Con el corazón de luto

12 de julio del 2019

Opinión de Salua Karemow

Con el corazón de luto

Quisera que me llamaran y me dijeran que era chisme o una broma de mal gusto.

Aterricé en Amman a eso de las 6 y media de la noche, pasé migración y conecté mi teléfono a wifi. Deslizaba mi dedo en el Whatsapp para ojear los mensajes que me habían mandado y en eso vi un mensaje de voz de mi mamá y otro de mi tía. Mientras tanto un tipo me acosaba ofreciendo un taxi. Me metí al Starbucks del aeropuerto huyendo de él y levanté el teléfono para escuchar el mensaje de voz de mi mamá, quien llorando me entregaba un mensaje abstruso. Proseguí a escuchar a mi tía, quien con la voz en llanto me decía que habían matado a Hali.

Quedé en shock por unos segundos, mientras de fondo se escuchaba el llamado al rezo y me ataqué a llorar. Mi mundo se paralizó ahí mismo y quería, sin mucha esperanza, que me llamaran y me dijeran que era el día de los inocentes.

Pensé en mi tía, su mamá, a quién siempre la han llamado “flaca”, por ser bastante estilizada, y en su esposa y sus hijos. Su papá y sus hermanas, las tías y primas y todos los que lo vieron crecer, sus amigos y hasta los conocidos, pero no dejé de pensar en su mamá.

Yo había perdido rastros de Hali hacía muchos años. Sin embargo, mientras trabajaba en el Consulado de Colombia en Miami hace años ya, lo vi llegar con una rubia despampanante y recién parida, y tuve el honor de registrarles a su primera hija.

Ya era un hombre u hombrón, como decimos en la costa. Había terminado carrera y era más samario que el agua de coco. Su pinta 100% árabe; su perfil, sus cejas, su vestimenta y hasta sus manierismos. Caballero como su papá y bien educado por su mamá. Hali ya era papá y marido, y había hecho a sus papás abuelos.

Trabajador incansable, lo que heredó por ambos lados, mamá diseñadora y papá bananero, cariñoso, devota de su pareja, y muy familiar. Las veces que lo vi, incluso después de ‘viejos’ me saludaba con un “prima!”, término activamente utilizado en la comunidad costeña y un poco más utilizado entre los paisanos libaneses.

Me he preguntado egoístamente qué pasó? La pregunta estúpida de por qué lo mataron, como si matar a alguien tuviera una justificación. Como si morbosamente buscáramos aprobar o desaprobar el delito. No hay razón, no existe justificación y los motivos son absurdos. Nada justifica acabar con la vida del otro.

Nos educamos en Colombia a burlarnos de todo, a no darle valor a la vida y a justificar actos de violencia diarios. Nos deshumanizamos. Hemos perdido el carácter de Colombianos, de la gente bella que somos, de nuestra generosidad y solidaridad. Esta última la perdimos hace un rato ya.

Hoy Hali deja 3 hijos, uno de ellos un infante, una familia empezada, unos padres desmoralizados, dos hermanas abatidas y su comunidad adolorida y en escandalizada.

Voy en un taxi camino a Petra, derramando lágrimas y desahogándome en el teléfono donde les escribo mi publicación de hoy. Estoy triste y en pena. Pena de dolor y pena de vergüenza social.

Hali descansará en paz porque la gente buena va al cielo. Desde aquí oro por su familia para que Dios les de fortaleza, y por la Policia para que la operación candado sea todo un éxito.

Con el corazón de luto,

Instagram: @saluakamerow

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