Ánimo, el siguiente paso son los 200k seguidores en Instagram

1 de mayo del 2019

Una amiga de Cali ha posado semidesnuda para una revista Valluna. Es su manera de quejarse de la política municipal de la capital del Valle del Cauca, y lo entiendo, es más, me encanta admirarla en Instagram, es una mujer llena de misterios, el primero de ellos, sus ojos. Su mirada me hipnotiza; y no […]

Ánimo, el siguiente paso son los 200k seguidores en Instagram

Una amiga de Cali ha posado semidesnuda para una revista Valluna. Es su manera de quejarse de la política municipal de la capital del Valle del Cauca, y lo entiendo, es más, me encanta admirarla en Instagram, es una mujer llena de misterios, el primero de ellos, sus ojos. Su mirada me hipnotiza; y no sólo a mí, sino también a muchos otros. Pero ella no es la primera chica en protestar de manera inusual. En todo el mundo centenares de mujeres se han desnudado para protestar contra la violencia de género, contra el cáncer o contra Donald Trump.

Con el auge de las redes sociales numerosos colectivos incómodos con la vida o consigo mismos han intentado aliviar su pena de este modo, desnudándose en Instagram. Da la impresión de que al quitarnos la ropa nos desprendiéramos con ella de problemas que están en la cabeza. Tampoco es raro si consideramos que al ponérnosla nos llenamos de obligaciones. Imagínense a un general del ejército, desnudo, saliendo de la cama. Probablemente sea un buen padre de familia, amable, cordial, indolente, con una hija linda, de esas con las que uno quisiera salir a pasarla rico… Pero se coloca el uniforme y las medallas y un no sé qué le empuja a dar órdenes. Y quien dice un general dice un político, un sacerdote, un ingeniero, un empresario. Si la corbata tiene tanto valor simbólico es por la asociación que hacemos entre ella y la oficina.

¿Deja un general de ser general al quitarse el uniforme? Quizá no, pero no se le nota. Si me cruzo en la calle con un anciano desnudo, me llamará la atención, pero no me impresionará. Si me cruzo, en cambio, con un anciano lleno de medallas, cambio de acera. Y si es un político, cambio de acera y de calle. Tengo más miedo a los políticos que a los coroneles (y ya es decir). Total, que la ropa nos embellece y nos desembellece.

Tradicionalmente, los almanaques de chicas desnudas siempre han adornado los talleres mecánicos y las cabinas de los camiones de Corabastos. Algunos los miran de frente con indulgencia y de reojo con apetito sexual, generalmente son tipos muy raros que se van adaptando a todo. Han adoptado el fútbol, el matrimonio y un trabajo de oficina sin traumas. Ahora están decididos a asaltar los almanaques y los perfiles de las desdichadas modelos de Instagram. Señores Mangina, sean ustedes bienvenidos a este espacio.

No obstante, para fotografiarse desnudo no es preciso abrazar ninguna causa ecológica, política o religiosa. Uno se puede desnudar porque sencillamente le da la gana, porque le apetece verse y que le vean. Y es que uno necesita que lo quieran o que lo escuchen sin necesidad de ir disfrazado de político, de general o de influencer. Ánimo, el siguiente paso son los 200k seguidores en Instagram.

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