2019: ¿En las mismas?

28 de febrero del 2019

Opinión de Felipe Jimeno

2019: ¿En las mismas?

Bogotá empieza un 2019 con nuevos retos de urbanización y con el deber de regular con claridad la manera en que las localidades y sus UPZ deben funcionar frente al nuevo Plan de Ordenamiento Territorial. Los objetivos del suelo deben articular las políticas, normas, metas y programas con responsabilidad. Por esta razón, el Distrito se ha encargado en realizar unos talleres de pedagogía en toda la ciudad.

Hace unas semanas me inscribí en uno de estos talleres sobre el POT que se realizaba en el barrio Country Club. Tras las cuatro horas que duró el ejercicio, las preguntas más frecuentes fueron, ¿qué tan altos pueden ser los edificios?, ¿cuál es el control frente a los comercios en zonas residenciales? y ¿cómo se quieren implementar las estaciones de transporte público sobre la visión urbana? La respuesta a todo esto fue superficial y resaltaron con repetición que las normas urbanísticas siguen funcionando con una gran ficción; se busca respetar un hábitat digno, proponerse la utilización racional del suelo para favorecer el interés común y todos somos felices.

Comentaron que este trabajo no ha sido fácil, que Bogotá tiene grandes retos de crecimiento y necesidades por suplir –lo cual es valido-, pero se queda corta la explicación frente a problemáticas específicas como la que se vive diariamente con los establecimientos comerciales, bares y rumbiaderos en zonas residenciales. Más allá de la explicación sobre los ejes de territorio, sostenibilidad y desarrollo, deja un sin sabor la poca profundidad sobre los temas que aquejan a la comunidad en la que se realizó el taller.

Creo que uno de los problemas en los últimos años de Bogotá (y en esta zona) ha sido la manera irregular en que los bares, rumbeaderos, prostíbulos y casinos obtienen los permisos cerca de las zonas residenciales. Es incongruente, tanto para los propietarios de los establecimientos como para los residentes vecinos, que en la práctica primero se establezcan los locales y luego obtengan los permisos.

Esto conlleva a que los ciudadanos pierdan credibilidad frente a este nuevo POT al igual que lo han perdido con los anteriores. La gran mayoría de bogotanos no quieren empezar el 2019 con la noticia que un sitio de los mencionados le vaya a abrir negocio al frente de su hogar y, lógicamente, piden más conciencia con la manera que están aplicando control a estos establecimientos.

De igual forma, es triste ver la indiferencia de la ciudadanía frente a estos temas. En un taller que no alcanzó a llenar un salón de clases, lleno de constructores y comerciantes, los residentes eran apenas un pequeño grupo y la socialización se vio reducida a establecer con mayor claridad en dónde daría mayor rentabilidad X proyecto arquitectónico.

Cuña: ¿Si ya tendremos Transmilenio por la séptima, no hubiera sido buena idea llevar el metro hasta la 170 y pensar en desarrollo a 50 y 100 años en vez de apagar incendios cada 5?

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