Cristocracia

28 de julio del 2011

Muchos dicen no entender por qué la iglesia se opone al matrimonio gay. Dicen que es irónico, dada la presencia de homosexuales en sus filas. Entonces aclaremos algo. En la iglesia no hay gays, y no hay nada gay en el vino, las velas, los cantos, las batas y arrodillarse a recibir el cuerpo del […]

Muchos dicen no entender por qué la iglesia se opone al matrimonio gay. Dicen que es irónico, dada la presencia de homosexuales en sus filas. Entonces aclaremos algo. En la iglesia no hay gays, y no hay nada gay en el vino, las velas, los cantos, las batas y arrodillarse a recibir el cuerpo del hombre en la boca. Podrá sonar gay, pero no lo es. Y en cuanto al matrimonio, muchos dicen que es una posición hipócrita, pues la iglesia estuvo casada por mucho tiempo con los partidos conservadores, y ese matrimonio, entre dos instituciones masculinas y machistas, es lo más parecido a un matrimonio gay. Es cierto, pero no tienen en cuenta que por esta precisa razón, la iglesia tiene la autoridad moral para oponerse al matrimonio gay, porque sabe por experiencia que este tipo de unión no funciona si se legaliza, y que siempre será mejor que se lleve a cabo de forma clandestina para alcanzar su cometido. Y el cometido es bien importante.

La constitución del 91 divorció iglesia y estado, pero como cualquier pareja que se ve separada a pesar de su amor, se han estado viendo a escondidas, y de esta relación clandestina ha nacido un hijo. No entiendo aún como pasó, así que asumo que uno de los dos fue víctima de una divina concepción. Este hijo, adolescente ahora porque está formado por adolescentes, fue llamado Movimiento de Restauración Nacional. Contrario a lo que se esperaría, este niño no resultó ser un engendro homosexual, sino que por el contrario incorporó los valores de sus padres y se denomina ultraconservador, católico y de ultraderecha.

Padre, padre y ahora también el hijo se han unido en la lucha por instaurar los valores católicos en la sociedad colombiana. Empezaron motivando al Presidente del momento a que pidiera a los jóvenes “aplazar el gustico” y a celebrar misas en vivo y en directo tras operaciones militares, luego lograron nombrar a un procurador ultra católico que llenó de escapularios y crucifijos las paredes del ministerio público, luego se opusieron a la cadena perpetua para violadores de niños, y ahora luchan por la negación de los derechos homosexuales.

Aquí es donde se entiende el gran valor de las acciones de la iglesia y sectores del estado, acciones combatidas tontamente por aquellos que se hacen llamar demócratas. Una vez logremos imponer nuestras creencias y valores católicos sobre los demás, nuestros líderes sabrán siempre de antemano qué es lo que nosotros, los fieles, deberíamos pensar, apoyar y votar. Este es el momento cumbre, porque es el momento en el que la democracia será innecesaria porque la mayoría ya esta constituida eternamente, y será reemplazada no por un sistema totalitario y tiránico, sino por lo que los visionarios llamamos una cristocracia.

Una ventaja de una cristocracia es que abole la constitución y la reemplaza por la biblia y los 10 mandamientos. Sabemos que son perfectos, porque es lo único que dios se atrevió a escribir, y lo hizo en piedra para que perdurara. Ahí esta condensado todo lo que una sociedad necesita para funcionar correctamente, sin ambigüedades. Por ejemplo, como los 10 mandamientos no incluyen la violación de niños, sabemos que no está tan mal y por eso es una práctica en la iglesia. La otra ventaja es que al mostrar lo obsoleto de la democracia, se anulan todos los procesos e instituciones democráticas, que a la larga no son sino un desperdicio de tiempo y dinero. El voto se vuelve innecesario, las leyes se pasan por decreto, un obispo define el culpable del inocente, y nuestros líderes serán siempre los mismos, representantes de dios en la tierra. ¿No es claro entonces que es un sistema práctico y rentable? ¿Se imaginan la cantidad de plata que ahorraríamos en procesos democráticos y empleados públicos? Podríamos construir miles y miles de iglesias más, todas dedicadas a la evangelización y a la protección de los derechos de todos los ciudadanos que no sean ateos, de otras religiones, mujeres o gays.

Por eso todos debemos apoyar esta cruzada de la religión contra la democracia. Estos regímenes democráticos llevan mucho tiempo, ya huelen a rancio y ni siquiera funcionan. Instauremos una cristocracia, que es más sencilla, barata y práctica. Todos seremos felices, al menos mientras seamos católicos y aceptados por la iglesia. No habrá que ejercer control político, ni periodismo, ni debatir ni proponer, porque todo está escrito ya. Unámonos todos en este gran paso al futuro. Pongámonos en las manos de Dios y sus representantes, que a nosotros nos está quedando grande.

@viboramistica

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