¡Ay mi madre!

11 de mayo del 2012

Artículo originalmente publicado en http://elcentauro.co Es el día de las madres, es el mes de las mamás, es la época del año en la que los hijos malcriados y desagradecidos, como por arte de magia, recuerdan que no vinieron solos al mundo y deciden agradecerle aquella persona que les dio la vida. Esos nueve meses […]

Artículo originalmente publicado en

http://elcentauro.co

Es el día de las madres, es el mes de las mamás, es la época del año en la que los hijos malcriados y desagradecidos, como por arte de magia, recuerdan que no vinieron solos al mundo y deciden agradecerle aquella persona que les dio la vida. Esos nueve meses incómodos (que ni un solo hombre soportaría), los dolores de parto (que tampoco serían soportado por un macho macho, por muy macho que sea) son recompensados con 30 días especiales, probablemente un almuerzo especial o, en el peor de los casos, con un artículo publicado online en honor de la mamá de aquel autor tacaño que no consiguió mejor manera de celebrarle el día a su progenitora. Ser madre es una tarea dura (solo comparable con soportar su cantaleta) por eso hay que agradecerles.

Mi mamá, aunque suene egocéntrico, poco creíble y no muy original decirlo, ¡es la mejor mamá del mundo! No necesito pruebas para que me crean, sin embargo, como hijo orgulloso y chicanero que soy, no ocultaré que ella es una verdadera artista: su más grande creación (aunque solo sea por el número de centímetros que mide) es  digna de admiración, refleja humanidad, transmite vida, tiene pensamientos propios y no se está inmóvil en un museo (sí mamá, estoy hablando de mí). Pero contrario a un escultor que termina su obra, la vende, se olvida de ella y se hace famoso por su trabajo; mi mamá no me vendió, nunca me olvidará (al menos que le de Alzheimer) y nunca será famosa gracias a mí (es tiempo de reconocerlo mamá, probablemente nunca gane el Nobel de Literatura).

Ella, persona generosa y caritativa, aunque no sabe mucho de derecho ni de política, aunque no simpatiza con el comunismo ni el socialismo, es autora de una frase que, de aplicarse, revolucionaría la jurisprudencia existente sobre el hurto y sería el principal lema del chavismo en Colombia: “Las cosas no son del dueño sino del que las necesita”.

Desde que yo era pequeño lo ha dicho, es la frase que he escuchado cada vez que regalaba alguna de mis cosas, cada vez que compartía las galletas o galguerías que, se suponía, ¡eran para sus adorados hijitos! Nunca estuve de acuerdo con aquella tesis marxista-leninista, engendro de Fidel Castro, ¡excusa para compartir todo! Pero así son las mamás…siempre tan generosas y bonachonas, al final uno termina acostumbrándose aunque no quiera.

En su homenaje, la primera vez que tenga que defender a un amigo de lo ajeno, cuando tenga que hablarle a un juez de la república para justificar por qué robó lo que robó, le diré que no hizo nada indebido, que fue algo normal, que de acuerdo a la doctrina criminal contemporánea su comportamiento no fue un delito pues aplicó el principio constitucional de “las cosas no son del dueño sino del que las necesita”. Con lo laxos que son los honorables jueces de este país, seguramente mi cliente estará libre, ¿y gracias a quién? A mi sabia mamá.

Cuando Piedad Córdoba sea Presidenta de Colombia (yo sé, yo sé, la sola idea genera escalofríos) sin ningún problema podrá nacionalizar cuanta empresa extranjera o nacional quiera, ni siquiera se tendrá que esforzar en justificar su decisión, con un simple “las cosas no son del dueño sino del que las necesita, y el Estado necesitaba esa empresa” las madres del país estarán convencidas de que la medida tomada por la mandataria fue la correcta. ¿Y gracias a quién? A mi mamá.

Hoy, en aquella fecha especial creada por el comercio (con el apoyo del sindicato de mariachis) para vender flores, dar serenatas y vender muchas ollas planchas y sartenes; tengo que decirle a aquella mujer responsable de la persona que soy en la actualidad, que aunque hace muchos años no le he dibujado una de esas tarjetas que cuando niño le regalaba, mi amor infantil sigue siendo el mismo. Feliz día mamá.

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