Barú, casi el paraíso

28 de septiembre del 2018

Por Salua Kamerow.

Barú, casi el paraíso

Foto: Salua Kamerow/ KienyKe.com

Solo un lugar tan paradisíaco como este puede llamarse isla cuando está localizado en una península. Barú es sinónimo de placer, diversión y relajación. En Barú todo es mágico, desde el acento del cartagenero de a pie hasta la solicitud de una piña colada del turista con acento de gringo.

La música de fondo te recuerda constantemente que estás de viaje en el Caribe colombiano, que durará poco y que lo extrañarás. La playa es limpia, el agua cálida, la arena suave y el cielo azul claro. Las nubes parecen algodoncitos ubicados estratégicamente para tapar los rayos del sol, ahí cuando buscas asiento en el camellón sin querer broncearte y solo para escuchar los latidos del mar.

Mi familia y yo nos hospedamos en el Decamerón; el transporte desde el aeropuerto de Cartagena hace parte del paquete que ofrecen, además, con bebidas alcohólicas, comidas y algunos deportes acuáticos. El lugar tiene tres piscinas gigantes, y los edificios se ubican estratégicamente cerca de la orilla del mar para ofrecerle al turista la vista desde la habitación.

Fueron cinco días de deleite con cada detalle y actividad. Las comidas autóctonas son un reflejo de esa porción terrestre donde uno se ubica mientras visita Barú. Desde la tradicional sopa de mote de queso Sincelejana hasta la incambiable culinaria italiana propia del inmigrante que llegó a quedarse desde hace varias décadas en la región Caribe.

Hay de todo para hacer: careteo, moto de agua, esquí acuático, vela, surfeo, buceo, etc. Mi actividad favorita fue ir a nadar llegada la noche y observar la luminosidad fluorescente del plancton fosforito, el cual no es captable por el lente de la cámara, o al menos no de la mía.

Cerca de Barú hay dos lugares increíbles que recomiendo visitar: Playa Blanca, a donde se puede llegar por tierra o en lancha y es una playa ubicada al sur del Decamerón de Barú, donde se puede almorzar y jugar con la arena blanca o montar la banana o moto de agua. Desde el Decamerón de Barú ofrecen también transporte a islas del Rosario, pero hay que asegurarse de que le expliquen para dónde va y por cuánto tiempo.

El mar estaba un poquito picado mientras estuvimos en isla del Rosario y fue un poco frustrante no tener a dónde llegar a pisar tierra sólida. Además, por andar buscando lo barato, terminamos montados en una lancha tipo buseta (paró en varios lugares a recoger y dejar pasajeros).

Barú tiene unos precios accesibles. Es una isla tipo San Andrés, pero un poco menos sofisticada. No hay comercio, pero sobre la orilla del mar encuentras perlas hermosas y naturales, y sí, mucho coctel de camarón, las infaltables trencitas y los masajes que tanto le gustan a la gente del interior.

Una de mis ambivalencias es ver que el Decamerón se beneficia tanto de la zona y la carretera para llegar al resort no tiene pavimento y hay demasiada pobreza alrededor. Uno se imaginaría que el Decamerón quisiera mostrar una buena cara del área, pero no es así. Además, cada vez que uno decide salir del resort le hacen firmar que sale bajo su propia responsabilidad.

Barú tiene esa magia propia del caribe colombiano, pero aún necesita atención del gobierno porque mientras se está en los hoteles, todo es extraordinario. Sin embargo, al salir hacia la zona donde están los habitantes, se puede notar el deterioro de la infraestructura que le hace pensar al turista que afecta su seguridad.

Así me despido, hoy desde Barú, mañana desde Nueva York.

@donajodona

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