¿Atrapados en la red?

¿Atrapados en la red?

17 de noviembre del 2016

Estuve releyendo hace poco algunos de los Diálogos de Platón y me crucé nuevamente con su maravillosa Alegoría de la Caverna. Y como es mi costumbre después de leer o releer un excelente texto, lo pensé durante días e imaginé al hombre de hoy, no con las cadenas literalmente, sino con pantallas como cadenas; muchos hemos visto el siguiente cuadro en movimiento -no el del devenir de Heráclito donde las cosas cambian-, la misma escena que se repite: una comida ausente de conversación porque todos están absortos en el celular, o ¿cuántas veces no hemos tropezado con personas en la calle porque no miran a donde van sino a su celular?; un concierto y una conferencia que no se aprecian porque se está más pendiente de grabar el concierto o tomarle fotos al conferencista; el cuadro es la persona en cualquier contexto, provista de un aparato celular.

No es que no me gusten los celulares o que tenga una apreciación apocalíptica de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (no me imagino a mí misma cambiándole la cinta a una máquina de escribir, o mandando señales de humo para comunicarme con alguien -siendo extremos-), sino que pienso que en gran medida este ensimismamiento de la sociedad, ese dejarse llevar como “por dónde va Vicente, por donde va la gente”, está devolviendo al mundo a la caverna, paradójicamente cuando más acceso a la información se tiene hoy. Extraigo, de entre otros muchos, tres ejemplos cercanos: algunas de las afirmaciones de Trump para ganar la presidencia de los Estados Unidos, algunas de las afirmaciones de la campaña por el NO para ganar el plebiscito por la paz en Colombia  y la Feria del Libro 2015 de Bogotá cuando el evento colapsó, no por la entrada de la reciente Premio Nobel de Literatura Svetlana Alexievich, que habla en sus libros del fracaso de la utopía soviética, sino por los youtubers de moda en ese momento, como Germán Garmendia y otro, del cual no recuerdo el nombre. Y digo que son apenas ejemplos entre otros muchos, porque también podríamos entrar a evaluar otros casos, como los temas que se vuelven virales en la red.

Pero tener acceso a la información masiva que circula en la Internet no necesariamente significa que todo sea conocimiento. Hay incluso información que no pasa un examen de simple lógica, como las afirmaciones de Trump en el tema del cambio climático, del que dijo que era un invento chino; pero lo más preocupante es que haya un porcentaje importante de personas que crea este tipo de cosas y las replique sin ser evaluadas.

Podríamos imaginar a Hitler viviendo y ejerciendo su enorme poder en el mundo de hoy, el grave efecto que causaría la famosa sentencia de su ministro de propaganda, Joseph Goebbels, “una mentira mil veces repetida termina convirtiéndose en una verdad”; si logró con una TV aún en su etapa inicial, una radio ya desarrollada y todo el poder de la palabra escrita en periódicos y libros, esparcir por buena parte del mundo su política de odio y supremacía racial, cómo se multiplicaría esto a través de la actual Internet.

¿Cómo puede llegar el hombre a tal grado de engatusamiento? Hoy la mayor amenaza es la gran cantidad de información que funciona también como evasión de la realidad y como píldora del olvido. Nadie puede detenerse a pensar en algo cuando ya la otra noticia viene en camino, no sé cuántos trinos se tuitean en unos minutos, y cuántas noticias por Facebook o cuántas fotos de Instagram circulan; y eso no es más que una milmillonésima de toda la información existente en las web. El punto está en que ya no hay tiempo para pensar -pensar como una actividad-, y tampoco para la lectura profunda, ya como una acción reflexiva o como una indagación en busca de conocimiento.

No pretendo negar que en la red hay conocimiento valioso, el problema es que toda la información está en el mismo nivel, es como ir a las librerías y encontrar los libros de filosofía en el mismo stand de los de autoayuda. Y para una persona promedio -incluso hay casos de congresistas y ministros que han acudido al Rincón del Vago-, cualquier información es relevante.

Por todo lo dicho hasta aquí, sería recomendable que en las instituciones educativas se impulsara una especie de “didáctica de las redes”, en la que se ayude a los estudiantes a diferenciar, dentro del vasto océano de la información que flota en la Internet, lo que es valioso de lo que no lo es; que puedan hacer un filtro, cuestionar lo que aparezca como dudoso, o impreciso, o francamente engañoso. La red es un arma de doble filo.

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