Adiós viejo querido

6 de septiembre del 2018

En el 2010, cuando Sudáfrica realizó la Copa Mundial de Fútbol, dos colombianos sacaron la cara por el país: Shakira, quien cantó la canción oficial del certamen; y Óscar Julián Ruiz, el árbitro más importante, para algunos, que ha tenido Colombia en muchos tiempos de fútbol. En esos años existió el recurso económico para comprar […]

James Rodríguez

@jamesdrodriguez

En el 2010, cuando Sudáfrica realizó la Copa Mundial de Fútbol, dos colombianos sacaron la cara por el país: Shakira, quien cantó la canción oficial del certamen; y Óscar Julián Ruiz, el árbitro más importante, para algunos, que ha tenido Colombia en muchos tiempos de fútbol.

En esos años existió el recurso económico para comprar el álbum de Panini, la camiseta de la selección y un buen sistema de televisión que permitiera ver todos los partidos del mundial, en calidad de imagen decente.

Pero no…

Colombia no fue a ese campeonato, ni al del 2006, ni al del 2002. Es decir: sufrimos una sequía de certamen, que duró ‘16 añotes’. Hasta que un día, después de Pintos, Leoneles, Chiquis Garcías y Bolillos llegó el viejo cano que se dio el lujo de sentar, en la banca gaucha, al que años después sería el jugador más valioso del mundo.

Ese ‘catano’ de voz rasgada, marcado acento argentino y una hija paisa, se le midió a dirigir el equipo de fútbol de este ‘platanal’ conocido como Colombia. Le dio la importancia necesaria al Tigre; le encargó el medio campo al ‘zurdo virtuoso’; le asignó la primera línea de volantes a ‘La Roca’; y le permitió al cuñado del ´10’ que se pusiera los guantes y cerrara la puerta de lo que conocemos como arco.

Quién lo creyera… Los argentinos, sobre todo los porteños, son tildados de prepotentes y creídos. Pero este abuelo bonachón, oriundo de ese país, se encargó de cobijar con su experiencia a estos muchachos que, desde unos años antes, daban las luces de un futuro promisorio y una base futbolística seria, que fue labrada por Eduardo Lara y en la que participaron apellidos como Guarín, Zapata, Armero, Ramos, Rodallega y Aguilar, entre muchos otros.

El tipo logró lo que ningún connacional, dedicado a la dirección de oncenos ‘empantalonetados’, consiguió. Estos son los números, al frente de la Selección:

29 partidos amistosos.
31 partidos de Eliminatoria.
10 de Copa América.
9 partidos en Mundiales.

Logró 43 victorias y 17 empates; y sufrió 18 derrotas. Para un promedio de 63.06%, 127 goles a favor y 64 en contra (fuente: Caracol Radio). Y hasta nacionalidad le ofrecieron. Pues el hombre con voz entrecortada y un tufillo de ‘rabia’ dejó en claro, en una rueda de prensa encabezada por el director de la Federación de fútbol, que la camiseta de Colombia siempre fue respetada y que en este país se dicen más mentiras que en muchos otros.

Tras el anuncio, los comentarios no se hicieron esperar. Muchos culpan de la salida del entrenador a ‘dos o tres comunicadores insatisfechos con su gestión’. Otros dicen que el combinado ya necesitaba una renovación. Me imagino que algunos le irán a echar la culpa’ al castrochavismo o al H1N1 (recuerden que este es el país del Sagrado Corazón).

Pero lo que sí es cierto es que este personaje le cambió la cara a nuestra tierra, en materia futbolística, y le dio más alegrías a este pueblo que las funciones de Los Hermanos Gasca en potrero de oreja de puente.

Yo creo que le debemos alguito al profe. Le debemos ver a petristas y uribistas sentados, lado a lado, gritando el golazo de James contra Uruguay en 2014. Le debemos las celebraciones con salsa choque; el que la Selección haya sido cabeza de grupo; el haber tenido jugadores nacionales en los equipos más importantes de España, Italia e Inglaterra; el récord de Faryd Mondragón; el que sus futbolistas, blindados por protección, hayan aprendido a defender los colores de la bandera con ‘alma, vida y sombrero’; el que Colombia fuera identificada por los centros del ‘zurdo’ y no por las bombas de Pablo Escobar.

Con la salida del técnico quedan sembradas las dudas, por quienes no lo quisieron. Y ese no es el problema. El verdadero lío es que son aquellos que, haciendo gala de su experiencia, se han atrevido a decir que sus ‘grandes fuentes’ les han contado ciertas cosas que, sin argumentos, no son más que chismes.

Empíricos o no, cuando los periodistas se atreven a hacer denuncias lo mínimo que deben presentar son ‘pruebas contundentes’. Dos o tres relicarios del oficio celebraron la renuncia y la complementaron con las ‘fábulas de pasillo’ que sus informantes les entregaron. Y digo ‘fábulas’ porque no he visto la primera investigación que incrimine al abuelo y lo catalogue como vendedor de jugadores o ‘embolatador’ de premios.

¿Hasta cuándo el fútbol colombiano y sus dirigentes seguirán haciendo lo que se ‘les paga la gana’? Averígüelo, Vargas. Solo me queda agradecerle a José Néstor Pekerman lo que hizo, por lo menos, por mi alegría. Le debo las horas del estrés delicioso, generado por el afán de la victoria; las reuniones con mi familia y mis amigos, para mirar partidos; el ver a mi hermana, mi esposa y mis hijas gritando goles, con euforia; y las lágrimas que derramé cuando Falcao le hizo el gol a Polonia. ¡Qué momento bonito, ese!

Esperemos a que el técnico que llegue no deje caer la vara que quedó como precedente; y que podamos seguir disfrutando de torneos mundiales, con participación de nuestros criollos.

Ya empecé a ahorrar para comprar el álbum de Qatar 2022…

@HernanLopezAya

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