Cómo tranquilizar el bolsillo ante el nuevo año

Foto Javier Giraldo Acosta/Kienyke.com

Cómo tranquilizar el bolsillo ante el nuevo año

11 de enero del 2019

Si el panorama de estos días lo tiene preocupado, es hora de someter a un tratamiento de relajación a su bolsillo, que no implique meterlo en más dificultades, pero que le permita sacar adelante esas cuentas que empiezan a llegar para recordarle que quizá faltó moderación al final del año.

Ya lo decíamos en estas letras el año pasado, es el momento de armar un plan de reducción de gastos, de buscar nuevas fuentes de ingresos y de tomar conciencia de que la planeación resulta clave para evitar dificultades.

Lo importante es no desesperarse y tener un diagnóstico preciso para tomar decisiones serias. Considere estos escenarios.

En su trabajo:

  • ¿Puede reducir el costo del transporte? Podría confirmar si la empresa presta el servicio de ruta, así toque madrugar un poco más. Podría verificar si el transporte público le resulta más rápido y su tarifa es menor que lo que gasta a diario en gasolina y en parqueadero. Podría organizarse con compañeros para que compartan vehículo. Podría ir en bicicleta o caminando.
  • ¿Puede reducir el costo de comidas? A veces, la vida social del ambiente laboral sale cara porque toman como costumbre salir a comer a determinados sitios que tienen tarifas tan altas que golpean fuertemente su presupuesto. Por eso revise el valor de esas actividades para tener claro si su bolsillo resiste, más porque en muchos casos deciden que dividir la cuenta entre todos es un acto de amistad, pero algunos comen (o toman) más que otros. Pero también mire el valor de los dulces, los postres, la empanada en la tienda de la esquina. Si suma esos gasticos que parecen intrascendentes, encontrará una suma interesante (calcule que una bebida y una empanada pueden costar $ 3.200 diaros, o sea $ 64.000 al mes y si invita a alguien con quien charlar ese “gustico”…)

En su casa:

  • ¿Puede reducir el costo de los servicios públicos? Revise las llaves de agua para evitar goteras o escapes. No prenda todas las luces de la casa. No mantenga encendidos electrodomésticos que no está usando (el televisor que no ve, por ejemplo). No tenga encendida la estufa más de lo debido. Tome duchas cortas, más si le gusta el agua caliente. Enseñe esas medidas a quienes viven con usted.
  • ¿Puede recoger un dinero con lo que ya no usa? Gracias a las tendencias actuales de revisar qué es o no desecho han caído muchos mitos sobre el re-uso de cosas. Por eso, los roperos, los libros, los adornos y todo tipo de elementos pueden llevarse a ventas de segunda, o estar en anuncios de páginas electrónicas que tienen este propósito. Eche una mirada crítica y, seguro, encontrará algo que pueda darle mayor espacio a su vivienda y unos pesos que no tenía.
  • ¿Puede ganar descuentos por pronto pago de la administración? Si vive en propiedad horizontal, esté pendiente de esos beneficios que ofrecen a quienes pagan en los primeros días del mes. Además evita que se le pase la fecha límite y que de pronto, al contrario, deba pagar intereses. Esté pendiente de las facturas de los servicios públicos, porque si se vencen los plazos podría incurrir en cortes de servicio que implican elevados costos de reconexión.
  • Organice sus obligaciones para que no las incumpla. Sepa que por esta época los bancos están ofreciendo compra de cartera, reliquidaciones de deuda, préstamos sin mayores requisitos. Conozca, analice y haga cuentas sin dejarse llevar de los afanes de los vendedores. Si encuentra que bajando el valor de una cuota de una tarjeta o de un préstamo no incurre en una tasa de intereses que lo afecte, puede encontrar alivio para el corto plazo, pero sepa que eso le cuesta al largo plazo y ahí está el negocio de las entidades bancarias.
  • Busque los mejores precios de los productos que componen su mercado, para que no pague más de lo que toque. Piense si lo que paga en domicilios se justifica. Planee los gustos gastronómicos que se quiera dar.

En sociedad:

  • ¿Puede reducir los gastos de las rumbas? Revise qué tanto le están representando esas salidas frecuentes. Piense en el transporte, en la cuota, en el malestar del día siguiente. Considere espaciarlas y hacerlas en sitios en donde los precios sean menos ostentosos. ¿Se da cuenta que a veces paga solo por tomarse una foto en determinado sitio o porque sus amigos lo vean allá?
  • Si hace deporte en conjunto, defina que el objetivo es ese. Resulta curioso ver grupos que juegan fútbol temprano y le llaman “tercer tiempo” a una jornada de gasto de licor en un establecimiento. Lo que gana con el ejercicio queda perdido en el fondo de las botellas que tiene que pagar.
  • ¿Puede reducir los gastos de ropa y de aparatos? Cuántas prendas de vestir ha adquirido por moda, pero están en su armario entre las que menos usa. Eso no solo le duele a su bolsillo, sino al planeta, porque la ropa requiere del concurso de una gran cantidad de recursos y como debe ser duradera, no se degrada con facilidad. Considérelo. A la vez, la moda casi obliga a cambiar de teléfono celular con frecuencia, a comprar aparatos que no necesita pero con los cuales puede encajar mejor en su grupo social. Considere si puede pagar ese aparato o el plan que le implica y para cuánto tiempo lo está proyectando. Igual que con la ropa, la chatarra tecnológica solo la carga el planeta.

Estas son solo algunas ideas que pueden ayudarle a evitar dificultades económicas. Si se le ocurren otras, compártalas en los comentarios o en mi dirección de Twitter.

@jgiraldo2003

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