Barcelona y sus artistas del ligue

Barcelona y sus artistas del ligue

16 de marzo del 2019

En la Barceloneta, tan solo a unos tres o cuatro metros de mí, había un grupo de adolescentes aprendiendo a seducir, jugando a ser  PUA,  Pick Up Artist, (artistas del ligue). Se educaban en el Montserrat, los identifiqué por sus uniformes. Estaban tan aturdidos como si fuera la primera vez que se encontraran frente a un sexo diferente al suyo. Me fijé en ellos, claro; en su inexperiencia y en sus cuerpos había algo que me había pertenecido años atrás. Parecía más bien una reunión de nostálgicos, aunque también un clan de arquetipos: el gordito miedoso, la fea insolente, el llorón, la invisible, el maduro. .. Asimismo había uno con la mirada confusa y la sonrisa artificial: era yo, y no fue agradable verme allí después de tantos años. El caso es que me puse a especular sobre el futuro de cada uno de ellos y vi cómo, dejando atrás la adolescencia, atravesaban una juventud y penetraban en el territorio de la madurez sin que nada importante ocurriera dentro o fuera de ellos. Iban perdiendo el pelo y la inocencia; cambiaban de carro, de casa, de pareja; tenían hijos que años después, representaban un papel semejante al que ahora, hipnotizado, con cerveza en mano contemplaba yo.

En esto, vi venir por el otro extremo de la playa a un colombiano que vendía  souvenirs de La Sagrada Familia y alfombras Catalanas. Llevaba las alfombras colgadas del hombro derecho y caminaba inclinado hacia la izquierda para equilibrar su peso. Se paraba delante de la gente, les explicaba algo sin mucha convicción, y continuaba moviéndose entre los cuerpos gloriosos de la arena con la calidad de un aparecido. Todo el mundo sabe que es imposible vender una alfombra en una playa; sin embargo, yo he visto a este hombre en otras playas. También lo he visto en algunos barrios de Medellín, Cartagena y Madrid. Inclusive, una vez lo vi caminando por las calles del peligroso barrio Santa Fe, principal zona de tolerancia De Bogotá. Siempre bajo un sol de justicia, aplastado por el peso de una mercancía imposible, pasa por nuestras vidas un momento y nos hiere de muerte. El adolescente de la mirada confusa me miró con miedo, como si él o yo hubiéramos estado a punto de ser ese vendedor de alfombras. Estuve por decirle que aún no nos habíamos librado del todo.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.