Celebremos o dejemos celebrar

2 de febrero del 2015

Siempre habrá quien ponga una dosis de amargura a cualquier triunfo colombiano.

Hoy le ponemos "pero" hasta a los premios que ganamos

La semana pasada, Colombia volvió a tener, por segunda vez, a “la mujer más hermosa del planeta.” Tuvieron que pasar casi 6 décadas desde la elección de Luz Marina Zuluaga en 1958, para que el premio volviera a quedarse en nuestro país.

Tengo que confesar que jamás en la vida he sido un seguidor de asuntos de reinas, desfiles, tendencias, ni nada de esas cosas. Sin embargo, me alegró que hubiera una colombiana, en algún lugar del mundo, que se estuviera destacando en algo. Como buenos colombianos que somos, volvemos cualquier cosa que pase o no pase, en el tema del más profundo y pasional debate. La coronación de la barranquillera Paulina Vega no fue una excepción y hubo de inmediato una explosiva reacción de comentarios y opiniones que con frecuencia rayan en el terreno de la hostilidad y grosería.

Los primeros descontentos de varios empiezan repitiendo el guión de “la belleza es una cosa muy subjetiva y ahí premian solo modelos construidos comercialmente y no resaltan la inteligencia, etc etc” (si usted ha escuchado a Lisa Simpson, sabe de qué le estoy hablando). Otros, no dudan en traer a colación la penosa situación del país -en cualquiera de las muchas cosas en que tenemos situaciones penosas- para demeritar certámenes como “Miss Universo”o cualquier otro.  Alguien decía por ahí que no era justo que nos alegráramos de algo “tan estúpido” como eso, cuando la situación de la educación del país era pésima. Otros decían que mientras unos andaban pendientes de babosadas como “reinitas”, en la Habana pasaba bla bla bla.

También fue así en el Mundial. Aunque el nivel de amor colectivo por lo que fue la Selección en Brasil 2014 fue muchísimo más grande que el reinado de Miss Universo -y sobre eso me imagino que no hay duda-, hubo quienes decían que el fútbol era pan para los ignorantes mientras el poder y el imperio nos poseía, que eramos zombies detrás de un balón cuando la corrupción seguía actuando y seguían habiendo niños con hambre. Y familias desplazadas. Y problemas de desempleo. Etc, etc… Pero aún así, Colombia jamás estuvo más unida que cuando con corazón en mano, cantaron el himno nacional antes de los encuentros oficiales del Mundial.

A mi me alegra cuando Nairo Quintana o Mariana Pajón ganan y sé que eso no va a acabar el hambre de mi país. Yo disfruto un buen partido de la Selección y se que eso probablemente no haga que dejen de haber niños huérfanos o maltratados. Celebro cuando las selecciones de patinaje nacional brillan en competencias y eso no subirá el salario mínimo. Como dije, no me gustan los reinados y probablemente difiera de muchas cosas de su filosofía. Igual, disfruté saber lo que ya sabía: Que las mujeres más hermosas están en Colombia.

Paulina, me imagino, debe ser una mujer dedicada y debió haberse esforzado por lograr lo que consiguió. No seamos tan trascendentales y al menos reconozcamos eso. Siempre será buena noticia que un colombiano vea recompensado su esfuerzo y disciplina. Permitámonos pensar que podemos sobresalir en cosas que no son necesariamente son noticias sobre drogas o muertes.

Utilicemos esas pequeñas excusas que se presentan, por estúpidas que sean, para celebrar algo. Y si no nos gusta, pues dejemos celebrar al que sí quiere.

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