La primera mujer blanca que se tatuó la cara

La primera mujer blanca que se tatuó la cara

25 de marzo del 2015

Katy Gold, Vinila Von Bismark y María José Cristerna (la mujer vampiro) son algunos ejemplos de mujeres que han convertido sus cuerpos en lienzos para tatuarse. Lea también: Ella se quitó con un bisturí el tatuaje de su brazo

Las formas, colores y figuras dibujadas en la piel, se consolidan no solo como un símbolo estético, sino también como una forma transgresora usada por la mujer para expresar y exigir ser tratada igual que los hombres en la sociedad.

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Por estos días ver a una mujer tatuada es más normal. Sin embargo para mil ochocientos era algo más que una utopía. Solo fue hasta 1851 que el mundo supo de la existencia de Olive Oatman, la primera mujer blanca que se tatuó la cara.

Pero Oatman no se tatuó por gusto, mucho menos por estética. La historia de este tatuaje es más bien sangrienta y tiene un origen religioso.

La mujer, nacida en Illinois en 1837, huía junto a su familia (padres y seis hermanos) de la guerra que les había declarado la iglesia de Salt Lake City, perteneciente a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Los Oatman pertenecían a una familia mormona, y entre ambas religiones estaban dispuestas a matarse entre sí con tal de imponer su religiosidad.

Fue entonces que decidieron escapar de Utah a California con tal de salvar sus vidas. Cuando pasaban por las orillas del río Gila, los indios Yuvapais interceptaron la caravana y, con sevicia los mataron a todos, excepto a Olive, que para entonces tenía 14 años y a su hermana menor Mary-Ann.

Por meses las esclavizaron hasta que el líder de la tribu decidió venderlas a los indios Mojave del río Colorado, una tribu cuya fama estaba precedida por sus extraños ritos donde la sangre, la violencia y el sexo eran los protagonistas.

Olive Oatman

El blog especializado L’Armari Obert señala que “las mojaves no se consideraban ni hombres, ni mujeres, ni les preocupaba lo más mínimo. Se consideraban pertenecientes a un género alternativo, para ellas su espíritu era determinante para su identidad social”.

Se cree que podían existir unas 30 tribus con presencia de “Mojaves”, gran parte de ellas con presencia en territorio norteamericano. La fama de violencia, sevicia y frialdad, finalmente fue eso, solo fama, en realidad las hermanas Oatman fueron acogidas por la comunidad.

Los primeros exploradores portugueses al adentrarse en la selva amazónica, donde también había de estas tribus, se sorprendieron al ver a estas guerreras.  Pedro de Magalhaes lo contó así: “Algunas indias de esta región juran y prometen castidad y así no se casan ni conocen hombre de ninguna calidad, ni lo consentirán aunque por eso las maten. Estas dejan todas las actividades de mujeres e imitan a los hombres y realizan sus oficios como si no fuesen mujeres. Traen el cabello cortado como los machos, van a la guerra y de cacería con arcos y flechas … y cada una tiene una mujer a su servicio y que le hace de comer como si estuviesen casadas.”

El mismo jefe mojave y su esposa adoptaron a las niñas blancas y decidieron pintar un tatuaje en la barbilla de Olive, unas líneas y flechas dibujadas con tinta azul. Ella pensó que aquella marca la identificaba como esclava, pero aquella señal era un símbolo de protección mojave para entrar en el valle de la muerte.

Según señala el portal web Play Ground, el tatuaje “era, en realidad, una bendición. La mayoría de las mujeres mojave llevaban tatuajes en la barbilla. Además, los nativos se dirigían a las hermanas con la palabra “ahwe”, que significa “extraño”, no esclavo o cautivo”.

En la comunidad, las Oatman alcanzaron cierto liderazgo y no era para menos; no se había tenido noticia de un par de mujer blancas viviendo prósperamente con unos indios. Mary- Ann, la hermana de Olive no logró resistir a una fuerte sequía que trajo hambrunas a la tribu y murió. Fue entonces que la leyenda de Olive Oatam cogió más fuerza: sobrevivió a tres guerras y tenía ganas de seguir viviendo.

El mundo occidental quiso recuperar su mujer. Era un simbolo de la resistencia blanca e hicieron todo para traerla de regreso.

Después de unas negociaciones, se acordó que la joven de 19 años fuera trasladada al fuerte Yuma. “Se sabe que lloró, llevándose las dos manos a la cara, al ser entregada al Ejército de Estados Unidos. Olive llegó ataviada con ropas indígenas, con el pecho descubierto, y el tatuaje en la cara”, dice Play Ground.

Tras su regreso, Olive se hizo más famosa, incluso protagonizó un libro. En 1857, Royal B. Stratton escribió el libro The Captivity of The Oatman Girls. Se convirtió en un éxito de ventas y Olive en un amuleto comercial: la chica con el tatuaje en la cara hizo múltiples lecturas por Estados Unidos como forma de promoción, hasta que se casó con el ganadero John B. Fairchild.

El granjero no soportó que la mujer tuviera más reconocimiento que él y decidió quemar todas las copias del libro de las que tenía noticia, además le prohibió seguir viajando por Estados Unidos contando su historia. Se mudaron a Texas y formaron una pequeña familia.

Olive murió en 1903 a los 65 años. Deprimida, cansada vieja e infeliz. Nunca quiso salir de la tribu Mohjave.