Cita con Sergio

8 de junio del 2011

Después de verme el Padrino II, me acosté con una esperanza muy particular. No era ni Esperanza Gómez, ni la Esperanza que cuida en la noches a mi abuelo, era la esperanza de que al despertarme al otro día encontrara los pandebonos en la mesa, la mamacita de Carolina Cruz en el tv -o también en la mesa-, tenía la ilusión de ver un anuario de Publicidad que estaba esperando desde hace mucho tiempo y, sobretodo, toparme con mi cuarto debidamente organizado.

Al otro día solo me encontré con los pandebonos y con un día particularmente espantoso. Lo sospeche desde un principio, desde que me desperté a causa de la balacera en la que fui víctima en mi sueño, desde que vi el reloj y me di cuenta que eran las 10:30 a.m y no la 1:30 p.m, como yo esperaba. También porque vi que el mejor, y casi único jean que tengo se quedó sin lavar por no haberlo puesto en el tarro de la ropa sucia.

Cuando subí a la terraza a indagarle –reclamarle- a mi hermana, por qué se había quedado mi jean sin lavar, me dijo lo siguiente:

-Ay no mijito, yo entré a sacar el tarro de su ropa sucia y usted no se dio cuenta, quien lo manda -¿Será porque estaba dormido? me pregunte a mí mismo

–¿No vas a echar más ropa?- le pregunté a ella con la esperanza de que me dijera: claro, como no, ahora que traiga la ropa de la vecina, te lavo el jean por ahí derecho.

-No, no voy a lavar más. Pídale uno a mi mamá ahora que vamos a chipichape -mi mamá ya me había dicho que me iba a comprar uno finalizando el mes, el que pasó.

-A chipichape, ¿a qué? –pregunté.

-No sé –dijo- a dar una vuelta después de que lo peluqueen.

Tenía una cita con Sergio, el experto en hombres de una peluquería muy famosa, la cual no voy a decir (para no hacerles publicidad). El caso es que ya tenía cita con el famoso Sergio, y yo ni por enterado. Todo porque a mi querida madre se le metió a la cabeza el cuento de que a mí se me estaba dañando el pelo, dizque últimamente lo tenía muy crespo, que ya lo tenía muy desorganizado, que yo no era así y que eso era por peluquearme donde me peluqueaba antes, tampoco voy a decir dónde (porque ni nombre tiene).

No le di importancia a eso, pues igual ¿qué podía hacer? Es ella quien me da la plata para peluquearme, y si quería que me peluqueara en un sitio específico, pues, peluqueémonos donde ella diga, con tal que no se meta con el corte, claro está, nada de: “yo lo quiero calvo”, “hágamele la motica al muchacho”, “píntemele un par de rayitos”, ni nada que se le parezca.

-Bienvenido al artes francés ¿en qué le puedo colaborar?

-Buenas, soy el hijo de Yaneth, y tengo una cita con Sergio -tragué saliva, no supe muy bien como sonó eso.

-Sergio, ya llego tu cita -de inmediato me di cuenta como se oyó, volví a tragar saliva.

No tengo nada contra los peluqueros (aunque algunos piensen que me mantengo peleando con ellos, por aquello de lo despelucado que mantengo), tampoco soy de los que piensa que ser peluquero es sinónimo de ser gay, ni más faltaba. Solo que tenía un poco de nervios, pues desde hacía ya bastante tiempo que me peluqueaba donde Patricia, es mas, me atrevo a decir que esta era mi primera vez con un hombre, es decir, que me peluqueaba un hombre (en este tipo de cosas me gusta dejar todo bien claro). Además, no todos los días uno cambia las suaves manos de Patricia, por las aun más suaves manos de Sergio.

Para no extenderme tanto, les digo que no fue nada del otro mundo, no se demoró mucho, hizo lo que le dije que quería en mi pelo. No lo puedo negar, me sentía un poco extraño tras las miradas de mi mamá (quien ya había llegado) y de mi hermana, quien siempre me asesora en estos temas de la estética y la moda.

Al salir, vinieron los halagos de mi mamá, lo de siempre, que me veía muy bien, que me luce el peinado, etc, etc (ahí están pintadas las mamás: mentirosas como ellas solas). Después de eso, pronunció las palabras que estaba esperando durante toda la tarde:

-Vamos a chipichape

-¿A qué? –pregunté yo, como quien no quiere la cosa.

-A comprar su pantalón –tradúzcase jean.

-Mami, pero es que yo quiero unos tenis.

-A bueno, entonces compremos mejor los tenis.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO