BOGOTÁ CAPITAL MUNDIAL DE LA POLÍTICA DEL TAPETE

17 de junio del 2011

Por Gabriel Benavides

Durante las últimas semanas Bogotá ha sido testigo ciego y sordo de una problemática que, como una olla a presión, nos dejo “en bajo” el gobierno del señor Álvaro Uribe Vélez.

En primera instancia, finalizando el mes de mayo más de cien personas miembros de la comunidad Embera provenientes del alto Choco y desplazados por la violencia desde hace más de siete años se vieron en la penosa situación de llegar a la Plaza de Bolívar pidiendo una ayuda al gobierno para conseguir un lugar donde dormir tras ser desalojados por el dueño de un inquilinato que amenazaba de ruina. Este problema ya se ha presentado varias veces y la administración distrital y el gobierno nacional en su momento, encontraron como solución subirlos a unos buses y “devolverlos”, sin tener en cuenta que este pueblo no son un número más del desplazamiento al que nos tuvo habituados el doctor Uribe, los Embera y las comunidades indígenas no son desplazados ellos son DESTERRADOS.

Las comunidades indígenas han sido desterradas por los actores armados de una guerra que por lo menos ahora volvimos a reconocer, pues duramos ocho años donde se pretendió ocultar intentando tapar el sol con un dedo bajo el discurso de la extrema derecha, pretendiendo eliminar del escenario político y hasta lingüístico a los grupos armados subversivos. Estas comunidades indígenas fueron desterradas por estos actores y luego desplazadas hacia las grandes urbes, recibiendo como respuesta de los organismos estatales responsables de esta problemática unos cuantos centavos que correspondían a una supuesta ayuda humanitaria.

En la Grecia y Roma antiguas el hogar no correspondía a una edificación donde se hospedaba el hombre, NO, el hogar era el lugar donde estaban los ancestros enterrados y claro, donde estaba el fuego que era la representación de éste. En el mismo sentido en las comunidades indígenas no podemos decirles que un inquilinato en el barrio La Favorita se puede convertir en su hogar con la “ayuda humanitaria” de un Gobierno Nacional que permitió que los paramilitares sacaran de sus territorios a millones de colombianos, por el contrario lo que estamos haciendo con esto es enterrar sus costumbres y desvirtuar totalmente la idiosincrasia del pueblo colombiano.

Tras llegar esta comunidad, contando con más de cuarenta niños, a la Plaza de Bolívar los trasladaron a un jardín infantil en la Localidad Diecinueve, Ciudad Bolívar. Allí en tres cuartos se acomodaron como pudieron durante casi tres semanas, con la sorpresa que un líder de la zona, de la forma más ruin y mezquina amenazaba con sacarlos a palo y piedra si la Alcaldía de Bogotá no los sacaba de este lugar; este líder de la comunidad de Ciudad Bolívar, en sus pretensiones electoreras olvido y dio por descontado que el problema de desplazamiento en Colombia es de todos y todos tenemos que ofrecer soluciones. Esto en la medida en que participamos con nuestro silencio y avalamos que la política nacional fuera permeada por los paramilitares durante los ocho años de gobierno del señor Uribe.

Pero el lío no se quedo allí en los berrinches de un líder de extrema derecha que pretendía solucionar todo a los golpes, la cosa es que dentro de las políticas del gobierno llámese nacional, distrital o local, lo que prevalece es la política del tapete, y acá lo realmente importante es esconder todo lo que no nos gusta, “devolverlos” a unos territorios que ya no son los suyos, llevarlos a donde a diario el ejército se enfrenta con la guerrilla o a zonas política y militarmente dominadas por los paramilitares, ahora denominados con el eufemismo de BACRIM, y deshacernos de ellos, como quien espera en la puerta de su casa que pase el carro de la basura, para luego esperar sentados en el andén que lleguen nuevamente a Bogotá tras ser violentados por los actores armados.

Pero volvemos a la Plaza de Bolívar, esta semana llegaron provenientes de Santander, una docena de discapacitados cuya suerte está a la deriva por la negligencia y falta de humanidad de las empresas prestadoras del servicio de salud y por su parte de las empresas aseguradoras de riesgos laborales, todas ellas creadas, mantenidas y alcahueteadas por el señor Uribe Vélez, quien siendo senador transformo la ley para garantizar que la salud se convirtiera en un negocio y algunos pocos se vieran beneficiados con estos recursos, y durante sus dos mandatos permitió que hicieran, literalmente, lo que se les diera la gana.

Estos hombres discapacitados están encadenados a las astas de la Plaza de Bolívar exigiendo que les solucionen algo. Mineros que por accidentes laborales no pueden trabajar y postrados en una silla o una cama observan como sus familias se desintegran por la falta de ingresos económicos. Todos esperando que los emporios de la salud se dignen a atenderlos o a reconocerlos como discapacitados y asumir su responsabilidad tras hacerle pagar por muchos años un servicio que generalmente nunca se utiliza.

Pero claro, ante estos casos la comunidad bogotana sigue ciega y sorda, es evidente que el problema de movilidad y las denuncias por corrupción son el tema fuerte de Bogotá, pero es hora que nos develemos y encontremos que la problemática política en la que estamos inmersos, heredada tras ocho años de gobierno del señor Uribe Vélez, nos toca a todos y dejemos esa actitud mezquina de la política del tapete.

Addendum: Además de estos problemas tenemos lo de Agro Ingreso Seguro, las Chuzadas, la violación sistemática de derechos humanos, el hermano del anterior ministro de interior y muchos de los parlamentarios que apoyaron a Uribe en la cárcel por parapolítica, al intervención en el Ministerio de Protección por el desfalco a la salud; el viejo adagio popular dice que todos los caminos llevan a Roma, ahora debemos decir que todas denuncias llevan a Uribe.

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