24 horas de emoción gracias al procurador Ordoñez

18 de septiembre del 2012

La emoción que me embarga hoy solo es comparable a los días en que veía novelas como Cristal –a la una de la tarde, de lunes a viernes– Quinceañera o Alcanzar una estrella, estas dos últimas, si la memoria no me falla, los sábados por la mañana, en la década de 1980. La euforia y […]

La emoción que me embarga hoy solo es comparable a los días en que veía novelas como Cristal –a la una de la tarde, de lunes a viernes– Quinceañera o Alcanzar una estrella, estas dos últimas, si la memoria no me falla, los sábados por la mañana, en la década de 1980. La euforia y ansiedad me recuerdan cuando terminaba un capítulo justo antes de que una señora le confesara al protagonista que en realidad ella era su madre y que se podía casar con la mujer que siempre había deseado o cuando la antagonista le iba a contar al protagonista sobre el pasado oscuro de la mujer de la que estaba enamorado… En ese entonces apagaba el televisor y podía pasar varias horas, días quizás, pensando cómo transcurrirían los hechos en el siguiente capítulo.

La razón de mi emoción es que la Corte Constitucional le ordenó al procurador Ordoñez retractarse, en menos de 48 horas, de sus declaraciones sobre el aborto en tres casos especiales y sobre la píldora del día después. Para añadirle tensión al asunto, hoy martes salió el Presidente a decirle que debe acatar lo que le pide la Corte Constitucional. Como si esto fuera poco, hasta el partido conservador le ha pedido a Ordoñez que acate la orden. El partido liberal, hasta donde sé, no ha dicho nada. Quizás no han leído la prensa en los últimos días. Por lo menos no Simón Gaviria, que ya sabemos que es poco dado a leer nada.

Seguro que no soy el único emocionado. Ordoñez mismo debe estar en este momento emocionadísimo, viendo en su situación una versión local y personalizada de un pasaje bíblico en el que el diablo pone a prueba la fe de alguno de los múltiples mártires de los que se vanagloria la religión católica. ¿Estará en este momento en su despacho con su disfraz de caballero de la virgen, orando para que el de arriba lo ilumine, tal como nuestro señor Jesucristo en el monte de los Olivos?

Mi emoción, debo decir, no está mediada por mis creencias religiosas ni por la antipatía que me despierta el Procurador. El placer que me ha producido este capitulillo, este suspense que lo embarga todo, ha hecho que deje a un lado la molestia que me producía que Ordoñez hubiera nombrado a familiares de magistrados, competentes para intervenir en su designación, violando así el artículo 126 de la Constitución, como denuncian tanto Rodrigo Uprimmy como Daniel Samper Pizano en sus columnas. O su manera amañada para aplicar destituciones, castigos y absoluciones de acuerdo a afinidades políticas, como en el caso de Piedad Córdoba, Andrés Felipe Arias o en el caso de la yidispolítica. O su posición frente al matrimonio y la adopción por parte de la población LGBT. O el hecho mismo de desinformar sobre el aborto legal.

Tanto en el caso del nombramiento de familiares como en el de la justicia amañada, no son más que otra muestra de la corrupción que sostiene los cimientos de esta republiqueta. La corrupción es algo de lo que todos nos quejamos, aunque la mayoría tengamos prácticas corruptas desde el nivel donde nos encontremos. Respecto a su posición frente a la población LGBT, es un tema que fácilmente pasa de argumentos científicos a religiosos o morales, donde no hay cabida para la discusión.

El hecho de desconocer lo que ha dicho la Organización Mundial de la Salud sobre la anticoncepción de emergencia, que previene el embarazo y no es abortiva, sí me parecía vergonzoso. Hasta los funcionarios de republiquetas como esta deberían tener límites. Pero he dejado a un lado incluso esta molestia porque, como decía antes, gracias al Procurador he vuelto a sentir tanta emoción como no sentía desde la transmisión de novelas mexicanas en la década de 1980. ¿Se retractará el Procurador? ¿Y cómo afectará su acatamiento, en caso de que lo haga, a su proyecto de hacerse reelegir? ¿Afectará en algo? Según columnistas como Ramiro Bejarano, al Gobierno le importa en realidad muy poco lo que pase con la rectificación que la Corte le ordena a Ordoñez, pues hay menesteres más importantes. Mientras tanto, valga la ocasión para comprar doble ración de crispetas.

@manugome78

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