“Lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks”

16 de marzo del 2011

Fue una semana dura… perdí un arete. Mujer que se respete –o se haga respetar–­­­ sabrá la importancia de ello; ¿o qué excepción no es obsesivo compulsiva por los aretes, los calzones y los zapatos? Entonces, aquí empieza todo –literal y metafóricamente–.

Esto me pasó a mí, pero seguramente le pasó a una amiga, a la amiga de una amiga, a la prima de la vecina y en fin…

Hace algunos meses (¿un par?), unos once meses más tarde (o un año y once meses, o dos años y once meses, o quizás hasta tres años y once meses) me casaría. Lo sé. Lo supe hoy viendo una película: un seis de algo, por la tarde, de blanco en el Plaza Hotel (NY). O en su defecto, cualquier fin de semana, borracha en alguna vereda cercana. ¿O qué excepción no ha pensado que le están pidiendo matrimonio con sólo cogerle la mano?

Pero esta semana perdí un arete. Perdí un arete y al mismo tiempo todo se acabó cuando me dijo: “me han traído hasta aquí tus caderas y no tu corazón”, y descaradamente me exigió: “búscate otro perro que te ladre, princesa”.

Porque son máximo 2.000 caracteres, la que más dolió: “no puedo enamorarme de ti.” Y eso sí, no puedo obviar con qué terminó su discursito –aclaro, con lo que teme cualquier pendeja (la excepción incluida) que pase–: “te cambiaría por cualquiera”. Tranquilos, no todo es tan grave, al menos reconoció que soy una princesa. ¡Cualquiera la otra!

“Me abandonó como se abandonan los zapatos viejos”, pensé (¡¡¡y acerté!!!). Y estuve toda la semana como dice aquel: como la “gente sin alma que pierde la calma con la cocaína”. Así hemos estado todas. Mi amiga, la amiga de mi amiga y la prima de la vecina. ¿O qué excepción no sabe cómo se pierde la calma con la cocaína? Lo sé, tanto los queríamos que quizás nos tome en aprender a olvidarlos “19 días y 500 noches”.

Fue una semana dura… perdí un arete. ¡Peor! Supe que él se lo había robado. Una vez más “lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks”, y no soy yo la única de malas, ¿o qué excepción no se enamora con un beso?

Es una maldición que se pierda un arete, es una desgracia ser tan buena (¿o al revés?)… pero quizás ahí esté el placer de saber más. ¿O qué excepción no ha aprendido que un beso no es un contrato? La verdad es que ni yo ni mi amiga ni la amiga de mi amiga ni la prima de mi vecina.

**Agradecimientos a Joaquín Sabina

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