Señores de Anonymous,
Debo confesarles que he perdido todo el respeto que alguna les tuve. Ya no leo sus comunicados y mucho menos me divierto con sus vídeos. ¿La razón? No sé si ahora son una fuerza política consolidada en los medios digitales o una guerrilla ilícita que tira la piedra y esconde la mano tras direcciones IP ficticias.
Aquello de que “we are Anonymous. We are Legion. We do not forgive. We do not forget. Expect us!” ya no lo creo: no me siento parte de ustedes. Mucho menos desde que en 2010 iniciaron los ataques a cuentas privadas para robar información y ganar popularidad.
Recuerdo bien cómo la cuenta de Twitter del periodista y escritor Daniel Samper Ospina (@DanielSamperO) cayó en las manos de Johan Armando Cubillos, un muchacho colombiano que a sus 23 años se unió a una causa similar a la de ‘no olvidar’ y reveló sus datos privados y personales.
Se me viene a la cabeza ese caso por una sencilla razón: Samper Ospina no fue el único afectado en el ataque: en total, más de 11 mil personas vieron vulnerado su derecho a la privacidad con la publicación de la base de datos del ya citado director de la Revista Soho. Lo peor es que algo parecido ha sucedido con muchos otros casos similares que Anonymous sí ha cometido.
Justamente, los ataques informáticos a los perfiles oficiales del ministro del Interior de Colombia, Germán Vargas Lleras, y los dos candidatos a la Alcaldía de Bogotá en las pasadas elecciones regionales, Gina Parody y Enrique Peñalosa, son ejemplo de ello; sin descontar la usurpación de la identidad del presidente Santos en Facebook, a mediados de 2011.
No pretendo, ni mucho menos, tildarlos de terroristas - como lo hizo el jefe de la cartera del Interior-, pero sí cuestiono públicamente sus métodos. La extraordinaria figura de V de Vendetta ahora no es más que sinónimo de irresponsabilidad. Debo reconocer, claro está, que disfruté bastante con la interceptación de la cuenta del ex presidente Uribe, pero esa es otra historia que en la misma medida abusa contra lo que aquí denuncio.
Lo que más me dolió, señores, fue la muerte de mi emoción de cómplice con su accionar. Hace algunos días, llegué al límite en medio de una de las batallas en las que volví a confiar en ustedes y en la que me defraudaron: la Word Web War contra el FBI en el caso Megaupload. Eso de utilizar la IP de los visitantes a sus blogs para atacar con solicitudes de entrada a las páginas, sin antes advertir que lo harán, es una contundente cobardía de su parte. Cobardía a la que ya no le gasto mi tiempo on-line.
Por lo mismo, les deseo suerte en sus propósitos y fuerza para combatir en esta guerra que ahora inicia. El día en el que retornen a las luchas “payback” de la vieja época, seré el primero en esconderme tras la fachada del personaje de cine. Antes sólo me dedicaré a preguntarles: ¿Anonymous caerá en el aún más desagradable juego del terrorismo mediático?
Atentamente suyo,
Alejandro Rincón Moreno - @AlejoRinconM.
Esquirlas (parafraseando):
Nefasto, el presidente Santos pidiéndole perdón a uno de sus antecersores por llamársele a responder por uno de los peores episodios de este país en el que él tiene qué ver. Terrible, las acusaciones y citaciones relámpago de la Fiscal a María Isabel Rueda. Hermosos, los indígenas peruanos que han logrado escapar de la 'humanidad' desde hace 10 años.

