Basura

4 de agosto del 2012

Sólo vivo con lo que me es permitido. Sólo me gusta lo que puedo hacer sin coacción externa.

Lo que hago no es movido por el deseo sino por el azar. De mil cosas que deseo solo una me la concede el destino. Por lo general, la menos deseada de todas. La ‘libertad’ de actuar está condicionada por un conjunto de posibilidades que me cohíben y sobre las que no puedo ejercer ningún control. Yo no soy lo que quiero sino lo que puedo ser gracias a lo que me condiciona. Y no sé si ser agradecido con el destino; debería maldecirlo; de seis billones de posibilidades se ensañó conmigo y me tocó ser yo; algo que nunca decidí, ni me fue consultado. Nunca decidí nacer; y cuando me obligaron a nacer nadie me preguntó si quería crecer rodeado de tanta mierda. Ahora que soy grande, no me puedo morir; me he ido acostumbrando a ser, mediocremente, pero ser.

De todo lo que veo hay ciertas cosas que me agradan, y son precisamente las que todos rechazan. Por eso me siento bien deseándolas a ellas. Me gusta el trago, mucho. Me gusta fumar, más que comer por momentos. Me gusta escribir, algo que ya nadie suele hacer a menos que sea para pagar algo o para herir a otro. Me gusta pensar que soy casto cuando todas quieren procrear. Me gusta aparentar que obedezco cuando lo que está de moda es la rebeldía injustificada, la que ama al Che pero no lo conoce. Aparento ser pobre cuando todos ostentan ser ricos. No me gusta la filosofía, mientras todos pretenden filosofar sobre cuanta pendejada ven. Me gusta leer, pero sólo a Bukowski o lo que se le parezca en desesperanza. No me gusta soñar. Hace tiempo dejé de anhelar lo que no puedo ser. Solo vivo con lo que me es permitido. Sólo me gusta lo que puedo hacer sin coacción externa. Por eso no amo a nadie. No quiero condicionar mi amor a una sola persona, pudiendo amar a los 6 billones de personas que no son yo. Entre tantos, en últimas no amo a nadie. El viejo se llevó el poquito amor del que era capaz y del cual Carito ya se había llevado gran parte también. A la vieja le tocó quedarse con lo que ya poseía de mí. Lo que queda de mí no es más que letras. Lo único bueno que puede salir de mí, si es que al pesimismo se le puede reconocer alguna belleza. Tal vez sí. La belleza de lo trágico que no espera nada de nadie pues sabe qué puede y qué no. Yo sé que no puedo ser buen escritor, por eso, escrito irredento, morirás en mi computador y en la memoria de unos cuantos lectores fieles, que ante la poca iniciativa mediática encuentran un motivo para soñar, como lo hago yo cuando leo algo que me impacta, que pueden escribir mejor que el imbécil que están leyendo.

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