Non sanctos

19 de mayo del 2013

No sé quien diablos será el santo milagroso capaz de sacarnos de esta deliciosa temporada en el infierno -que ya cumplió doscientos años-, pero de lo que sí estoy seguro -y lo juro- es de que ni Francisco ni Juan Manuel Santos lo son.

Dice Woody Allen que él desconoce la fórmula del éxito, pero que está seguro de que la del fracaso es intentar complacer a todo el mundo. Que es, esto último, exactamente lo que pretende hacer todo el tiempo el presidente Santos. De hecho, casi que -extremo de extremos políticos- intentó hacerlo hasta con su mentor, Uribe. El único ser humano excluido sin lugar a dudas de tan prostituta vocación, es su primito querido, Francisco Santos, con quien el mandatario sostiene una legendaria pelea de quinceañeras, de sieteañeras, por ver quien de los dos se hace con el dominio sobre el juguete más antiguo de ambos: el país

Los privilegiados primitos -presidente actual el uno y exvicepresidente el otro-, sobrinos nietos ellos de un expresidente que, según Alfonso López Michelsen -expresidente él también e hijo, a su vez, de otro expresidente-, “fue (hasta su muerte) el hombre más poderoso de Colombia”, están acostumbrados a darle rienda suelta a sus caprichos y vanidades, seguros -como están- de que nadie podrá interponerse en su camino, porque, tal como dije que dijo el expresidente López (el hijo), en el trabalenguas de expresidentes que acaban de leer, pertenecen a la familia más poderosa de esta finca que, desde hace un siglo, es regentada por un par de familias non sanctas. (Que tal este otro trabalenguas, que iría de maravillas en este momento: el país está expresidentado, quién lo desexpresidentará…).

Lo más curioso es que los primorosos primos no se cansan de machacarnos que este país está muy mal, y que hay que arreglarlo. Lo cual es dolorosamente cierto, con el sutil añadido de que, a continuación, sugieren que son ellos, hundidos hasta el cuello en la autoría intelectual de este crimen de lesa humanidad que llamamos Colombia, quienes pueden arreglarlo.

Indignados, contra sus propias dignidades e indignidades de exministros, expresidentes, exvicepresidentes; contra la perversa oligarquía; contra la egoísta clase empresarial; contra la mefística gran prensa; indignados contra todo eso, digo, de lo que ellos -no hay ni que decirlo- hacen más parte que ningún otro ser humano en el mundo, se presentan como los mesías: “para solucionar un problema, primero hay que crearlo”, solía decir el genocida de Kissinger.

Para ser un genocida, por otro lado, no se necesita cometer directamente un genocidio. Puede cometerse, este último, por ejemplo, despilfarrando en la vanidosa novela del nóbel la plata que podría salvar la vida de miles de colombianos. O puede cometerse aspirando a un cargo para el cual uno sabe a ciencia cierta que no está capacitado. La última pretensión de “Pachito”, después de fungir de adalid de los derechos humanos y -a renglón seguido- posar de derechista rabioso, es la de ser -nada menos- presidente de la república. Un hermano mío dice que de niños nos enseñan a que cualquier persona puede llegar a ser presidente de la república, y que -temiblemente- puede terminar siendo cierto.

“Pacho” Santos de presidente, ¿se imaginan? Sé que ya tuvimos a Andrés Pastrana y sobrevivimos, pero, aunque parezca increíble, esto puede resultar aún peor. Se notó en la valla que mandó a poner, la cual sólo demostró que la gente con mucha plata, y sin nada que hacer, puede gastarse fortunas en vaya uno a saber qué.

Juan Manuel Santos reelegido, ¿se imaginan? A pesar de que, a juzgar por su último discurso, ya aprendió -tal vez leyendo a su gran detractor y amigo de infancia, Antonio Caballero, (aquí hasta los opositores pertenecen al mismo curubito)- que el verbo reelegir no es reflexivo, no parece una buena idea tener cuatro años más de cháchara vomitada por encuestas. Además, en las mesas de póker, como se sabe, a la larga se termina perdiendo hasta la mujer.

Esas costumbres políticas -económicas, sociales- non sanctas de los Santos -los primeros primos del país- deberían hacernos, más que decir, gritar “no Santos”. Pero, peones que somos, al fin y al cabo, de su gran finca, somos capaces de todo. No sobra advertir que la sustracción de materia no debería ser un obstáculo: sería preferible que gobernara el voto en blanco.

Finalmente, volviendo a Woody, gran amigo personal mío, así él no lo sepa, podría decir -con él-, acudiendo al resignado -recurrido- recurso del descarte, que no sé quien diablos será el santo milagroso capaz de sacarnos de esta deliciosa temporada en el infierno -que ya cumplió doscientos años-, pero de lo que sí estoy seguro -y lo juro- es de que ni Francisco ni Juan Manuel Santos lo son.

@samrosacruz

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO