De mártires y Orlandos Sierras está hecho el mundo…

1 de agosto del 2011

O1:49 minutos de la tarde del 30 de enero de 2002: Ruido, mezclado con sangre, y aderezado con lágrimas conmocionan al periodismo. La verdad perdía la batalla contra la política. Ojalá no la guerra. Ahora, las letras temían. Ninguna quería decir nada más allá de lo evidente. Nunca antes decir la verdad era tan contraproducente […]

O1:49 minutos de la tarde del 30 de enero de 2002:

Ruido, mezclado con sangre, y aderezado con lágrimas conmocionan al periodismo.

La verdad perdía la batalla contra la política. Ojalá no la guerra.

Ahora, las letras temían. Ninguna quería decir nada más allá de lo evidente.

Nunca antes decir la verdad era tan contraproducente como callarla.

Dos sicarios, un periodista, dos balas y una niña conformaban la escena del crimen.

Orlando Sierra Hernández moría. Un nuevo mártir de un oficio traicionero.

Suena el teléfono. “La vuelta está hecha, doctor”, decía Luis Fernando Soto Zapata.

Inversión perfecta. “Un «sapo» menos = el camino libre”, decía algún padre de la patria.

En minutos,  capturan a los dos sicarios. En cifras,  un millón de pesos por matarlo.

Rápidamente, el moribundo es conducido a la Clínica.

Raramente, en el transcurso del 31 de enero la Fiscalía asume el caso.

Antes de iniciar oficialmente agosto, el cuerpo falla y la muerte llega. Dolor.

Homenajes póstumos y lágrimas no faltaron. Súmele las flores, las lágrimas y la rabia.

En una oficina, mientras tanto, risas y felicitaciones contrastaban entre los brindis.

Ríos de titulares resonaron por todas partes: “Muere el director del diario La Patria”.

Nadie dice nada. El sicario asegura que fue un error y el juez le cree.

Ágoras buscan respuestas, pero vale más la maquinaria que la fuerza.

Dixon Tapasco y su padre son llamados a indagatoria. 9 años y nada ha sucedido.

El dato: Hoy se cumplen 114 meses de impunidad. Unos 3 mil 470 días de total ilegalidad. Unas 83 mil 256 horas (y contando) de burla a la justicia.

Zarpazos de nuestra mentalidad sicaria. Residuos de lo que permitimos en nuestra política.

@AlejoRinconM

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