Crónica del Imperio del Centro (21)

16 de agosto del 2019

Blog de Juan Restrepo.

Crónica del Imperio del Centro (21)

Foto: Jeff Widener

Foto: Peter Charlesworth

En 2006, al cumplirse medio siglo de la televisión estatal en España, Televisión Española, TVE, realizó una serie de programas especiales durante varios meses con las imágenes más impactantes y emblemáticas de su historia. Los telespectadores decidieron por votación cada semana, cuál de ellas era la mejor secuencia y, después de una selección final, la de 1989 que para el gusto del público resultó ser mejor de ese año, fue el hombre solitario en una avenida de Pekín frente a una columna de carros armados con motivo de la crisis de Tiananmen.

Como remate de ese año conmemorativo en un programa especial, se difundieron las cincuenta mejores imágenes. Me correspondió, pues, estar presente en aquel espacio por haber encabezado el equipo que estuvo en la plaza pekinesa, habiendo logrando una exclusiva mundial al grabar el desalojo de los estudiantes por parte del ejército chino. ¿Y qué tenía que ver en aquel programa la imagen del hombre frente al tanque con nuestra exclusiva? Nada.

Nuestro excepcional trabajo fue grabado en la plaza Tiananmen la noche y madrugada entre el 3 y el 4 de junio, y la secuencia del hombre enfrentando a los carros de combate ocurrió el día 5 en la avenida Changan, cuando los tanques regresaban a su guarnición después de haber desalojado la plaza. Mucha gente estuvo convencida en España de que la famosa imagen, una de las más icónicas del siglo XX, fue grabada por el equipo de TVE. La realidad es que las imágenes de aquellas horas dramáticas nunca llegaron a emitirse editadas en el orden en que habían ocurrido, que debió de haberse hecho como he explicado con detalle en crónicas anteriores.

Cuando aquella mañana llegamos al hotel y los demás colegas se enteraron de nuestro trabajo, y vieron las imágenes que nadie más tenía, el equipo de la cadena ABC norteamericana, se ofreció llevar las cintas con aquella grabación mediante un mensajero hasta Hong Kong, y enviar su contenido a Madrid desde allí. Hay que tener en cuenta que entonces no se podía emitir por satélite desde China, el gobierno de Pekín lo tenía prohibido.

A cambio, el responsable de ABC en Pekín en ese momento pidió tener la prioridad de comprar las imágenes a TVE antes que otras cadenas. Yo acepté después de consultarlo con Madrid, era la única opción que tenía de que aquella exclusiva llegara cuanto antes a su destino. Pero ocurrió que, al no poder controlar personalmente la edición de aquel material, todos los medios que tuvieron acceso a él, lo editaron siguiendo el relato que muchos habían hecho de una matanza dentro de la plaza: aparecieron en primer lugar los tanques, luego las imágenes del ingreso de las tropas en la plaza y finalmente, los muertos que habíamos grabado antes de entrar a Tiananmen.

Para contribuir a la confusión, el material —por razones de economía de las cintas que ya para esos días se nos agotaban, y por el temor que teníamos a ser detenidos y que nos decomisasen la cámara y su contenido— fue grabado en cintas que ya habían sido usadas parcialmente, y tenían grabaciones de diez o quince minutos de días anteriores, era aquello que llamábamos “colas”. El conjunto, para quien no lo conociera, resultaba inconexo.

Foto: TVE

Estas dos imágenes son un ejemplo de lo que digo. Había escenas de las manifestaciones callejeras, grabadas días antes de la tragedia; más una secuencia de vida cotidiana en la que, en el último plano, había un niño con un arma de juguete en la mano. La imagen consecutiva es el fotograma nocturno de un hombre que encontramos con la cabeza aplastada, hacia las 11:30 de la noche del 3 de junio. Si en edición se unen consecutivamente imágenes de la plaza, un tanque y luego el chico muerto junto a las bicicletas aplastadas ya tenemos manipulada la realidad de lo ocurrido.

Todavía un año después de la tragedia, el editor del espacio de reportajes internacionales TVE insistió en la presentación del programa, en la versión de los tanques entrando en la plaza y aplastando a los estudiantes, a pesar de mi insistencia en que aquello no fue así. No pude hacer nada más. Y ahí sigue el material esperando que alguien se apiade de la Historia y haga justicia a la verdad algún día con aquellas imágenes.

Quiero finalizar, por lo demás, haciendo un reconocimiento a los colegas que grabaron las icónicas imágenes del hombre frente al tanque, que muchos en España siguen confundiendo con nuestro trabajo. Fueron cuatro y cada uno de ellos tiene una historia que contar, a cuál más fascinante, sobre aquellas tomas memorables.

Foto: Jeff Widener

Se hicieron, pues, cuatro versiones de esa secuencia. Quizá la más difundida, fue esta de aquí arriba de Jeff Widener para The Associated Press, tomada desde el sexto piso del Hotel Pekín en la avenida Changan. Widener hizo un encuadre que capturó el encuentro cara a cara entre el hombre solitario y el conductor del primer tanque. Fue la que primero dio la vuelta al mundo. El fotógrafo californiano dice que la tomó por azar y que al principio su preocupación fue que el chico le iba a estropear el encuadre.

Foto: Charlie Cole

La versión de Charlie Cole para Newsweek es más escueta. Se ven tres tanques en fila y las líneas sobre el pavimento resaltan la dirección de los vehículos. Pero la atención se fija necesariamente en ese ser diminuto que encara la fila de carros armados en un gesto espontáneo. Con aquella bolsa en la mano parece un incidente cotidiano de alguien que venía de hacer la compra del mercado y se encuentra con aquello como podría haberse encontrado con un vecino.

Foto: Stuart Franklin

Stuart Franklin, un fotógrafo de Magnum que trabajaba para la revista Time, tomó fotografías desde el balcón del mismo hotel con Charlie Cole. Se decidió por la escena completa que parece una pintura. Esa figura solitaria y pequeña en un espacio reducido del encuadre resalta el contraste. Hay un autobús quemado al fondo, producto de los enfrentamientos de cuarenta y ocho horas antes.

Foto: Tsang Hinwah

La fotografía de Arthur Tsang Hinwah de Reuters fue tomada segundos antes que las anteriores, en los instantes en que los taques ajustaban su posición frente al hombre solitario. La imagen quedó dividida en tercios por dos astas de banderas del hotel. El fotógrafo de origen chino había sido golpeado la noche de la tragedia (como Widener, que también fue herido en la cabeza por una piedra)al ser confundido con un espía. No se sentía con ánimos de intentar acercarse a la plaza y subió al piso once del hotel desde donde tomó la imagen.

Mientras esto ocurría en la avenida de Changan, Márquez, Fermín y yo habíamos sido convocados ese día por el embajador de España, Eugenio Bregolat, para contar la versión de lo ocurrido a todos los representantes diplomáticos de la entonces Comunidad Europea (España presidía en ese momento el grupo comunitario).

La oyeron escépticos, diría que incrédulos. Hasta que horas más tarde, el embajador inglés, mejor informado que casi todos sus colegas (Bregolat le había ganado esa partida) llamó al diplomático español para confirmarle que nuestra versión era la buena. La matanza había ocurrido fuera de la plaza. Pero como la historia no siempre es lo que ocurre sino lo que se escribe, quedó ya para siempre fijado en el imaginario colectivo la “matanza de Tiananmen”.

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