La voz que convirtió todo en negocio

21 de abril del 2019

William Vinasco Ché no podía creer que su mamá se hubiera extraviado en un estadio, en Francia, donde nadie alrededor hablaba su idioma. La multitud la arrastró por la salida equivocada. La angustia invadió a la madre y al hijo. Por fortuna, tres horas después, una persona que balbuceaba un poco de español se topó […]

La voz que convirtió todo en negocio

Foto: Daniel Eduardo Rojas Sánchez

William Vinasco Ché no podía creer que su mamá se hubiera extraviado en un estadio, en Francia, donde nadie alrededor hablaba su idioma. La multitud la arrastró por la salida equivocada. La angustia invadió a la madre y al hijo. Por fortuna, tres horas después, una persona que balbuceaba un poco de español se topó con ella y así doña Aura Tulia Chamorro pudo reencontrarse con el narrador.

En Francia no fue la única vez que la señora Tulia se le perdió a Vinasco. Otro día, en el Aeropuerto de París-Charles de Gaulle, mientras el periodista charlaba con su colega Javier Hernández Bonnet, la señora se volvió a extraviar.

Con la ayuda del equipo de periodistas y camarógrafos, que recorrieron los amplios pasillos del aeropuerto con volantes en mano, que tenían la imagen de doña Tulia, la encontraron en un pequeño museo apreciando obras de arte.

William, con una sonrisa impecable, que va de oreja a oreja, recuerda a su mamá como una mujer dulce, amante de las flores, enamorada de las bunfadas, pashminas y del buen calzado.

Con la mirada fija en un punto distante, dice que estaba encantado con su compañía por el mundo entero. Dice de ella que “era una mujer sencilla, llena de amor, hasta para repartir” y que quien la conocía la quería como si fuera su propia madre.

Fue doña Tulia quien le enseñó a dar pasos de gigante desde muy temprana edad.

Le decía que guardara cada centavo para invertirlo y ese consejo fue y ha sido el que más le ha servido a Vinasco Ché para hacer negocios, ahorrar y tener las comodidades económicas que hoy posee.

Hoy ella lo acompaña desde otro espacio, un lugar en el que puede seguir el rastro de William en este mundo.

Desde pequeño empezó a emprender. Sus cuentos infantiles fueron la primera herramienta que usó para lucrarse. Cuenta que un día estaba leyendo a la Pequeña Lulú y que una idea financiera se le atravesó en el camino: alquilarlos. No tenía más de 13 años y los prestaba por unas cuantas monedas.

Luego de alquilar sus libros pasó a vender gallinas y su amor por los negocios empezó a germinar paulatinamente.

Años más tarde y en busca de un título académico, empezó a manejar taxi, un Fiat Polsky modelo 74 que fue pagando poco a poco con el estar sentado frente al volante largas jornadas.

Se inscribió en la Universidad Libre a estudiar Derecho, pero no pasó del sexto semestre, se dio cuenta que su vocación y pasión por la locución era más fuerte y renunció a ser abogado para inscribirse en el Colegio Superior de Telecomunicaciones, donde empezó a formarse como profesional de la voz.

De lunes a jueves trabajaba en el taxi por las calles de Bogotá. Pero los viernes, sagradamente, parqueaba el amarillito en la Avenida Caracas con calle 17, donde se ubicaban las flotas intermunicipales y allí buscaba pasajeros para la ciudad de Cali, a donde viajaba con la única intención de visitar a su mamá.

El domingo en la tarde se parqueaba cerca de la terminal de transportes de Cali y buscaba pasajeros para la ciudad de Bogotá. A los pocos años se metió en la deuda de otro taxi, pagó el primero y se iba costeando los estudios.

Ahorraba todo peso que caía en sus manos y ese hábito, junto a un dinero que su mamá también tenía ahorrado, lo llevó a tener su primera participación accionaria en una emisora. Aunque cuando eso ocurrió, ni siquiera lo tenía en mente.

Cuenta que un día, en horas de la noche, estaba escuchando Acuario Estéreo y el locutor cometió un error al aíre. Vinasco cogió el teléfono y marcó el número de la emisora, quería reportar el bache del locutor y terminó hablando con el dueño de la emisora, quien estaba, al parecer, alicorado.

Después de un par de palabras, el empresario le dijo a Vinasco que si quería hablar de negocios fuera lo más rápido posible a las instalaciones.

Cuando este llegó, se encontró con una reunión de cinco personas. A las seis de la mañana, después de haber compartido unas copas, había convencido al dueño de la emisora que le vendiera el 50 % de Acuario y que sacara del negocio a las otras personas que estaban allí reunidos. Acuario es hoy en día Vibra.

foto: Daniel Eduardo Rojas Sánchez

Con el paso de los años, y tras irle bien con el negocio, compró Radio Cachaca y luego adquirió Dorado Estéreo, hoy en día la número uno en sintonía y rebautizada como Candela Estéreo.

William Vinasco ve negocios donde nadie los ve. Por ejemplo, hace unos años compró un campo de golf, que aunque nadie daba un peso por el terreno, que no tenía las mejores condiciones. Hoy en día es un éxito. El sitió fue sede del Festival Estéreo Picnic, el Corona Sun Set y allí se realiza el concierto de Vibra, año tras año. Hoy en día es un buen negocio.

“La clave está en no tener todos los huevos en un mismo canasto”.

