Lo que una consagrada católica odia de las misas

23 de marzo del 2016

Paola la Católica detesta, entre otras cosas, la presencia de los niños.

Lo que una consagrada católica odia de las misas

La misa tiene un significado muy importante para los católicos porque después de una semana llena de trabajo, preocupaciones y angustias, poder compartir con otras personas en la iglesia hablando de Dios, escuchando apartes de la biblia, alimentarnos de la hostia, dar la paz desinteresada a un desconocido, son cosas que no tienen precio, pero no todo puede ser maravilloso.

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Hay algunas que no me las aguanto. Espero no ofender a otros católicos con mis angustias existenciales cuando asisto a misa.

No aguanto a los niños en las misas. Estas pequeñas criaturas llegan calladitos junto a sus papás, pero cuando empieza la homilía, se acuerdan que tienen que cansar.

Además: Me miraban de arriba a abajo, como si tuviera algo raro, es miércoles de ceniza

Empiezan a llorar, tienen hambre, quieren jugar, pasear por toda la iglesia y patear, sí patear la silla de quien tienen al frente. El otro día entraba a la iglesia con mi hermana y detrás de nosotros había una pareja con tres niños, uno de cinco, otro de tres y una bebé recién nacida. El niño de cinco empezó a patear mi espalda, me estaba poniendo molesta, lo voltee a mirar. La mirada dijo mucho. El papá del mocoso lo regañó.

Pero la idea no era que lo regañara, el niño no entiende de qué habla el señor de sotana, por su mente solo piensa en jugar, molestar, caminar, pasear. No estoy de acuerdo que los niños tengan que asistir a misa, no los obliguen a ir, déjenlos con la abuela o si no pueden, madruguen a las seis de la mañana a ver al padre Chucho o Lineros por televisión.

Otra cosa que me molesta y me pone de mal genio, es escuchar a los niños llorar y gritar. Los papás solo los cargan y los cuchichean para ver si se callan. Un niño como esos no deja escuchar la palabra. Sus ruidosos alaridos lo impiden. Entonces me provoca decirle a la señora: ¡Hey saca al niño, no seas egoísta, el niño quiere un poco de aire! ¿Por qué no se lo das?

Pero no, la señora tiene el mejor oído del mundo, escucha el sermón del padre al mismo tiempo que escucha a su hijo llorar. ¡Qué ejemplo!

Siguiendo con mi lista de angustias existenciales, me molesta que en la homilía se hablen de temas que no tienen nada que ver con el evangelio escuchado. El padre comienza a dar su punto de vista de algunos temas coyunturales de la sociedad, es válido, pero a veces se desfasan con anécdotas y frases incómodas. Por ejemplo: “Las mujeres deben ser obedientes en el hogar”, “debemos ser muy generosos en la limosna” o “una persona me contó que una vez que…” si esa persona le contó al padre eso en una confesión, no creo que este tenga que andar cantándolo todo en la misa. Hay curitas muy chismosos.

En el momento de darnos la paz, hay gente demasiado saludable, y está bien, esa es su su forma de ser. Pero me pregunto: ¿Ese saludo es natural o es fingido? ¿Saludará con el mismo ímpetu a la gente que se encuentra en Transmilenio o en el supermercado? Sé que es un signo de paz, pero solo lo hacemos porque el padre lo dice, como una etiqueta, pero muchas veces nosotros casi nunca practicamos lo que dicen en la biblia.

Pero así como hay gente demasiado saludable, también existen personas poco saludables. A mí si me gusta estrechar la mano de la gente y que sea fuerte, el saludo hace parte de la personalidad de cada persona.

En una ocasión estaba en misa y en el momento de la paz saludé a una señora que estaba a mi derecha, la mujer me rozó la mano y la dejó caer como si yo tuviera lepra o alguna enfermedad contagiosa, por supuesto que la mire mal, no concibo que uno estando en misa no sea capaz de estrechar con fuerza la mano de un hermano.

Hay gente afuera del templo que está con unos carteles pidiendo dinero, eso no me molesta, pero sí que lo hagan  dentro de la iglesia, en pleno sermón, estas personas pasan con sus carteles como si lo que dijera el padre  no les importara, me parece una falta de respeto, si van a pedir dinero, pídanlo afuera del templo. Gracias.

Por último, quiero expresar mi inconformismo por la forma como los padres piden el diezmo a los feligreses, ya sea para la ampliación del templo, para los pobres, para los grupos, para la contabilidad que hay que pagar o por lo que sea. No digo que sean todos, pero hay unos curitas que regañan porque el monto del dinero no es suficiente.

Me enfurece también que hay feligreces que están pendientes y se preocupan demasiado por si uno da o no dinero,  simplemente, les pediría respetuosamente: Apliquen lo que el padre dice en la homilía y prediquen el evangelio.

¡Feliz Semana Santa!

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