Cuando Quise Participar en un Reality

25 de abril del 2011

Llegué extenuado a la casa, cuando la noche ya empezaba a asomar. Tenía ampollas en los pies y las piernas me dolían, nunca antes había caminado tanto. Encontrar empleo en éste país, si que es un trabajo. Mi esposa se me acercó, por un largo rato me contempló, notó en mí, el rostro de la desesperación. Su mirada, los gestos que hacía, me indicaban que algo maquinaba, luego de un largo rato (imagino cuando ya la idea había llegado a su mente), muy dulcemente, con un susurro casi imperceptible, me dijo: ¿Por qué no te inscribes en un Reality?

La verdad, nunca había contemplado la posibilidad, pero estando desocupado, ¿qué otra opción tenía? Así que corrí a la sala de internet más cercana, entré a la página web que indicaban y muy concienzudamente llené el formulario. Luego, debía esperar por si era seleccionado. Era aquello o nada. Los recursos empezaban a escasear, y mi esposa tenía que cargar con toda la responsabilidad de la casa. Así que, todas nuestras esperanzas, estaban puestas en el Reality.

Los días pasaron, estaba todo el tiempo pendiente al teléfono, no quería descuidarme y perder la llamada. Por esos días, hasta me olvidé de bañarme, tenía una barba descuidada, ojeras pronunciadas, las uñas me habían crecido un tanto. Me pasaba todo el tiempo refunfuñando, hasta pelee con mi mujer. -Le dije que no me reclamara, que la idea había sido de ella, que era ella quien me tenía ahora en esa situación-. Los nervios empezaron apoderarse de mí, o era la llamada o mi salud deteriorada.

Por fin, el momento esperado llegó. Al otro lado de la línea, una voz muy elocuente, me decía, que había sido seleccionado, que debía presentarme para una entrevista (di un suspiro y pensé -Dios mío, hasta para esto tengo que presentar entrevista-). Con voz entrecortada, respondía lo que me preguntaban, con mano temblorosa, garabateando como podía, escribí la dirección.

El día de la entrevista llegué temprano, recuerdo que solo tomé un café. Cuando pregunté al vigilante del canal, éste muy amablemente me dijo, que tenía que hacer fila. Miré hacía donde estaba la fila, ¡sorpresa!, un mar de gente que se extendía hasta donde mis ojos ya no podían ver (me sentía como usuario del régimen subsidiado de salud). Pensé en desistir, pero las palabras de mi esposa antes de salir, me hicieron recapacitar:

-¡Es la última oportunidad que te doy, o participas de ese Reality, o simplemente no entras a la casa, hasta que no consigas algo decente que hacer!

Si era esa la forma con la que pensaba persuadirme para que participara, lo logro. Porque yo sé, que encontrar algo decente que hacer en éste país, viene a ser lo mismo que una utopía. Así que caminé hasta el final de la fila (algo así como cuarenta y cinco minutos) y me dispuse a esperar mi turno.

¡Ahnn! Que grato es estar ahí, las personas con las que te encuentras, esos seres que imaginas nunca encontrarás, todos se reúnen ahí y yo hacía parte de ellos. Pero los admiro, tienen todos mucha personalidad (no les da pena hacer el ridículo, en televisión nacional). Son personas sinceras, abiertas, extrovertidas, comparten contigo sus frustraciones, sus miedos, sus ilusiones. Y ahí un rasgo común (aunque parezca extraño), que nos identifica, como cualquier otra tribu urbana. No es el amor al arte, en éste país está claro pocos viven de eso, no es el sueño de salir en televisión (ya existe youtube), no es volverse famoso, no son los paparazis persiguiéndote a todos lados, no son los escándalos. No es nada de eso, todo aquello es superfluo. Lo que de verdad nos une, los que nos hace idénticos a todos los que nos encontramos ahí, haciendo fila, bajo el azote del sol y la lluvia, compartiendo un mendrugo de pan, es la desocupación.

Pasó el tiempo y por fin mi turno llegó (¡después de dos días de espera!), entré al set, donde tenía que presentar la entrevista, detrás de una mesa, como listos para un juicio, se encontraba el jurado calificador. Las cámaras, las luces, el maquillaje, empecé a contar mis aspiraciones, mi interés en participar, muchas preguntas, que iban y venían y yo tenía poco tiempo para responderlas. La entrevista fue corta. En la cara del jurado, se notaba la desidia, el fastidio, las ganas de acabar pronto con aquella tontería. Salí cabizbajo, con el temor, la incertidumbre acrecentándose en mí. Me pidieron que esperara, mientras el jurado deliberaba, pronto me darían la respuesta.

Hoy, cuando la noche llega, con la cabeza de mi esposa apoyada en mi regazo, observo desde la comodidad de mi hogar, el desarrollo del Reality. Todos los concursantes envueltos en discusiones, constantes (y pensar que el programa es trasmitido en horario familiar), se les ve armando complots, estrategias, sin saber siquiera lo que eso significa. Buscando la manera de eliminar los participantes más fuertes de los otros equipos, todos muy aptos para la competencia. Expertos en el arte de la guerra. Que forma más ingenua televidentes de perder el tiempo.

Recuerdo aquellos dos días, de mí fallido intento por hacer parte del show, el rostro de mis compañeros de aventura, esperando la oportunidad de hacerse ricos. Ahora que los miro en la tele, a mi mente solo viene una comparación, “como monos en una jaula”, aguardando el momento de los visitantes, para hacer su función, tirar sus excrementos a quienes los miran, arrebatarle de las manos la comida que llevan, haciendo ruido, chillando, cual animal enjaulado. Cuanto he llorado la muerte de doña Gloria Valencia de Castaño, Naturalia ese si que era un programa.

Pero no volveré a intentarlo, eso me quedó claro. Los Reality Shows marcaron mi vida. Tengo varices. De ahora en adelante criticaré esos programas. Es más, con mi esposa decidí, prohibir en la casa, esa programación de mal gusto. Borraremos esos canales de la memoria de la TV, nos dedicaremos a ver History Chanel, ese si es un canal, con buena programación (cada vez que lo sintonizamos, caemos profundos, en un sueño ininterrumpido).

Aprendí mi lección, espero que los demás también la aprendan, la única realidad de los Reality, es que nada en ellos es real.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO