El Consejo Nacional Electoral (CNE) puso en revisión listas a la Cámara de Representantes vinculadas al Pacto en circunscripciones clave. En Bogotá, por ejemplo, la decisión fue una revocatoria de inscripción. En la práctica, eso significa que mientras la decisión siga vigente, esa lista no quedará habilitada para aparecer en el tarjetón.
Para los candidatos ya inscritos, dado que se encuentran en un limbo administrativo hasta que la lista se recomponga o la decisión se revierta por recursos.
La regla de fondo
Cuando el CNE revoca una lista o frena su trámite, la contienda se vuelve un asunto de calendario. La elección al Congreso es el 8 de marzo de 2026 y el tarjetón válido es una condición material para competir. Por el problema de tiempos, a un mes de las elecciones el Pacto Histórico se encuentra con el reto de sanar sus listas.
Tres salidas para seguir en carrera
La primera salida es la reconfiguración de la lista antes del cierre de modificaciones. Es la ruta más directa porque apunta al objetivo básico: volver a tener lista habilitada en tarjetón. Sin embargo, tiene un problema interno y es que los reacomodos de última hora pueden reabrir peleas internas por posiciones y avales.
La segunda salida es agotar recursos para que el CNE deje sin efecto la revocatoria. Aquí el punto central no es el argumento, sino el tiempo. Los expedientes corren al ritmo del procedimiento; el tarjetón corre al ritmo del calendario electoral.
La tercera salida es quedar por fuera. Si no hay lista habilitada a tiempo, esos candidatos no compiten en esa circunscripción, así hagan campaña. Sin tarjetón, no hay voto.
Doble militancia: el riesgo al cambiar de aval
Sin embargo, los problemas persisten, puesto que la Constitución, en su artículo 107, fija una regla para quienes son miembros de una corporación pública: si van a aspirar por un partido distinto en la siguiente elección, deben renunciar a la curul al menos 12 meses antes del primer día de inscripciones. La Ley 1475 de 2011 desarrolla esa prohibición y mantiene el estándar de los 12 meses para ciertos directivos que busquen competir por otra organización.
El riesgo, en práctica, es que si se opta por una salida basada en cambiar de aval abre un flanco para que se discuta doble militancia y termine en revocatoria de inscripción si la autoridad electoral concluye que la regla se incumplió.
¿Qué está en juego?
Para las campañas, lo que está en juego es simple: seguir o no en el tarjetón. Para las direcciones partidarias, el reto es ordenar una salida sin desbaratar acuerdos regionales, sin dejar gente por fuera y sin abrir pleitos internos que se vuelven jurídicos.
Y para quienes hoy tienen curul o cargos directivos, el margen es más estrecho: el camino rápido de “me muevo” se vuelve un problema legal, no una jugada táctica.
¿Qué sigue en el calendario?
La ventana inmediata es el 8 de febrero, fecha señalada como límite para ajustes ligados a revocatoria o inhabilidad. De ahí en adelante, el margen se achica a trámites ya radicados y decisiones del CNE sobre recursos.
