Crónica del Imperio del Centro (13)

18 de abril del 2019

Opinión de Juan Restrepo

Crónica del Imperio del Centro (13)

La pequeña historia de una exitosa frase atribuida a Deng Xiaoping se remonta a 1962, durante una conferencia a cuadros del Partido, cuando Deng citó a un antiguo compañero del Ejército exactamente así: “Tenemos que legalizar lo que hoy es ilegal. Para decirlo con un viejo proverbio de Sichuan, expresado en su momento por el camarada Liu Bocheng, ‘no importa si el gato es amarillo o negro, lo que importa es que cace ratones’. Cuando se publicó el aforismo, el color del animalito cambió de amarillo a blanco.

Así que Liu Bocheng, un mariscal del ejército popular, veterano de la Larga Marcha, compañero de Mao Tsetung y Deng Xiaoping desde los primeros momentos de la revolución, que quedó tuerto en combate y por ello era llamado el Dragón de un solo ojo, fue el ocurrente promotor de aquella afortunada disyuntiva felina de largo recorrido.

Deng Xiaoping debió olvidarse del proverbio de sus paisanos en los años finales del maoísmo, cuando regresó de aquel exilio interior que fueron las purgas políticas, pero echó mano de él nuevamente y puso en práctica su moraleja nada más hacerse con el poder. El gran gato que era China debía cazar ratones y lo de menos era su pelaje.

Y si había en el entorno de Deng un personaje que despertara entusiasmo para su proyecto ese era Hu Yaobag. Ya lo hemos mencionado como miembro del Comité Permanente, máxima instancia del partido. Hu era un icono político en China, sinónimo de tolerancia, pluralismo y libertad de expresión. Igual citaba a escritores occidentales contemporáneos que navegaba en los anales de las Veinticuatro Dinastías, una colección de libros históricos chinos que van del 3000 a.C. hasta la dinastía Ming en el siglo XVII, lectura que encontraba más interesante que las obras de Marx y Lenin.

Hu Yaobang tenía sesenta y dos años en 1978. Había trabajado con Deng y participado muy joven en la Larga Marcha. Era de baja estatura como Deng Xiaoping, y como su mentor era también dinámico y audaz. Trabajó en el departamento político del Ejército y al igual que tantos otros dirigentes políticos chinos, fue víctima de purga y aislamiento durante la Revolución Cultural. No sufrió prisión, pero el duro trabajo físico a que fue sometido causó la muerte a hombres no tan fuertes como él.

Fue llamado por Deng cuando éste regresó a la primera línea política en 1974, y como éste fue defenestrado del cargo que ocupaba un año más tarde. Pero al tomar Deng Xiaoping las riendas del poder definitivamente en Pekín, Hu Yaobang ocupó la Secretaría General del Partido. En ese puesto se mostró abierto a nuevas ideas y a romper con los viejos dogmas del marxismo y el maoísmo.

Hu Yaobang además de arriesgados cambios políticos desde la dirección del partido, trufaba su imagen pública con unos toques de excentricidad que acrecentaron su simpatía. Fue el primer dirigente chino en cambiar traje estilo Mao por un traje y corbata de tipo occidental, sugirió que en las mesas chinas se introdujese el uso de tenedor y cuchillo en lugar de los clásicos palillos chinos y, como empedernido jugador de bridge que era, se preguntó si entonces había sillas en los vuelos comerciales para fumadores, por qué no agrupar también a los viajeros amantes de aquel juego de cartas para que pudiesen echar sus partiditas durante el viaje. En fin, que Hu Yaobang era todo un carácter.

Las reformas emprendidas por Deng estaban destinadas a modificar drásticamente las estructuras políticas y sociales de China. La economía había sido radicalmente descentralizada, algunos precios habían dejado de estar sometidos al control estatal, las colectividades agrícolas fueron disueltas y reemplazadas por un sistema de “responsabilidad contractual” que entregaba una parcela de terreno a cada familia, dando a ésta considerable libertad para decidir lo que deseaba producir y cómo hacerlo. La tierra, sin embargo, seguía perteneciendo al Estado.

Pero como dijo Deng, “cuando se abren las ventanas entran moscas”. Las reformas trajeron también descontento y desequilibrios que tuvieron su expresión popular en manifestaciones estudiantiles entre diciembre de 1986 y enero de 1987, pidiendo mayor apertura democrática. El movimiento, encabezado por Fang Lizhi, profesor astrofísico de la Universidad de Hefei, en la provincia de Anhui, se extendió a varias capitales, entre ellas Shanghái y Pekín.

La agitación callejera produjo al principio perplejidad entre los dirigentes de partido, pero finalmente Deng respaldó la línea dura y desató una ola de arrestos contra los disidentes. Fang Lizhi fue despedido de su puesto, se le prohibió ejercer como profesor y, como consecuencia de aquellos disturbios, Hu Yaobang fue destituido como Secretario General del Partido Comunista Chino. Se le acusó de no haber sabido controlar la situación.

Esta semana se cumplen treinta años de su muerte. Falleció a los 73 años el 15 de abril de 1989 como consecuencia de un infarto de miocardio. Una ceremonia privada en su casa pequinesa y unos tímidos comentarios censurados en las redes sociales chinas son todas las menciones a Hu Yaobang que aparecieron en China tres décadas después de su desaparición.

En Liuyan, su ciudad natal, está previsto un seminario sobre su figura de cuya realización dudan hasta los organizadores. Si Deng Xiaoping fue el arquitecto de la reforma económica china, Hu Yaobang fue el ingeniero, escribió esta semana el periódico hongkonés South China Morning Post. Su muerte marcó un momento de inflexión en mi carrera como periodista y es el verdadero punto de arranque del relato al que quiero llegar con estas crónicas.

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