Al Estado Colombiano lo desbordó la clase media

25 de enero del 2016

Si creen que la infraestructura es cara, ¿cuanto creen que nos cuesta no tenerla?

150 kilómetros en 7 horas. Eso fue lo que me tomó recorrer, a un promedio de un poco más de 21 km por hora, parte de la carretera que une las dos ciudades más importantes del país, en el trayecto entre Honda y Bogotá. Y no, no había un accidente con muchos muertos, ni una tracto-mula de 18 llantas atravesada en la mitad de la vía. Simplemente las carreteritas que aún conservan el trazado de principios del siglo XX, y que se siguen recorriendo a la velocidad promedio de los carros de la década de los años 50, no dan abasto ante el creciente numero de vehículos que recorren hoy las obsoletas vías colombianas. Eso sí, cobran peaje como si se tratara de mega-autopistas de 4 carriles en cada sentido. Las compañías viales a cargo, solo mantienen anchas y en buen estado los 100 metros alrededor de las casetas de cobro, pero pronto nos toca volver al lamentable estado en que se encuentran muchas de las mal llamadas autopistas que tratan de conectar a Colombia.

Este es solo uno de esos ejemplos que me convencen que al Estado Colombiano simplemente le quedó grande servirle a esa clase media que lo desbordó, y que viene aumentando en número en nuestro país desde hace lustros, y que, además, demanda el buen uso de la plata de sus impuestos, pues muchos trabajamos el 30% del tiempo para cumplirle al gobierno. El problemita, claro, es que él no nos cumple a nosotros. Parece que gobernara para los más ricos y para los más pobres: para los ricos porque les permite bajar sus impuestos, y para los más pobres porque busca subsidiarles alimentación, salud, vivienda y educación. Y nosotros ¿Dónde quedamos?

Pues donde siempre: sin subsidios, sin forma legal de bajar nuestros impuestos y sin un administrador que se preocupe por nuestras necesidades, pues la única formula que parece encontrar el gobierno de turno para manejar la creciente demanda de servicios que se precisan es la de prohibir su uso, aumentar los impuestos e instar a tener paciencia.

Si aún no están convencidos de lo que digo, solo basta recordar que el deprimido de la calle 94 con avenida 19 en Bogotá, que se pagó con impuestos de valorización, va en su séptimo año de construcción y con un costo estimado de cuatro veces su presupuesto inicial, y aún sigue sin terminar. Este Estado nuestro no pudo hacer un tunel de apenas 6 metros (no me quiero ni imaginar si deciden hacer el metro subterráneo, habrá que pedirle ayuda al Chapo!). Y sí, seguro que encontrarán excusas por el retraso de la obra, pero para la gran mayoría de nosotros, son solo eso: excusas.

¿Por qué el gobierno no intenta cambiar su modelo y en vez de imponer mas prohibiciones y mas impuestos, trata de dejarle la plata en los bolsillos a los colombianos trabajadores de la clase media, que han demostrado que son mucho mas hábiles que el Estado en el manejo de su propio dinero, a ver si hacemos crecer en serio la economía y de paso el país entero?

Porque si el Gobierno de turno y el Estado creen que la infraestructura es cara ¿cuanto creen que nos cuesta no tenerla?

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Otra cosa más: Me tomo la libertad de anunciar la publicación de mi primera novela titulada ¨Espejos de Noviembre¨, bajo el sello editorial Oveja Negra. Espero que la disfruten.

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