¿Qués es la “crisis de la mitad de la vida”?

22 de septiembre del 2013

En la mitad de la vida pensamos seriamente en la muerte, no como solución a los problemas, sino como realidad inevitable.

De acuerdo con los informes del DANE nuestro país viene incrementando su esperanza de vida con el paso de los años. Este indicador “representa el número de años que vivirá en promedio un conjunto de recién nacidos si las condiciones de mortalidad observadas en un periodo no cambian durante toda su vida”, y sirve para entender cuál es el impacto que tienen políticas de Estado sobre la salud, la educación y en general cualquiera que tenga relación con la calidad de vida de un individuo.

De esta manera, si su hijo nace en Colombia entre 2006 y 2020 su expectativa de vida será de 74 años, y específicamente si lo hace en Bogotá se espera que viva un poco más, con 77,1 años en promedio, seguido por quien nazca en Atlántico (74,8), Boyacá (74,3), San Andrés y Santander con 74,3 años. Por el contrario el Departamento con menor expectativa de vida al nacer es el Chocó, donde un Colombiano puede esperar vivir solo 67,8 años, seguido por Caquetá (68,3), Casanare y Arauca (69) y Amazonas con 69,1 años. Curiosamente parece que Guainía no existe para el DANE en su reporte (1) y habrá que preguntarles cuál es la razón de echar al olvido a los Cuinaves, Piapocos, Curripacos y Sikuanys, además de los colonos que allí habitan, todos Colombianos.

El dato de la expectativa de vida es importante para hablar de un tema no tan técnico e incluso profano para muchos investigadores, y tiene que ver con un fenómeno poco documentado, pero no por eso menos real, conocido como la crisis de la mitad de la vida.

Se sabe que el ser humano en tanto vive atraviesa cambios físicos y psicológicos durante su ciclo de vida, y en su proceso de crecimiento aprende a caminar, muda su dentadura, madura sexualmente siendo capaz de reproducirse y poco a poco va perdiendo sus funciones hasta finalmente morir y convertirse en materia universal. No hablemos de su componente espiritual porque es otro tema tan extenso como la historia misma del hombre desde que se considera especie pensante.

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Casi todos esos cambios suponen también que miremos la vida con otros ojos, y si usted recién ha alcanzado su madurez sexual se sentirá una especie de titán griego, como un Perseo de la farra, indoblegable ante el trasnocho, con la energía sexual del sol capaz de entrar y salir, no una, sino varias veces al día, irreverente ante otros semidioses y capaz de grandes hazañas para conquistar el mundo. Si en cambio se acerca a la expectativa de vida en su país, no solo caminará más lento, analizará con más calma las situaciones, será mayormente paciente – del sistema de salud y con sus nietos- y en general entenderá por qué la vida es un ratico.

En la mitad de la vida el ser humano promedio comienza a pensar seriamente en la muerte, ese es el rasgo distintivo, pensar en la vida y la muerte, no como solución a sus problemas, sino como realidad inevitable; en pocas palabras somos un poco más conscientes de nuestra vulnerabilidad, reconocemos que algún día seremos encadenados a la muerte como castigo por robar el fuego de los dioses,  y que mientras sucede aún nos falta mucho por hacer. Pensamos en los hijos, en tenerlos o terminar de formarlos antes de que no podamos hacerlo, recordamos a nuestros padres y su cada vez más cercana llegada a la muerte (si no es que ya lo están), miramos nuestro patrimonio para no depender de terceros en la vejez, y sobre todo reconocemos una verdad ineludible: “cuando lleguemos a viejos, lo que no se arrugue se nos caerá”, no importa si es la piel, el ánimo o el pelo.

En esta mitad solemos volver a preguntarnos si ha valido la pena vivir como lo hemos hecho, si han sido correctas las decisiones de qué estudiar, con quién nos casamos o convivimos, si criamos bien a nuestros hijos, dónde estamos y el dinero que tenemos. Debe ser natural pensar en nuestras decisiones a esta edad, porque si la estadística fuera una certeza y no una probabilidad, aún estaríamos a tiempo de enderezar el rumbo, si es que está equivocado.

Tal vez eso sea lo más importante, corregir la senda si es que vamos errando el camino, o terminar nuestra obra para que podamos seguir viviendo, amando y al final dejar un legado para quienes han de tomarnos como ejemplo o contra ejemplo de vida. Es eso lo que nos genera la “crisis”, el miedo a cambiar aspectos de nuestra vida que parecen muy sólidos, por convicción de haber elegido bien o la costumbre de vivir con la elección que hicimos; en cualquier caso la forma como viva la siguiente mitad de su vida, o al menos hasta que le llegue la siguiente crisis, siempre dependerá de usted y las decisiones que ahora está tomando, así que decida bien… Y aprenda a manejar los cambios que han de venir, aún hay tiempo para hacerlo.

@maobayona
www.infopsicologica.com

(1) Fuente: DANE. Proyecciones de Población 2006-2020

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