Después de ser voz comercial, trabajó en varias emisoras como locutor y en noticieros de televisión como presentador de deportes, hasta que le llegó el momento de narrar partidos de fútbol de la Selección Colombia para Caracol Televisión.

La fuerza y la pasión con la que hacía esta labor le dio reconocimiento y fama a nivel nacional, tanto así que los televidentes ya no le bajaban el sonido al televisor para escuchar la narración de la radio, sino que le subían el volumen a la voz de William Vinasco Ché, el hombre que “está narrando con caché”.

En 2007 el canto de gol de William Vinasco desapareció de la televisión sin dejar rastro alguno. Los partidos de la Selección Colombia ya no eran lo mismo.

La gente, extrañada de no volver a escucharlo, se preguntó a dónde pudo haber ido la voz que lloró el empate de Colombia (1-1) ante Alemania en Italia 90.

Siendo el narrador oficial de Caracol Televisión para los partidos de la ‘tricolor’, y uno de los más escuchados y queridos del país, decidió renunciar y apagar los micrófonos de la televisión para perseguir el objetivo de ser el alcalde mayor de Bogotá, un logro que aunque le entusiasmaba, fue una idea implantada en él por terceros.

Tal vez por eso no ganó. Quizá si hubiera salido victorioso, en lugar de Samuel Moreno, quien lo derrotó por 565.389 votos, -dice él- Bogotá no habría sido asaltada por el Grupo Nule en complicidad de Moreno Rojas, su hermano y varios contratistas en el escándalo bautizado como el ‘Carrusel de la contratación’.

Aunque a Vinasco Ché le gustaría volver a la narración televisiva de los partidos de fútbol, confiesa que siente pena y vergüenza de tocar las puertas de Gonzalo Córdoba -presidente del Canal Caracol-. No quiere aparentar ser un aprovechado de la salida de Javier Fernández, el cantante del gol, para rescatar el puesto que algún día fue suyo. Pero también confiesa que ganas de volver a cantar goles de la tricolor no le hacen falta.

Dejó el derecho por la comunicación, los negocios y la locución.

Vinasco hoy día habla con calma, pausado y cada frase la remata con una sonrisa.

A sus 67 años solo le hace falta mejorar el hándicap, pese a que creció autoproclamándose el mejor 9 del barrio. Al día de hoy, y con bastaste humor, dice que era el Falcao de su época.

“Producir, pensar y arriesgar”

El secreto de su éxito financiero “está en no tener todos los huevos en un mismo canasto”. Mientras sus colegas de los medios se empeñaban en armar noticieros y canales, él hacía negocios por otro lado.

Nunca se queda quieto, ama viajar y en viajes al exterior conoció varios modelos de negocio, compró franquicias como la de Hard Rock Café -que luego la vendió a la familia Santos para que la ubicaran en el Centro Comercial Atlantis-, fue poseedor de la franquicia de Hooters y Planet Hollywood.

Ninguno de esos modelos de negocio lo enamoró, desistió de ellos y creó su propia marca, un restaurante que ya tiene sede en Barcelona: Santa Costilla.

Se considera un líder que organiza a su equipo de trabajo, lucha por romper esquemas y hacer cosas innovadoras, por eso cada una de sus 17 emisoras tiene un género musical definido.

Las frases de Vinasco Ché

Narrando con caché es una frase que nació de la mente del narrador Benjamín Cuello, quien en un partido en Táchira, Venezuela le dijo a Vinasco: “Le tengo la frase para que lo identifiquen como narrador deportivo, ‘William Vinasco Ché, está narrando con caché”, frase que tuvo producción de jingle e hizo historia en los medios.

Otra de las frases que lo identifican es “qué no me esperen en la casa”; esta nació en un partido en Barranquilla donde el encuentro se extendió y sabiendo que su esposa lo iba a recoger, lanzó esa frase al aire, que tuvo tanta recordación que fue una de las más importantes dentro de su narración y el público la utilizó y aún la siguen utilizando de manera jocosa.

“Una de las dos cosas que más me gusta hacer en la vida” es una de las frases de Vinasco que más recordación ha tenido a lo largo de su carrera como locutor.

Los oyentes se preguntan cuál será la otra cosa que más le gusta hacer a Vinasco Ché y frente al tema han especulado demasiado, pero el locutor le dijo a KienyKe.com que narrar es una de las dos cosas que más le gustan hacer en la vida, y dice que no hay ninguna otra.

Las demás frases que lo identifican, las inventó para darle velocidad y alegría a las narraciones, y para que la gente viera más televisión y apagara la radio para ver un partido de fútbol. Por eso inventó frases como: “La bola va rodando y el tiempo va pasando”.

Hoy en día es una persona agradecida con la vida. Se siente bien. Disfrutó la vida de su madre hasta más no poder. Doña Aura falleció en julio de 2018 y trata en lo posible de compartir su conocimiento con los empleados que tienen el honor de estar bajo sus órdenes.

Cuando William Vinasco mira hacia atrás, para hablar en esta entrevista, se da cuenta y dice, que todo en su vida, desde pequeño, ha sido una lucha diaria, más cuando empezó a buscar opciones de negocio y tuvo la ilusión de progresar y tener una mejor vida.

Proyectó sus sueños, los buscó y trabajó para hacerlos realidad, tener lo que tiene y ser el William Vinasco Ché, que es hoy en día.

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