Atentado a Fernando Londoño y nuestra sordera

17 de mayo del 2012

A las siete de la mañana del miércoles tomé un taxi. El tema del atentado a Fernando Londoño salió a flote. El taxista ya había hecho afirmaciones que me daban a entender su posición política, entre esas la de que “Le están probando el aceite a Santos… A Uribe no le hubieran puesto esa bomba.” […]

A las siete de la mañana del miércoles tomé un taxi. El tema del atentado a Fernando Londoño salió a flote. El taxista ya había hecho afirmaciones que me daban a entender su posición política, entre esas la de que “Le están probando el aceite a Santos… A Uribe no le hubieran puesto esa bomba.” No dije nada del atentado al Club El Nogal, ocurrido el 7 de febrero de 2003, a leguas un golpe mucho más impactante que el atentado al exministro.

Mencioné  que, de todas maneras, no se tenía certeza de que habían sido las FARC. “Fueron las FARC,” me dijo con propiedad, “Ya sacaron un comunicado en que asumieron su responsabilidad,” “¿Ah, sí?”, pregunté asombrado. “Sí, lo dijeron en la radio, ahoritica” y, acto seguido, para que me quedara claro, prendió la radio. En la radio no hablaban ya del asunto. Nos quedamos callados el resto del viaje.

Por la seguridad con la que había hablado el taxista, supuse que en cuestión de horas la policía había descubierto el enlace “contundente” para demostrar que habían sido las FARC. Seguro ya estaba colgado en todos los portales de noticias en Internet.

Al llegar a mi casa revisé noticias de El Tiempo, El Espectador y Semana: ninguno decía nada de que las FARC aceptaran su responsabilidad. En Anncol tampoco aparecía nada. Uno podría pensar que no es posible que las FARC sean tan cortas de seso: este sería justo el momento menos “adecuado”, políticamente hablando, para poner una bomba, ni siquiera si se trata de un enemigo público suyo. Pero han sido cortas de seso antes. Y si este fuera el caso, ¿cuál era el mensaje detrás del atentado? ¿Que pueden golpear a la extrema derecha? ¿Que están en desacuerdo con el TLC?

Los cortos de seso abundan en todos los frentes. Cada uno es una muestra de la capacidad de Dios de producir milagros: como los peces y los panes, se multiplican por cientos. A ningún bando le puede faltar su(s) corto(s) de seso. Lo único cierto hasta el momento es que ni siquiera hoy jueves el Gobierno tiene claro la responsabilidad de las FARC en el atentado. Ni en El Espectador, El Tiempo, Semana, Noticias Caracol –enfocado en la noticia de Sigifredo López– se dice algo nuevo. Han entrevistado a todos los familiares de las personas muertas, han mostrado un video con posibles sospechosos, pero no se sabe más. Semana incluso pregunta si los retratos hablados sí son útiles.

El primero en señalar a las FARC fue el comandante de la policía en Bogotá, Luis Eduardo Martínez. Él estaba seguro de eso, pero el ministro de Defensa dijo después que, “si bien hay serios indicios que comprometen a esa organización (FARC)… no se descarta a ninguna otra porque es necesario continuar.” La intervención de Santos planteaba más o menos lo mismo.

Álvaro Uribe, como era de preverse, estaba seguro de que habían sido las FARC. En la entrevista de Noticias Caracol del miércoles dijo: “Nunca me ha gustado (la) temeridad, (la) precipitud (sic), pero hay varios temas que permiten llegar a las FARC. Por ejemplo, lo dijo la Policía de Bogotá. Por ejemplo, hay una vinculación entre ese carro bomba que desactivaron en Bogotá y los explosivos contra el doctor Fernando Londoño”. Ah, claro, lo dijo la Policía…

También salió Francisco Santos, planteando que el atentado había sido la respuesta de las FARC al marco para la paz. Después de visitar al exministro en el hospital, afinó un poco más sus declaraciones: “Esto es un ataque a la libertad de prensa, es un ataque a la oposición, es un ataque a una voz que quieren silenciar, ¿por qué? Porque critica a las FARC.”

Hasta el exministro, en su primera intervención, señaló hoy a las FARC. Pero ni siquiera Fernando Londoño, cuyas palabras cuentan con la “muy especial autoridad de quien viene de las orillas de la muerte”, puede decirlo con certeza.

Todas estas declaraciones deben ser tomadas con motivo de inventario. No es muy lógico que, justo cuando se busca un marco legal para la paz, las FARC hagan este atentado. ¿No son los portavoces de la derecha a los que les ha caído de perlas este atentado? ¿No le ha servido este atentado a Álvaro Uribe como a Francisco Santos, Fernando Londoño, Plinio Apuleyo Mendoza, entre otros, para mostrar, una vez más, que el marco para la paz es un error? ¿Serán las FARC tan cortas de seso?

Hace ya 17 años ocurrió el atentado contra Álvaro Gómez Hurtado, un político de derecha. Hay tantas hipótesis sobre su muerte como bandos en conflicto. Aparentemente, miembros de las Fuerzas Armadas estuvieron implicados.  No recuerdo cuáles fueron los primeros culpables a los que señalaban los “primeros indicios”, pero seguro no hablaba de militares. De esa hipótesis se habló mucho después.

No son sorprendentes las declaraciones arriba mencionadas. Lo sorprendente habría sido que alguno hubiera respondido, “Yo no voy hacer hipótesis y voy a esperar que las autoridades digan quiénes son los responsables,” tal como respondió Tatiana Londoño, hija del exministro. Pero eso es pedirle peras al olmo.

Incluso si las FARC resultan ser las responsables, en realidad lo que muestran estas afirmaciones, sin que los investigadores hayan presentado los resultados de la evaluación técnica, es que aquí nadie está interesado en oír nada, ni siquiera si el otro se asume como culpable. Si son las responsables, este acto no es más que una medida que parte del mismo patrón: no querer saber nada del otro. Por eso llevamos más de 50 años en esta especie de sordera.

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