‘Biciclown’, 13 años recorriendo el mundo culminan ahora

20 de noviembre del 2017

Después de trece años, viene otro choque: el de volver a “casa”.

‘Biciclown’, 13 años recorriendo el mundo culminan ahora

@biciclown

Este domingo 19 de noviembre Álvaro Neil, el payaso ciclista más conocido como “Biciclown” cumplió trece años de recorrer el mundo, la misma fecha coincide con el cierre de su aventura.

El ambiente en la plaza de Oviedo España, de donde es Oriundo, era de un sol de otoño esplendido marcado por música típica de fondo y los asistentes transmitían una alegría solemne, una emoción por la misión cumplida ya que muchos de sus amigos y compadres de viaje se desplazaron hasta allí para darle la despedida.

Este abogado quien trabajaba como notario en Madrid hizo caso omiso a la vida cómoda y estabilidad que le ofrecía ser oficinista, en sus propias palabras: “Me dejé llevar por mi voz interior que es la de ‘vete y cumple tu sueño’ entonces, me jubilé con 35 años, sin pensión, pero me jubilé”. Por eso cambió su oficina por un incómodo sillín de bicicleta.

Así se lanzó a vivir su sueño gracias a la solidaridad de muchos, incluso estando al borde de la muerte siete veces. Para los que hemos sentido la necesidad vital de salir de nuestras rutinas para poner sentido a la existencia, su historia es como un bálsamo para el alma.

Cuando conocí por primera vez Álvaro Neil, el ‘biciclown’ fue por un relato escrito hace 7 años cuando andaba de paso cruzando las amplias estepas de Mongolia, entonces me cautivó su forma de ver el mundo, sus artículos y su altruismo.

Es mitad ciclista y mitad payaso, y de ahí su nombre: el ‘Biciclown’. Ha llevado la alegría por todo el mundo a los más necesitados, conociendo el mundo y despertando sonrisas para los asistentes a su show los cuales son los más desfavorecidos como desplazados, refugiados y necesitados.

En su bicicleta lleva su cama, su cocina y artículos personales, cargando en cada viaje 80 kilos junto a los momentos inolvidables que ha ido acumulando a lo largo de los 208.000 kilómetros que ha recorrido por todos los continentes.

La idea inicial era tardar una década en regresar a Oviedo, su punto de partida, pero sin darse cuenta ya pasaron 13 años. Bajó desde los montes Atlas en Marruecos hasta las ciudades contrastantes en Sudáfrica; subiendo por la exuberancia del Parque Kruger y el Kilimanjaro, hasta la histórica Cairo.

Armó su propia ruta de la Seda, hizo los pasos más altos en los Himalayas en Asia. En la inmensidad del desierto de Australia pudo pedalear al lado de su hermana; un buen amigo español lo ha visitado nueve veces en nueve países distintos, así como otros amigos y compadres, pero la mayoría del tiempo sus pasos (pedaleadas) las ha dado solo.

Este hombre puede decirse que ha pasado también por lugares catalogados como “inseguros” como Sudán, Irán, la frontera con Afganistán y también el sur de Colombia en una época donde pocos valientes se aventuraban cruzar nuestro país en bicicleta.

El artículo sobre Siria nos hace ver la manera como cambió un país con una historia milenaria lleno de lugares pintorescos y gente supremamente hospitalaria, por supuesto que fue antes de que se desatara la Guerra Civil que cambiaría el rostro de este país del mundo árabe para siempre.

De 2004 a 2017 han pasado varios acontecimientos mundiales de gran impacto y mientras su natal España se sumergía en una profunda crisis económica, él seguía pedaleando y allanando nuevos países, culturas y sonrisas.

“Soy uno de esos seres humanos privilegiados de la Tierra porque he conseguido mi sueño antes de morir o tener un cáncer de vejiga. Le he dado la vuelta a la tortilla”, ha señalado Neil.

Tuvo cuatro malarias en África un accidente con un carro en Turquía, un bus colgado de un precipicio, una serpiente en Tanzania. Pero ni la humedad de las selvas del Vietnam, ni la lluvia tropical de la India, ni el viento frío siberiano han logrado detener su vocación de generar sonrisas.

Después de trece años, viene otro choque: el de volver a “casa” a otra realidad, la del día a día; su hogar, el que abandonó durante trece años y en el que se desenvolvió trabajando en una notaría. “Lo de la notaría lo tengo olvidado después de tantos años porque como las serpientes ya dejé atrás una piel y me reencarné. Me va bien vivir al día. Espero dar conferencias en colegios y universidades.  Iré a donde me llamen”, sentencia el biciclown sobre sus planes para mantenerse hasta su próxima aventura.

Así que buena suerte para él y para los próximos aventureros que se lancen a “conquistar el mundo”.

humbertoperiodismo@gmail.com

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