¿A qué nos vamos a dedicar?

7 de septiembre del 2012

Una persona muy cercana me dice que cada vez que tomo whisky me vuelvo melancólica y pesimista. Empiezo a hablar de lo cerca que está el fin del mundo, de lo efímero de las relaciones personales y de la belleza. Me convierto en una viejita amargada que sólo puede ver el vaso medio vacío.  Desde que el […]

Una persona muy cercana me dice que cada vez que tomo whisky me vuelvo melancólica y pesimista. Empiezo a hablar de lo cerca que está el fin del mundo, de lo efímero de las relaciones personales y de la belleza. Me convierto en una viejita amargada que sólo puede ver el vaso medio vacío.  Desde que el Presidente Santos anunció el inicio de las negociaciones de paz, me siento constantemente rascada, porque sólo puedo ver y analizar la situación desde la óptica del noble amigo escocés.

Al igual que ocurre cuando el papá está a punto de pensionarse y la mamá no cesa de preguntar: “Mijo y ahora, ¿a qué te vas a dedicar?”, así siento que van a hacer las cosas con esta nueva idea del gobierno. Luego de tantas décadas haciendo, viviendo y hablando de lo mismo, ¿a qué nos vamos a dedicar luego de que logren la paz?

Creo que ninguno de los lectores ha vivido algún período pacífico de la historia patria. De hecho, en un ejemplo que uso para explicarles a mis alumnos un fenómeno causal, se ve claramente de lo que estoy hablando. El autor Yesid Reyes en su libro intitulado Imputación Objetiva, trae el siguiente ejemplo usando como hecho central, la toma al Palacio de Justicia en 1985: “Si nos remitimos al ejemplo del asalto guerrillero al Palacio de Justicia, podría decirse que si bien los proyectiles disparados por las fuerzas de seguridad del Estado causaron la muerte de algunos de los magistrados, ello no hubiese ocurrido si previamente el grupo guerrillero no se hubiera tomando violentamente el edificio, lo cual a su vez no habría acaecido en el evento de que la vigilancia especial de que disponía no le hubiera sido retirada; adicionalmente a ello, el grupo guerrillero no habría tomado la determinación de ejecutar dicho asalto de no ser porque las conversaciones de paz con el gobierno habían fallado; pero a esas negociaciones de paz se llegó por la existencia de grupos armados como el que ejecutó la toma del Palacio de Justicia, movimiento guerrillero que no se habría formado de no ser porque el triunfo electoral que como partido político habían conseguido válidamente en las elecciones presidenciales de 1970 les fue abiertamente negado por el gobierno imperante, desconocimiento que a su vez derivó de la pretensión de cumplir un pacto de alternación en el poder entre los dos partidos políticos dominantes (liberal y conservador) al fue necesario recurrir para poner fina una época de violencia desencadenada en 1948 por el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán”.

Si uno sigue con la cadena de eventos, e incluso, si toma como punto de partida el gobierno del Presidente Santos, la violencia en Colombia siempre ha existido de una u otra forma y si hacemos el regreso hasta el infinito, podríamos incluso decir que si Dios no hubiera creado a Adán y Eva, ellos no habrían tenido descendencia y no hubiera sido posible que naciera la madre y el padre del asesino de Jorge Eliécer Gaitán… y el resto todos los conocemos.

Lo que estoy diciendo no es nuevo para nadie. Pero si se logra la paz, ¿a qué nos vamos a dedicar?

Durante años, los noticieros- y en general todos los medios-  se han encargado de bombardearnos con noticias de guerras, guerrillas, delincuencia ligada a las guerrillas, políticos ligados a la delincuencia que ha estado ligada a las guerrillas, presidentes que encubren a políticos ligados a la delincuencia que ha estado ligada a las guerrillas, políticos que atacan a presidentes que encubren a políticos ligados a la delincuencia que ha estado ligada a las guerrillas, reinas de belleza coronadas por delincuentes, artistas que amenizan los eventos de las reinas que se han casado con delincuentes… Y si le logra la paz los medios van a entrar en crisis de información. Me imagino a Vicky Dávila deprimida hablando del clima mientras dice en lágrimas “la cosa política ya no siguió movién-do-se” y a Daniell Coronell escribiendo acerca de la extrema delgadez de alguna actriz de Hollywood.  Y bueno, se me ocurre que Uribe  escribiría trinos acerca de lo aburrido que es oir a Vicky y leer a Coronell y casaría alguna pelea para poder dar de qué hablar.

Durante años, los políticos buenos y los políticos malos, tanto del ejecutivo como del legislativo, han enfocado sus funciones y la inversión y correlativo robo del presupuesto que se les asigna, en el diseño de  planes y proyectos para combatir la violencia en cada uno de sus frentes. Y si se logra la paz, me imagino que estos tipos otrora competentes para esas funciones inherentes a la violencia,  no van a tener ni idea qué hacer con sus puestos, porque ahora sí van a tener que cumplir con objetivos propios del cargo y hacer bien la tarea dentro de un marco pacífico. Yo me imagino a los ministros de defensa, del interior y al de justicia, tomando tinto con el fiscal y hablando de los viejos tiempos. Dejo por fuera a los contratistas del Estado, siempre habrá algún vivo que aún si se logra la paz va a querer hacer plata rápido.

Durante años, el patrón de belleza lo marcó la extravagante vida de los bandidos. El “más es mejor” llegó incluso a la vanguardia y retaguardia de las mujeres, y de modestos melones pasamos a hinchadas guanábanas- y no precisamente por asuntos hormonales como lo mencionaba algún día. Los labios, los senos, las nalgas de gran parte de la población femenina sufrieron los efectos colaterales del mundo de la violencia. Y si se logra la paz, pues estas señoritas van a quedar infladas de por vida y serán monumentos nostálgicos de antaño, serán una versión móvil y rubia de la canción “pueblito viejo”. Lo único bueno es que, atendiendo las leyes del capitalismo salvaje, las liposucciones por fin van a bajar de precio y los buenos cirujanos van a empezar a pautar en Groupon o atar sus productos a alguna promoción del Éxito. ¡Yei!

Durante años, la música, las novelas, la literatura, nuestro lenguaje han estado atados a la violencia. No es coincidencia que la programación de los canales privados haya tenido programas como ‘La viuda de la mafia’, ‘El Cartel de los Sapos’, ‘El Capo I (y coming soon El Capo II)’, ‘¿Donde está Elisa?’, ‘Pandillas Guerra y Paz’, Las muñecas de la mafia’ y ‘Escobar- El patrón del mal’, entre otros. No es coincidencia que hayan surgido tantos cantantes con pinta de sicario adolescente, ni que los best sellers colombianos, además de un sinnúmero de ejemplares de autoayuda o de lectura de baño, narren historias de la violencia en Colombia (igual de originales al unplugged de Juanes que trae las mismas canciones de toda la vida pero en versión acústica). Y qué decir de expresiones que hasta yo misma he empleado. Sí, la princesa Corcione ha osado llamar cariñosamente a sus amigas ‘muñequitas de la mafia’ y se ha atrevido decir que  ella misma tiene bigote de guerrillero, que a más de uno le va a mandar al de la moto y que si el príncipe le es infiel lo quiebra o le pega su pepazo.

Todos estos años viviendo, hablando, leyendo y sufriendo lo mismo, nos han condicionado a ser lo que somos y a ser como somos. Y mi gran preocupación, además del dilema de ubicar e insertar debidamente en la sociedad a tanto guerrillero joven, es a qué nos vamos a dedicar si nos pensionamos de la guerra.

Salud.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO