábil e infalible en el área. A los 17 años, siendo jugador del Rionegro, dio positivo por marihuana cuando estaba a punto de ser contratado en Argentina. Entre 1997 y 2003, Wilder vivió la vida de un delincuente. Un día estaba en una casa abandonada con varios pandilleros y de pronto, dice, sintió que debía irse de ese lugar. Salió con su hermano y treinta segundos después sintió un estruendo: la casa había volado en pedazos. Le habían lanzado una granada.

Otra vez, mientras su mamá, Blanca, esperaba en el balcón de su casa de Rionegro, él corría entre las calles del barrio Horizontes tratando de esquivar las balas que zumbaban cerca de sus piernas y encima de su cabeza. Al ver que lo perseguían, Blanca bajó tan rápido como pudo y le abrió la puerta a su hijo justo en el momento en que no podía dar un paso más.

Wilder dice que Dios lo salvó varias veces y lo sacó del hueco en el que vivía. Ahora es un cristiano devoto. Todas sus frases incluyen la palabra Dios. En 2004 enderezó su camino. Jugó en Huila, Envigado y Patriotas. Pero sus triunfos más grandes los logró con Deportes Tolima. A Ibagué llegó en 2008. Allí la vida le cambió. El 2010 fue el mejor año de su carrera: llegó a los cuartos de final de la Copa Nissan Sudamericana, quedó subcampeón y goleador del fútbol profesional colombiano. Pero en noviembre de ese año dio positivo en una prueba de doping por marihuana. En ese entonces juró por Dios que nunca había consumido nada. El 5 y el 13 de febrero de 2011 volvió a dar positivo. En ese entonces le dieron tres meses de sanción.

Desde entonces fueron continuas las recaídas de Medina. En septiembre de 2011, luego de cumplir su sanción, volvió a dar positivo por marihuana. Ante tantas reiteraciones, la Fifa y la Agencia Mundial contra el dopaje ordenaron a la Dimayor una sanción ejemplarizante. Decidieron sancionarlo por un año.

Pero la historia no termina ahí. Pocos días antes de que finalice su sanción, que acaba el 27 de septiembre, el Deportes Tolima tomó la determinación de realizarle nuevos exámenes. Según el presidente del equipo, Gabriel Camargo, los resultados indicaron que el futbolista había consumido marihuana y cocaína. Por tal motivo, decidió expulsarlo del equipo.

En Tolima dicen que Wilder ha vuelto a las andadas y a las malas compañías. Camargo asegura que el jugador bajó varios kilos de peso debido al vicio. Medina, sin embargo, asegura no haber consumido cocaína y que no es cierto que el Tolima jamás lo apoyó. “No soy una basura de la calle”, dijo en declaraciones a la prensa. Lo cierto es que la carrera de Medina, quien ya cumplió 31 años, parece tener un negro panorama e irse en picada.

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