BOGOTÁ UNA OBRA MAESTRA SIN TERMINAR

4 de agosto del 2011

Bogotá debe asumir su papel protagónico en la formulación de políticas culturales que transformen la realidad social y le aporten a la construcción de comunidades cada vez más libres y defensoras de sus derechos. Es por ello que en épocas electorales, el sector cultural no debe mantenerse alejado de este debate y por el contrario […]

Bogotá debe asumir su papel protagónico en la formulación de políticas culturales que transformen la realidad social y le aporten a la construcción de comunidades cada vez más libres y defensoras de sus derechos. Es por ello que en épocas electorales, el sector cultural no debe mantenerse alejado de este debate y por el contrario aportar desde su quehacer, su saber y su ser a la construcción de propuestas cada vez más incluyentes, participativas y de construcción colectivas.

Las diferentes manifestaciones artísticas han sido la punta de lanza de las batallas por las reformas sociales, de las manos de pintores, músicos, escritores y demás miembros de la comunidad artística la sociedad ha recibido los pases hacia la libertad; hoy no pueden quedarse esperando que el mundo pase y decida sobre todos, por el contrario la sociedad entera les exige a gritos que su participación sea activa y se den la batalla por unas libertades y unos derechos cada vez más vilipendiados.

Desde las letras, es importante que las plumas se levanten y pongan su voz en el infinito para gritarles con susurros a los arrogantes burócratas cuantas verdades permita la tinta, para callar con cantos elegiacos la soberbia infame de quién ha pisoteado los procesos.

Así mismo, las notas musicales, los acordes, los arebesques, los plies, los trazos y pincelazos deberán encauzarse para proponerle al mundo entero una nueva forma de ver el mundo; donde los niños, los jóvenes y los ancianos se sientan parte de un mundo que les pertenece y del cual tienen derecho a disfrutar.

No podemos, como sociedad, seguir permitiendo que un grupúsculo de aterradores nocturnos y enterradores de la palabra se empoderen de escenarios grandilocuentes para embellecer sus estragos y catapultar sus pretensiones, es hora de callar los gritos sordos con pintas multicolores y avasallar con la cadena de los afectos los odios enquistados.

El arte y sus actores son determinantes en muchos procesos, pero hoy en día los procesos electorales exigen su compromiso y continuidad.

Artistas y gestores culturales en sus manos encomiendamos el futuro de esta sociedad descompuesta y corroída por la mórbida acción de una administración distrital que se encargó de repartir la torta.

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