Colombia vs Inglaterra y el diablo

19 de octubre del 2018

Por Camilo Villegas.

Colombia vs Inglaterra y el diablo

En pleno mundial de Rusia se me apareció el diablo y me dio a elegir entre dos opciones. La primera: que Colombia llegara a los cuartos de final, la segunda: que me ganara la lotería de Bogotá. Tuve un movimiento mezquino y le pregunté de qué cantidad estábamos hablando. Me dijo que podía ser un premio seco de 10 millones o el premio mayor de 6.000 millones y que no estaba autorizado a dar más datos.

Conociendo al diablo, supuse que me tocaría el seco de 10 millones. De otro lado, imaginé la decepción general, incluso la mía, si perdíamos contra Inglaterra, sobre todo ahora que los muchachos se habían colocado tan bien y que respetaban a Pekerman como a un padre. La selección, me dije, había devenido en un ejemplo de comportamiento familiar, aunque faltaba la figura femenina.

Los equipos deberían tener un entrenador y una entrenadora para huir del modelo sacerdotal, sobre todo en unos momentos en los que la iglesia, como acertadamente denuncian en los medios de comunicación, está tan amenazada por las iniciativas de sus mismos feligreses. Es obligación de todos colaborar al mantenimiento de los roles tradicionales con el mismo empeño que ponemos en difusión nuestras fotos en las redes sociales.

Le pregunté al diablo qué quería decir la expresión “cuartos de final” porque llevo desde el mundial de Italia 90 oyendo hablar de los cuartos de final y de los octavos de final sin saber qué rayos significa. En una de éstas, me lo pregunta mi prima y no quiero quedar mal. Ya le quedé mal con el fuera de juego, y delante del perro, que el pobre no tiene la culpa del Mundial.

Y es que, cuando me enteré de que Colombia había llegado a los octavos de final gracias al gol de Mina frente a Senegal, interpreté erróneamente que estaba entre los ocho mejores. Luego, viendo un programa en ESPN, comprendí con pavor que en los octavos de final había dieciséis. El diablo me reveló que en los octavos de final había cuatro grupos de cuatro equipos cada uno. Y que en los cuartos de final habría dos grupos de cuatro. O sea, que, de llegar a los cuartos de final, quedaríamos entre los ochos finalistas. No entendí la mecánica, pero asentí.

– ¿Qué prefieres, los cuartos de final o la lotería de Bogotá?, me apremió el diablo.

-Que sean los cuartos de final, dije en un arranque de generosidad (convencido de que me tocarían los 10 millones del seco, claro).

Esa tarde, estábamos viendo el partido: Francia vs Argentina (no iba a ser de la liga colombiana, no los veo, no soy un perverso) cuando mi prima intentó explicarme qué eran los octavos de final. La miré con horror y noté que se lo había explicado el diablo. De qué, si no, iba a saber ella una cosa así. Le dije que ya lo sabía y dedujo, por su parte, que yo también había hecho tratos con Satán. No logré averiguar qué le había propuesto a ella, pero me llamó idiota (y, lo que es peor, patriota) cuando le conté lo de la lotería.

-Conociendo al diablo, añadió ella, seguro que era el premio mayor: los 6.000 millones de pesos.

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