Canibalismo político

7 de febrero del 2017

A más de un año de la primera vuelta presidencial, los partidos están en plena guerra civil.

opinion

Esta republiqueta cada día más tropical es sacudida semanalmente por un escándalo político. Hace unas semanas era el tema del hackergate que salpicaba a Santos en un posible complot para desprestigiar la campaña de Oscar Iván Zuluaga y asegurar su reelección. Una semana más tarde el escándalo le correspondía a Cambio Radical, partido del vicepresidente Vargas Lleras que respaldaba con avales a los principales líderes guajiros acusados de todo tipo de delitos, desde asesinato a corrupción. Hace dos semanas estaba en furor el tema de Odebrecht que salpicaba a las ministras consentidas de Santos, Cecilia Álvarez y Gina Parody.

La semana pasada fue el turno del Centro Democrático con las denuncias del asesor político brasileño que fue contratado por la campaña de Zuluaga y que supuestamente fue pagado parcialmente por la cuestionada firma de ingeniería Odebrecht. De menor calibre pero también significativos son los ataques de Robledo a Clara López, acusada de haber cedido a la tentación burguesa ministerial. A Petro le reclaman que asuma los fallos de responsabilidad fiscal decretados por la Contraloría Distrital. Hay ataques contra el invisible ministro de Justicia del partido verde por su ausencia de todos los debates de su cartera pues estaría pensando en lanzarse a la presidencia. O la tensión creciente entre los conservadores dignos y los enmermelados.

A más de un año de la primera vuelta presidencial, los partidos están en plena guerra civil. La larga lista de aspirantes presidenciales declarados (Ordóñez, Oscar Iván, Iván Duque, Carlos Holmes Trujillo, Marta Lucía Ramírez, Germán Vargas, Humberto De La Calle, Claudia López, Sergio Fajardo, Robledo, Petro y Teodora) sin contar otros posibles, confirma que nuestras agrupaciones son tan sólo conjuntos temporales de aspiraciones electorales. No hay coincidencias ideológicas ni estrategias comunes. Tan sólo se aprecian los codazos, zancadillas y juegos sucios de unos contra otros.

La opinión publica observa este triste espectáculo con asombro. Muy poco prestigio le queda a la clase política colombiana salpicada hasta el tuétano por la corrupción, la mermelada y la falta de independencia frente al gobierno. Este canibalismo político transmite una sensación de asco y desconfianza. Asco por todo lo que se destapa y desconfianza porque parece existir un plan para metódicamente ir debilitando todas la opciones políticas, buenas, regulares y malas.

Los únicos ganadores de este canibalismo son los abstencionistas que se refugian en el cómodo argumento de que “todos son una porquería”. También ganan las Farc que se relamen mientras ven como los demás se autodestruyen. Seguimos en la Patria Boba.

 Miguel Gómez Martínez

Asesor económico y empresarial

migomahu@hotmail.com

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