¿Copa de gigantes?

29 de septiembre del 2016

La Copa Libertadores, tal y como la conocimos, ha muerto. El 2017 trae consigo grandes cambios que, según el discurso, pretenden llenarla de vida pero que podrían terminar apagando su magia. Uno de los puntos que más impacto generó, es la decisión de jugar la final a un solo partido y en estadio neutral, tal […]

¿Copa de gigantes?

La Copa Libertadores, tal y como la conocimos, ha muerto. El 2017 trae consigo grandes cambios que, según el discurso, pretenden llenarla de vida pero que podrían terminar apagando su magia.

Uno de los puntos que más impacto generó, es la decisión de jugar la final a un solo partido y en estadio neutral, tal y como sucede con la Liga de Campeones y la Liga de Europa; pero muy seguramente con efectos diferentes.

A menos que a la final lleguen equipos del tamaño de Boca, Corinthians, Flamengo y River (que tienen hinchas en todo el continente), el partido decisivo no se jugará con estadio lleno ¿O cuando la sede nos toque a nosotros, vamos a pelearnos las boletas del River Plate vs Tigres como el de la final de 2015?

Eso sin decir que viajar a otro país en Sudamerica, así sea vecino, es más costoso y complicado que en Europa, donde un tren y la misma moneda unen naciones enteras. Los hinchas de equipos como Independiente del Valle, que derrumbando cualquier pronóstico logren llegar a esta instancia, no sabrán lo que es ver saltar su equipo en su cancha en un momento tan épico como una final continental. Tendrán que verlo por televisión, jugando a miles de kilómetros de casa.

Y es que querer copiar el modelo europeo puede terminar siendo un grave error sino se hace una debida transición. Otro de los cambios aprobados, por ejemplo, es el de hacer que la Copa Libertadores se juegue todo el año: de febrero a noviembre.

Algo que funciona del otro lado del Atlántico (septiembre a mayo) porque los torneos locales también son anuales y entregan un solo título por temporada. Contrario a eso, en la mayoría de nuestros países, cada semestre hay un revolcón y un campeón: los equipos se arman, según su billetera y pretensiones, cada seis meses y no cada año.

Y para alargar el torneo hay que incluir más equipos: la primera fase pasará a tener 24 en vez de 12. Además, con la propuesta en marcha de cinco clasificados por un ranking de puntos elaborado por la Conmebol.

En eso sí nos separaríamos de Europa, la nuestra no sería la Liga de Campeones de América, sino la Liga de los Históricos. Así estén en la olla ¿Por qué? porque ellos, los gigantes, mandan en los escritorios así no lo hagan en las canchas.

Una jugada política y económica que no pretende otra cosa que comprar los gritos de libertad de la Liga Sudamericana, un ente formado por varios equipos grandes del continente (encabezados por Boca) que reclama mejores premios y más dinero por televisión en torneos continentales.

Antes de que eso se convierta en una disidencia, la Conmebol paga su silencio: propone que los primeros de su ranking (que son los históricos) clasifiquen directamente a la Copa Libertadores, así estén peleando por no descender en sus países. Una bofetada para el mérito deportivo

Solo el tiempo nos dirá si estamos listos para pintar nuestro torneo más importante con los mismos colores que el de Europa, o si por tomar decisiones apresuradas terminaremos quitándole la mística que se ha ganado con el correr de los años y el gritar de los campeones.

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