¿Cuáles son las excusas de Obama para invadir a Siria?

13 de septiembre del 2013

Se afirma que Siria produce sus propias armas químicas, lo cual es falso.

Resulta muy fácil por estos días encontrar acérrimos defensores de la opción militar en Siria como castigo por el presunto uso de armas químicas contra los opositores del régimen de Bashar al-Assad. Pero no cuesta encontrar también obstinados opositores a la idea de un ataque liderado por los Estados Unidos contra otro gobierno más en la convulsionada región del Oriente Medio, empezando por los propios estadounidenses, quienes no acaban de digerir la tragedia y el costo político y humano de las guerras en Irak y Afganistán, cuando ya les vienen preguntando si les parece bien enviar unos cuantos portaviones al Mediterráneo para propiciar un poco de escarmiento al malvado dictador de turno.

La opinión está dividida, y no solamente al alto nivel de los gobiernos que buscan defender sus intereses geopolíticos, sino en las cenas de amigos, en los corrillos de las oficinas y en las aulas universitarias. La administración Obama se ha visto en una dificultad sin precedentes para convencer a la comunidad internacional y a los ciudadanos del común de la necesidad de una acción militar controlada, y a mí se me ocurren muchas razones para justificar esta dificultad, entre ellas la crisis de credibilidad en la que se encuentra el gobierno gringo tras la revelación de sus programas de espionaje, y el espíritu anti-bélico con el que fue elegido Obama, flamante galardonado del premio de paz más importante del mundo.

Barack Obama, Kienyke

No creo que nadie cuestione la crueldad del gobierno sirio al usar gases nerviosos contra civiles indefensos. Quien se quiera informar un poco aprenderá que los gases nerviosos como el sarin (cuya fórmula química es [(CH3)2CHO]CH3P(O)F) tienen un alto contenido de fósforo, responsable de bloquear el mecanismo que permite la transmisión de impulsos químicos entre los nervios y los órganos. Alguien tal vez quiera comparar los efectos de dichos gases con los efectos de otras armas igualmente letales, éstas sí permitidas, que han sido usadas y siguen siendo usadas sistemáticamente contra civiles en muchos conflictos del mundo. Tal vez concluya, como lo concluye éste artículo de The Economist, que las razones detrás de la prohibición de armas químicas son de carácter histórico y no necesariamente basadas en su capacidad letal contra los civiles. Pues hay quienes pensamos que toda forma de matar es injustificada. Lo que se cuestiona es el derecho moral de los países occidentales para actuar una vez más como guardianes de la paz mundial, y la efectividad de dicho ataque para evitar que armas prohibidas vuelvan a ser usadas por energúmenos poderosos.

Por supuesto, aquellos más pragmáticos afirman que la infamia de las armas químicas debe detenerse pronto, y que la forma más expedita de hacerlo es a través de un ataque liderado por los países democráticos que tienen los medios para atacar. Un argumento digamos aceptable si no fuera por la historia de co-responsabilidad en los ataques químicos por parte de quienes producen y distribuyen las armas que han terminado en poder del régimen sirio, es decir, estas mismas potencias Occidentales, o al menos una fracción de las mismas. Con extrema facilidad se esgrimen argumentos sobre moralidad que no siempre concuerdan con la realidad.

Por ejemplo, se afirma que Siria produce sus propias armas químicas, lo cual es falso. La Convención de Armas Químicas firmada en La Haya en 1993 reconoce que existen centrales de producción de armas químicas en 13 países, tres de los cuales son potencias occidentales (coincidencialmente, los primeros que salieron a la carga: EEUU, Francia y el Reino Unido), y ninguno es Siria. Aunque todos se han comprometido a destruir sus centrales, su desmantelación oficial sólo se completó en 2012. Tampoco se han cumplido en su totalidad los compromisos adquiridos en términos de aniquilar el arsenal mundial de armas químicas. Estados Unidos, en particular, afirma que destruirá la totalidad de sus armas químicas sólo en el año 2023, once años después de la fecha acordada en la Convención. También se argumenta que los Estados Unidos desconocían los ataques químicas por parte de Saddam Hussein contra Irán y una parte de la población iraquí en 1988, y que por lo tanto tienen el derecho moral de cuestionar los ataques de Bashar al-Assad. Este argumento no se tiene en pie tras las revelaciones que hizo la revista Foreign Policy de documentos desclasificados que muestran cómo el gobierno de Washington literalmente se hacía el de la vista gorda con respecto al uso de armas químicas por parte de Hussein desde 1983. Que hayan permitido el uso de armas químicas en situaciones políticamente ventajosas para sus propios intereses no habla muy bien del guardián número uno de la paz mundial.

La opinión internacional no quiere que continúen los ataques químicos en Siria. Nadie quiere ver más niños asesinados por la guerra, por ningún motivo ni en ningún lugar del mundo. Pero muchos de nosotros nos sentimos asaltados en nuestra buena fe por la historia reciente de hipocresía demostrada por las naciones que se jactan de ser adalides democráticos. La oposición a un ataque militar en Siria no es simpatía por el régimen de Damasco, sino un clamor para que por primera vez desde las Guerras Mundiales la respuesta a los alevosos ataques de un dictador sea el producto de un consenso internacional donde se dé primacía a la diplomacia y a la sinceridad sobre el tabú de las armas químicas, y no otra aventura militar que profundice los odios en una región ya bastante golpeada por las bombas de la democracia.

@juramaga

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