Carl Jung, el siquiatra y sus experiencias del más allá

19 de enero del 2015

Varias experiencias espirituales lo marcaron profundamente. Regresar de la muerte, una de ellas.

Para Carl Jung, el famoso siquiatra, el mundo onírico es un territorio lleno de paisajes, personajes, mitos y símbolos, en el que confluye el mundo terrenal y el espiritual, el sicológico y el parasicológico, y allí el alma constituye su portal de entrada. Todo ello en su conjunto es el inconsciente Junguiano: un mundo de deseos inconfesados, de instintos reprimidos, pero también de mensajes provenientes del más allá, expresado en jeroglíficos o criptogramas dispuestos para la comprensión de un lector atento. Es el reino de las ideas y del arte. El reino de la inspiración artística y la creación. De lo mundano y lo divino. De las experiencias exotéricas y esotéricas.

Jung a lo largo de su vida experimentó fenómenos singulares, según relata en su autobiografía. En sus sueños pudo visualizar, por ejemplo, la primera guerra mundial antes de que sucediera; también se reunió con su padre, pocos días después de fallecido, en lo que supuso un encuentro bastante real para ser solo un sueño; y cuando escribió sus innumerables libros, siempre sintió la presencia de espíritus, particularmente de un gurú espiritual de nombre Filemón, según relata. Pero quizá la experiencia que más lo sacudió fue aquella en que su vida casi se le escapa: Abandonó su cuerpo, ascendió y divisó un templo hindú. Según refiere, se sintió universal y comprendió sus vidas pasadas. Pero al regresar, se vio golpeado por la sensación de estar en una prisión a la cual por fuerza debía adaptarse. Una prisión que le hacía creer a la gente que el mundo material era deseable, codiciable. Una prisión que era a la vez una celda o “cajita individual”, distanciada del resto de celdas, ocupadas a su vez por infinidad de individuos. Es decir, un mundo ilusorio fragmentado, que difería radicalmente de la conexión universal que caracterizó su viaje astral.

Por ello su visión científica buscó integrar estas otras facetas de la naturaleza humana. No podía concebir una epistemología del fenómeno sicológico sin reparar en el alma y la experiencia espiritual que acompaña a todo ser humano. Y en dicho proceso, se intereso por la alquimia, el gnosticismo, la antropología y la religión. De esta forma construyó su sicología analítica como un sistema holístico, y por lo mismo, comprensivo de todas las dimensiones o planos físicos y metafísicos del ser humano. Un sistema integrado alrededor del alma, y sus múltiples realidades.

Consideraba que solo a través de la experiencia el hombre conoce a Dios. Que los dogmas y principios de autoridad no lo permiten. Que la vida del hombre es como una mandala: “formación y transformación eterna”. Que el mal y el bien provienen de una misma fuente (pues se preguntaba: ¿Quién permitió la presencia de la serpiente en el paraíso? ¿Quién permitía el mal? ¿Quién permitió la soberbia que precedió al ángel caído?), y que el hombre viene predestinado para lo uno y para lo otro, en la medida en que se encuentra sometido a la voluntad de Dios.

Fuente:
Recuerdos, sueños, pensamientos/ C.G. Jung, Editorial Seix Barral, 1996

@amvela

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