Aunque queramos, no podemos hacerle trampa al dolor

17 de junio del 2019

Opinión del Grupo Valdivieso

Aunque queramos, no podemos hacerle trampa al dolor

Pixnio

El dolor no puede evadirse, pero todas las personas hemos desarrollado una serie de tácticas para contrarrestar su peso. El dolor es ilógico. No se reparte en mayores o menores cantidades según un cronograma interno del cielo. No tiene una causa y vivimos en una lucha permanente por evitarlo porque claramente nadie quiere sufrir. Dios no tiene dentro de sus tareas diarias estipular quiénes deben sufrir hoy y quienes mañana.

No es un castigo por portarse mal. Ni tampoco se da porque ya se ha pasado suficiente tiempo sin sufrir y ya es hora. Es absolutamente irracional, porque lo racional es buscar lo agradable, lo tranquilo, lo bueno, nadie en sus cabales busca sufrir.

Pero puede convertirse en una escuela y en una oportunidad para la sabiduría. Posiblemente el dolor no se quite, pero definitivamente se aprende de él. Muchas veces despliega capacidades que no se creían existentes.

El dolor puede enseñar tanto, que de cada derrota se puede aprender y gran parte de ese aprendizaje se da con diferentes actitudes:

En primer lugar, nunca preguntar por qué, sino preguntar para qué. El por qué no tiene respuesta. Ni Dios, ni la tierra, ni el cielo, ni los ángeles, ni nadie lograrán dar respuesta al por qué.

Por otro lado, las cosas son como son. Buena suerte, mala suerte, quién sabe. A veces se ve lo malo en cosas que no son del todo malas. Aceptar lo que se es, nadie es a gusto del consumidor, no se es lo que se soñó ser, simplemente se es. Y mientras más resistencia haya para aceptar el ser, más dolor habrá. No hay un mínimo de posibilidades de cambiar la realidad, por más protestas, gritos y llanto, todo es como es. “Si te angustias, las cosas son como son, en cambio si no te angustias, las cosas son como son”.

Muy bueno poder contar una historia diferente, pero cada quien tiene un pasado ya vivido y no hay forma de cambiarlo. Esa historia da vida al ser actual. La grandeza de la vida proviene del dolor. La historia debe mirarse con cariño, hay que reconciliarse con ella, porque ha marcado el caminar y lo seguirá haciendo hasta el último respiro.

El dolor no es solamente algo para sufrir, también lo es para reaccionar. Cuánta gente de su dolor ha sacado la posibilidad de crear algo, cuánta gente de su enfermedad ha sacado la misión de ayudar a otros que padecen lo mismo, el dolor es también una misión.

Muchas veces cumple la función de corregir. Cuando no hay zapato que apriete es cuando normalmente se descarrila. El dolor recuerda la mortalidad y que nada es eterno, que hay un cuerpo para cuidar, una familia que preservar. El dolor siempre trae enseñanza.

No busquemos culpables, no señalemos. Tengamos la capacidad de “mirar para adentro”. A veces la solución al sufrimiento es más sencilla de lo que imaginamos. Sin darnos cuenta el drama, la desesperación, la inmadurez y hasta la negación, no nos permiten ven el panorama con claridad. Pare, respire, entregue sus cargas al poder superior en el que crea y verá como el dolor va siendo menos incisivo hasta que olvidamos su existencia y logramos superar las crisis, casi sin darnos cuenta.

Jaime Valdivieso C.  

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO